Es políticamente correcto hoy decir que las tareas domésticas se reparten equitativamente entre los miembros del hogar.

Celeste Murillo @rompe_teclas
Miércoles 11 de mayo de 2016
Lejos de aquella imagen del ama de casa que esperaba a su marido luego de una jornada de trabajo fuera del hogar, hoy mujeres y varones asalariados participan casi en la misma proporción en el mercado laboral. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las tareas domésticas, que siguen recayendo mayoritariamente sobre las mujeres y las niñas. Esta desigualdad no se basa, únicamente, en la buena o mala voluntad de los compañeros y miembros masculinos del hogar, o en una discriminación de género general.
Al contrario, el trabajo doméstico, que realizan mayoritariamente las mujeres y de forma gratuita, encierra todas las tareas necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo y es uno de los puntos de apoyo de las ganancias capitalistas. Aunque esa reproducción de la fuerza de trabajo está íntimamente ligada a la esfera de la producción, se presenta de modo completamente aislado, y al realizarse en el ámbito “privado” del hogar, se refuerzan así las naturalizaciones que lo hacen invisible y los prejuicios que los convierten en “tareas de mujeres”.
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Celeste Murillo
Columnista de cultura y géneros en el programa de radio El Círculo Rojo.