Desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores en el año 1981 las personas que desarrollan su labor como trabajadoras de hogar (mayoritariamente mujeres) han sido consideradas distintas al resto de la clase trabajadora.
Miércoles 10 de octubre de 2018
En agosto de 1985 el Gobierno de la época publicó un decreto que regulaba la situación laboral de las empleadas de hogar, pero aquel decreto no recogía las reivindicaciones de las empleadas domésticas, creándose en su momento y manteniéndose en la actualidad un régimen específico de la Seguridad Social para este colectivo.
Este régimen específico de la Seguridad Social de las trabajadoras de hogar, aunque modificado en algunos aspectos desde entonces, contiene graves perjuicios y discriminaciones contra los derechos de este colectivo ya por sí muy precarizado.
A pesar de que en noviembre de 2011 cambió la legislación sobre el empleo de hogar, con el RD 1620/2011, que aunque no equipara en derechos a las trabajadoras de hogar sí mejoraba, al menos sobre el papel, muchas de las condiciones de trabajo que tenían estas mujeres.
Esta discriminación que sufren las trabajadoras de hogar con respecto al resto de trabajadoras y trabajadores las sitúa en una absoluta desprotección ante sus patrones. Igualmente la sociedad, bien por comodidad, por desconocimiento o por interés propio ha ignorado esta realidad y ha mirado en todo momento a otro sitio.
La precarización de este sector junto a la globalización de la economía de las últimas décadas ha provocado que esta precarización que mencionamos haya sobre pasado las fronteras entre el Norte y el Sur del planeta, generando las denominadas cadenas globales de cuidados.
Una situación sobre la que debiéramos reflexionar empezando por la propia terminología “cadena de cuidados” que esconde también, porque no decirlo, una concepción absolutamente patriarcal de los cuidados por la que se establece
que se crea una cadena en la que unas mujeres reemplazan el trabajo que no realizamos otras.
ESK siempre ha tenido un compromiso firme con los sectores más desfavorecidos de esta sociedad, bien sea dentro del ámbito natural del sindicato como son los centros de trabajo como fuera de ellos a través del trabajo conjunto con los diferentes movimientos sociales.
Desde esta perspectiva, hemos colaborado continuamente y en la medida de nuestras posibilidades con las asociaciones que actúan con estas trabajadoras y de manera muy específica y destacable con la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Bizkaia.
Ya en la ponencia de la IV Asamblea General apuntábamos en la línea de trabajar con este colectivo de personas citando como uno de nuestros criterios de la acción sindical el “Reivindicar la dignificación social y salarial de los empleos social y económicamente minusvalorados. Empleos que corresponden a sectores en su mayoría feminizados, como comercio, hostelería, limpieza, trabajadoras de hogar.”
En nuestro sindicato siempre hemos creído, y así lo hemos manifestado, que este colectivo de trabajadoras también ha sido maltratado e invisibilizado por el mundo sindical, al no haber abordado su situación como la de una de las injusticias más grandes que se da en el mercado laboral y al no haber intentado integrar a este
colectivo y a sus reivindicaciones dentro de la agenda sindical y social. Una crítica de la que ESK no quiere escapar y tras la que asume su responsabilidad.
Por todo esto y siendo conscientes de que llegábamos tarde y después de un debate sosegado tanto en la Comisión Nacional como en las distintas Comisiones Provinciales llegamos a la conclusión de que ya era hora de que el sindicato diese
otro paso más en este camino y se implicase de manera orgánica en la defensa de las condiciones laborales de este colectivo.
Precisamente con esta intención hace aproximadamente un año que nuestra Comisión Nacional Ampliada aprobó una resolución por la cual tomábamos la determinación de organizar a un sector que como ya hemos apuntado tiene muchas dificultades tanto en el plano laboral como en el sindical.
Desde entonces, en mayor o menor medida, en todos los herrialdes se ha intentado desarrollar lo acordado en nuestra Comisión Nacional Ampliada. Una de las
mayores dificultades con la que nos encontramos desde el mundo sindical a la hora de abordar la problemática de este sector con las trabajadoras es precisamente la toma de contacto con ellas.
Si bien es cierto que ya conocemos sectores como el de la limpieza o el de las personas autónomas a los que es más difícil acceder ya que trabajan de forma aislada y generalmente no comparten un centro de trabajo, el caso de las trabajadoras de hogar es aún más complejo.
Las personas (mayoritariamente mujeres) que se dedican al trabajo doméstico además de trabajar en solitario y de no tener contacto con otras trabajadoras, en muchos casos, lo hacen en situación irregular; esto es, sin contrato de trabajo.
No se conocen entre sí ya que cada casa en la que trabajan es un centro de trabajo y a excepción de Bizkaia donde la ATH ha hecho un trabajo muy importante en esta línea, las trabajadoras no tienen (por miedo, desconocimiento…) una asociación o grupo de referencia al que poder acudir para compartir su problemática y situación laboral.
Debido a esto tenemos que reconocer que está siendo muy difícil valorar y obtener datos reales de las condiciones, lugares, situación… de estas trabajadoras. Ante la imposibilidad de acudir a la “empresa” ya que es un domicilio particular, la línea
de trabajo que hemos seguido desde ESK ha sido la de ponernos en contacto con aquellas entidades que funcionan como intermediarias entre los empleadores y las empleadas de hogar.
