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Red Internacional
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CORONAVIRUS - ESTADOS UNIDOS. Trump entre el desastre sanitario y la crisis alimentaria

Los frigoríficos de EE.UU. se convirtieron en incubadoras de coronavirus debido a las condiciones de trabajo, pero su cierre puede poner en jaque la alimentación del país.

Martes 28 de abril de 2020 22:30

Este martes Donald Trump anunció que firmará una orden ejecutiva (una especie de decreto presidencial) para mantener las plantas de procesamiento de carne abiertas en todo el país. Bajo el amparo de la ley de defensa de la producción los frigoríficos serán calificados como infraestructura crítica, según informan varios medios estadounidenses. El objetivo declarado es mantener el suministro de alimentos que, según los propios industriales, corre peligro de cortarse.

El problema que enfrenta EE.UU es complejo, dado que estas instalaciones se convirtieron en verdaderas incubadoras de coronavirus. Unas 20 plantas en el país debieron cerrar por brotes de la enfermedad. Pero la burguesía presiona para seguir lucrando. El pasado domingo el presidente de Tyson Foods, una de las compañías más grandes del sector publicó una solicitada de una página completa en el New York Times y el Washington Post en la que alertaba sobre la continuidad del suministro y decía “Tenemos la responsabilidad de alimentar a nuestro país. Es tan esencial como el cuidado de la salud.” Habría que preguntarle a Mr. John Tyson de que salud habla ya que al menos 6 de los muertos de la industria fueron en su empresa y, según el Washington Post, sus empleados denuncian la falta de protección.

El United Food and Commercial Workers, el sindicato que representa los trabajadores de varias plantas a nivel nacional, informa que al menos 20 trabajadores murieron a causa del virus y 6500 resultaron afectados directamente. Esto se debe a las pésimas condiciones laborales en esa industria, donde se trabaja hombro con hombro en ambientes refrigerados, con estrechos pasillos de circulación y con poco recambio de aire. Además de la negativa de las patronales a proveer elementos de protección a sus empleados, privilegiando sus ganancias.

Además, como informa el sitio Político, Trump planea firmar otra orden para proteger a las compañías de cualquier tipo de responsabilidad legal frente a reclamos de sus trabajadores por falta de equipos de protección.

Un cóctel explosivo. Un virus altamente contagioso y potencialmente mortal, empresarios que privilegian sus ganancias por sobre la vida y un presidente que protege los intereses de la burguesía a toda costa. A esta altura el virus parece lo menos peligroso del combo.

Pero el hambre ya se siente en el corazón del imperio, incluso sin que exista realmente desabastecimiento. Con unos 26 millones de nuevos desempleados los food banks o bancos de alimentos ya no saben como hacer para ayudar a todos los que se acercan en busca de un bolsón de comida.

Pero según Trump comida sobra, el problema “es la distribución”. Y en esto tiene razón. El presidente de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados dijo que unos 160 mil cerdos deben ser sacrificados por día porque muchos mataderos no están trabajando. Más allá de alguna donación por cuenta de los productores, toda esa carne se desperdicia. Hace varias semanas ya que los medios estadounidense informan sobre tambos que tiran millones de litros de leche y granjas que cortan verduras y hortalizas y las dejan pudrirse porque “no hay demanda” para sus productos.

Y sin embargo, el presidente decide poner el poder del estado al servicio del capital. No se anunció una sola medida para distribuir todos esos alimentos entre los que los necesitan. Nada se dijo sobre proteger a los trabajadores esenciales, sean de la industria cárnica o de la salud. La misma ley que va a aplicar Trump para mantener abiertos los frigoríficos es la ley con la que podría haber obligado a Ford y otras automotrices a producir respiradores, o a 3M y Kimberly Clark a producir mascarillas, pero no lo hizo.

No hay salida para esta crisis sin afectar las ganancias de los grandes capitalistas y eso solo lo pueden hacer los trabajadores organizados.