Vuelve Gabi Piro para contarnos la pelea que dio Trotsky por la libertad en el arte. Ademas mucha data sobre cómo actuaba la censura estalinista, y de paso, algunas recomendaciones.
Bueno, la verdad que se pueden decir muchísimas cosas sobre las relaciones entre Trotsky, el arte y la cultura. Desde sus discusiones con las escuelas artísticas que se fueron vinculando a la revolución, hasta sus últimos días en México donde mantuvo un contacto estrecho con el movimiento surrealista y con sectores del muralismo como Diego Rivera, sin dudas se trató de uno de los grandes temas de interés en la ya prolífica vida de Trotsky.
Pero aquí nos gustaría detenernos en un aspecto, que fue su enorme lucha contra la degeneración y degradación estalinista en el terreno del arte y la cultura respecto a lo conquistado por la revolución. Esta lucha hay que enmarcarla entonces en el proceso de burocratización que se desarrolla en Rusia tras la muerte de Lenin y que tiene como protagonista a Stalin, que minará muchas de las conquistas obtenidas por la clase obrera, bajo la idea de que se podía realizar el socialismo en un solo país, renunciando a una perspectiva revolucionaria a nivel internacional, con todas las consecuencias que ello traía aparejado.
Una de esas consecuencias se expresa en el terreno del arte y la cultura. La revolución había dado lugar a decenas de innovaciones, con el surgimiento de escuelas y corrientes de todo tipo en la pintura, en la música, en el cine, en el teatro, con una creatividad que incluso resultan innovadoras hasta hoy. Sin embargo, con la consolidación del estalinismo, bajo la “constatación” de los “éxitos de la construcción socialista”, se establece la disolución de las organizaciones culturales existentes erigiendo al “realismo socialista” (que atrasaba siglos en las formas estéticas) como doctrina artística oficial, lo que implicaba imponer el dirigismo en al arte por parte del partido, y la represión a quienes no lo aceptaron.
Trotsky explicaba el proceso de la siguiente manera. Mientras el periodo posterior a la revolución “tuvo el apoyo en ebullición de las masas y la perspectiva de la revolución mundial, la revolución no temía a los experimentos, las investigaciones, la lucha de las escuelas, pues comprendía que una nueva fase de la cultura solo podía prepararse por ese medio. Las fibras de las masas populares todavía se estremecían, y estaban pensando en voz alta por primera vez desde hacía mil años. […] En el proceso de lucha contra la Oposición en el seno del Partido, las escuelas literarias fueron sofocadas una tras otra. No se trataba solo de literatura. El proceso de devastación se extendió a todas las esferas ideológicas […] La burocracia siente un temor supersticioso por todo lo que no la sirva directamente, al igual que por todo aquello que no comprende”
El método de mando del Estalinismo, decía Trotsky, se extendía por igual en los campos de concentración que en el terreno del arte. La impresión que una obra de arte, ya sea en el teatro o en la literatura, causaba entre los altos mandos del partido, era inmediatamente transformado en una directiva para los compositores, ya sea a favor o en contra de reproducir esas obras. Esto no solo significaba un férreo control sobre lo que se publicaba o no, sino la amenaza del exilio o la cárcel para aquellos artistas que se negasen a cumplir con las directivas oficiales. A su vez, es importante destacar que esta doctrina se extiende a todos los PC del mundo, lo cual a su vez significó el acercamiento de muchos opositores a esta doctrina al trotskismo.
Por otra parte, una de las consecuencias más nefastas de este giro es que tanto en el terreno del arte como en el de las ciencias sociales, se empieza a desarrollar un proceso de “falsificación histórica” destinada a “enaltecer al líder”, a realizar un “culto a la personalidad” de Stalin, y a crear un mito alrededor de los dirigentes del partido.
De este modo, por ejemplo, se realizaban retratos de Stalin peleando en batallas, o dirigiendo huelgas en las que nunca había estado, o se lo colocaba al frente de la revolución de octubre ocultando el verdadero centro revolucionario que habían sido Lenin y Trotsky. Obras de teatro, cine, literatura y pintura estaban enfocados en la construcción de este mito. En el propio terreno del marxismo se tergiversaron las obras de Lenin, Marx, Engels, además de prohibir los escritos del propio Trotsky.