Si bien los datos que hemos obtenido mediante a estas entrevistas son desiguales tanto entre ellas como entre los territorios (cada organización actúa de manera independiente) hay varios elementos que son coincidentes.
A pesar de que la situación de las trabajadoras de hogar es realmente precaria y complicada, la falta de control y de mínimos de las entidades que ejercen como intermediarias (generalmente sin fines lucrativos) hace que aún se complique
más, pero fundamentalmente propician el contexto y la coartada necesaria para que no se respeten los mínimos en la contratación de las trabajadoras.
Por esta razón nos parece muy importante incidir y tratar de presionar a estas entidades, que en la práctica actúan como agencias de colocación, para que respeten las condiciones laborales mínimas que la ley establece. Con esta doble intención, la de por un lado conocer más a fondo la situación de estas trabajadoras y por otro la de intentar que se respete, al menos, la legalidad vigente es con la que desde el sindicato estamos trabajando en la actualidad.
Es necesario explicar que cuando insistimos en que se respete al menos la legalidad vigente lo hacemos porque entendemos que la ley que regularizó en 2011 la situación de estas trabajadoras es a todas luces insuficiente y en sí misma supone una clara discriminación con respecto al resto de trabajadoras y trabajadores asalariados.
Desde la Comisión Nacional y con la imprescindible ayuda de los servicios jurídicos del sindicato, en estos momentos se está trabajando en el desarrollo de una guía
dirigida a las trabajadoras del hogar que será presentada durante los primeros meses de 2017.
La guía pretende ser una ayuda para todas aquellas personas que trabajan en el hogar y que puedan tener dudas sobre los derechos que como trabajadoras les corresponden. Es por lo tanto una herramienta más que ESK ofrece también con la finalidad de ser un agente social motor del necesario cambio para acabar con la precariedad imperante en el sector.
La guía recoge los elementos básicos que una trabajadora de hogar debe tener en cuenta; contrato, salario, jornada laboral, vacaciones, permisos, finalización de contrato y prestaciones así como los datos necesarios para la relación con la seguridad social.
Las trabajadoras que trabajan en régimen interno: Esto es, aquellas que también duermen en el domicilio son mayoritariamente mujeres inmigradas. Estas mujeres
atienden a bajo costo sobre todo a personas ancianas generalmente en condiciones inaceptables (rara vez se respetan los horarios, periodos de descanso…).
De esta manera las instituciones se ahorran así la necesidad de crear servicios para las personas dependientes haciendo responsables de estos cuidados a las familias.
Este sistema de cuidado a domicilio en las condiciones actuales no hace sino perpetuar a costa de terceras el sistema patriarcal y la obligatoriedad de cuidar en el caso de las mujeres.
Actualmente las instituciones no dan más alternativa a las familias que esta, lo que hace que tal y como está estructurada nuestra sociedad, los hombres, mayoritariamente, sigan desentendiéndose de los trabajos de cuidados para que estos recaigan en mujeres que nos son de la familia.
Uno de los elementos a tener en cuenta con respecto a estas trabajadoras, como apuntábamos antes, es el alto número de mujeres migrantes (muchas en situación irregular con una problemática específica que unida a lo laboral no hace sino empeorar aún más su situación). Por esta razón hemos pensado que la guía que estamos elaborando además de ser editada en castellano y en euskera también tiene que estar disponible en francés ya que es conocido por muchas mujeres migrantes.
Si bien la situación de las trabajadoras internas es muy preocupante y es probablemente donde más irregularidades y más vulneración de derechos (y no solo laborales) se cometen, las trabajadoras externas también tienen un panorama complicado. En este caso, y aunque también hay trabajadoras migrantes, mayoritariamente son autóctonas.
Trabajan menos horas pero precisamente el trabajar menos horas (teniendo en cuenta lo escaso de la retribución) hace que sus salarios no les permitan subsistir.
Una de las características del empleo doméstico es la falta de especialización y la obligatoriedad de atender todas las tareas sean estas cuales sean y percibiendo por ello el mismo salario: cuidado de personas dependientes, cuidado infantil, limpieza, cocina…
Estos trabajos y con el modelo actual propicia el que los hombres hagan uso de sus privilegios para cargar con toda la responsabilidad de los cuidados a las mujeres. La vulneración de los derechos de estas trabajadoras es una constante empezado desde la inexistencia de una relación laboral formal. Es muy habitual la falta de contrato escrito lo que genera aún más indefensión.
Otro de los grandes problemas que nos encontramos a la hora de intentar demostrar los abusos existentes es la inacción de la Administración ante las denuncias presentadas en Inspección de Trabajo.
La persistencia de la desigualdad en la ley (que permite, por ejemplo, una jornada de 60 horas semanales) así como el hecho de que las denuncias de las trabajadoras de hogar no sean atendidas por Inspección de Trabajo, tienen una clara explicación.
No existe ningún interés social ni político (fundamentalmente político) en mejorar esta dramática realidad, porque ponerse a ello supondría una completa reestructuración de los sistemas de cuidados, lo que conllevaría, no solo cambios en las condiciones laborales de estas mujeres y en consecuencia en la economía, sino una profunda reestructuración de toda la sociedad.