Mi nombre es Lucy Gonzalez tengo 28 años y soy trabajadora precaria del sector salud en la Ciudad de México.

La Izquierda Diario México @LaIzqDiarioMX
Jueves 5 de abril de 2018
Junto a mis compañeras y compañeros, todos los días atendemos a decenas de pacientes y familiares que buscan un lugar en el hospital donde trabajo. Mi nombre es Lucy González tengo 28 años y soy trabajadora precaria de la Secretaría de Salud (SSA) en la Ciudad de México.
También, todos los días rechazamos a muchos pacientes debido a la falta de espacio y saturación en los servicios. Diariamente veo como la carga laboral y administrativa aumenta, así como la demanda de servicios médicos especializados. El personal que labora es insuficiente y muchos trabajamos en condiciones precarias y sin seguridad social.
Como miles de trabajadores en el país, estoy contratada bajo el régimen de “honorarios”. Esto quiere decir que mis contratos son temporales –de 2 a 4 meses–, no tengo derecho a prestaciones ni a representación sindical, tampoco cuento con un seguro médico para mí o mi familia. Lo que sí tengo es la obligación de pagar impuestos ante Hacienda cada mes, por concepto de los ingresos que percibo.
Realizamos las mismas tareas que nuestros compañeros sindicalizados; atender pacientes y a sus familiares, realizar labores médicas, administrativas, de servicios y mantenimiento en los hospitales, apoyar en la elaboración de reportes y protocolos de investigación médica, atender peticiones y quejas institucionales, gestionar apoyos para pacientes de bajos recursos, etc.
También, sufrimos el acoso laboral de jefes y supervisores abusivos en los hospitales, así como el desabasto de insumos y medicamentos para la atención adecuada de los pacientes, la falta de presupuesto para los programas y el desmantelamiento descarado de la salud pública. Todo bajo la incertidumbre de no saber si nuestro contrato se renovará al siguiente mes.
A pesar de las condiciones precarias, entrar a labor a un hospital del IMSS o SSA es una gran odisea, pues los puestos son muy demandados, no sólo por trabajadores sino también por las autoridades y los charros del sindicato, que llegan a vender una plaza hasta en 100 mil pesos o más.
Conforme aumenta la precarización laboral en el sector salud, también se reducen cada vez más las plazas para las y los trabajadores. En mi hospital por ejemplo, muchos de los que estamos por honorarios somos hijos de trabajadores a los que nos arrebataron la estabilidad laboral y seguridad social. En realidad, a nuestra generación y las que vienen, nos han quitado el derecho a un futuro digno.
Las y los trabajadores por honorarios somos en jóvenes, mujeres, jefes y jefas de familia, madres solteras, que necesitamos el empleo para salir adelante junto a nuestras familias. Mientras unos cuántos viven en la riqueza y los lujos, para la mayoría de nosotros es cada vez es más tortuoso llegar a fin de mes pues el dinero ya no alcanza, todo está muy caro y lo único que no sube son los salarios de los trabajadores.
Por todo esto, considero que la organización y unidad de los trabajadores es la única manera viable y real para enfrentar estas crudas situaciones. A pesar de las divisiones que nos quieren imponer las autoridades y los burócratas del sindicato (hombres y mujeres, sindicalizados y subcontratados, nativos y migrantes, etc.), día a día las trabajadoras y trabajadores de la salud pública atendemos y cuidamos la vida y salud del pueblo mexicano.
Será la fuerza organizada de manera independiente, de los cientos de miles de médicos, enfermeras, administrativos, personal de intendencia, comedores y mantenimiento, técnicos, laboratoristas y el conjunto de trabajadores de la salud, la que logre un verdadero cambio favorable, tanto para los pacientes como para los propios trabajadores y sus familias.
¡Porque nuestras vidas, valen más que sus ganancias!