Uno de los ejemplos más significativos en este sentido fue la falsificación en la fotografía: Por ejemplo en la famosa imagen donde se lo ve a Lenin arengando a las tropas que partían hacia el frente polaco. Lenin está inclinado hacia la izquierda en un alto podio. En el margen opuesto están parados en unos escalones de madera Trotsky y Kamenev detrás, donde se los ve parcialmente. De esta escena hay más de una toma, ésta es una de las más conocidas. La fotografía fue tomada por G.P. Goldstein y daba cuenta de un Lenin vivo y activo, y de un Trotsky que aún conservaba el lugar que la revolución le otorgó. Con la expulsión de Trotsky de la URSS, la fotografía se dejó de mostrar de esta manera y fue víctima de numerosas manipulaciones e, incluso, de interpretaciones en otros soportes como pintura en la que abiertamente se falseaba la imagen documental original. La fotografía sufrió reencuadres en los que arbitrariamente se recorta a Trotsky y Kamenev.
Otro de los casos emblemáticos es el del cine y la película “Octubre” de Sergei Eisenstein. En el momento de su filmación (años 1925-26) a nadie le pareció extraño ni curioso que uno de los protagonistas del filme fuese Trotsky, o que Stalin no apareciera como personaje, ni siquiera secundario. Pero, meses antes de su estreno, se acercó Stalin personalmente a los laboratorios donde estaban siendo reveladas las cintas del filme y cortó una por una las escenas donde aparecía Trotsky, además de otras donde se mostraba a Lenin con un “enfoque insatisfactorio” para los burócratas rusos; Grigori Aleksandrov –codirector de “Octubre”- pudo contar este secreto posterior a la muerte del dictador, quien redujo de 49000 metros de cinta a 2900. Esta reducción provocó un brusco desequilibrio en el montaje que, además, tuvo que rehacerse con toda premura.
A largo plazo esto significó que muchas obras se perdieron definitivamente. Por ejemplo en ‘57 en el Museo de Moscú se encontraron bajo telones o sótanos muchas obras vanguardistas.
En este sentido recomendamos la película “el ultimo bolchevique” de Crhis Marker, donde se relata de vida Aleksandr Med-ved-kin, fue un cineasta ruso nacido en 1900 y que vive todos los vaivenes de la revolución en el ámbito del cine.
Sin embargo, pese a todas las censuras y falsificación Trotsky decía: “Pueden amañarse las citas. Pueden disimularse las actas taquigráficas. Puede prohibirse la difusión de las cartas y de los artículos de Lenin. Pueden fabricarse por series las citas tendenciosas. Pueden suspenderse, ocultarse o quemarse los documentos históricos. Incluso puede hacerse extensiva la censura a los relatos fotográficos y cinematográficos de los acontecimientos revolucionarios. (…)Se necesita la estrechez de espíritu de Stalin para creer que es posible hacer olvidar, por medio de maquinaciones burocráticas de la peor especie, los gigantescos acontecimientos de la Historia.
Para concluir con una idea. El régimen estalinista no solo significó la derrota de procesos revolucionarios en todo el mundo producto de la traición de los Partidos Comunistas asociados a su órbita, sino que trajo una tragedia adicional: que millones de seres humanos en todo el mundo, por varias generaciones creyeron que el socialismo ya no tenía nada que ofrecerles en la lucha por su emancipación. Que el comunismo era un objetivo indeseable, y que el capitalismo, con sus males, es lo mejor que puede existir.
Por eso rescatar esta faceta de Trotsky en definitiva es intentar rescatar una idea diferente de comunismo. La idea que defendía Trotsky era que la creación artística necesitaba libertad. Si el comunismo es el dominio de la técnica y la ciencia al servicio de las necesidades humanas, decía, es al mismo tiempo la vía para liberar todas las trabas materiales que impiden la libertad creadora. El arte no puede sufrir ningún plan impuesto ni ninguna sombra de obligación. Por lo tanto la pelea política por un arte libre e independiente va de la mano de la lucha por desterrar todas esas trabas, en ese momento impuestas por el estalinismo, y por los países capitalistas, hoy sobre todo en donde al arte se le quiere imponer una lógica de mercado, es decir, de hacer o no según lo que da ganancias. De ese modo la pelea de Trotsky es un gran legado que conecta arte con revolución y comunismo con libertad artística.
Para terminar una cita que nos gusta mucho: Más exactamente, la forma que revestirá el proceso de edificación cultural y de autoeducación del hombre comunista desarrollará hasta el grado más alto los elementos vivos del arte contemporáneo. El hombre se hará incomparablemente más fuerte, más sabio y más sutil. Su cuerpo será más armonioso, sus movimientos más rítmicos, su voz más melodioso. Las formas de su existencia adquirirán una cualidad dinámicamente dramática. El hombre medio alcanzará la talla de un Aristóteles, de un Goethe, de un Marx. Y por encima de estas alturas, nuevas cimas se elevarán.