Sábado 21 de mayo de 2016
Jaime era trabajador de la empresa Ecolimp, a través de la cual el Rectorado de la UBA terceriza algunas tareas de limpieza como el trabajo en aberturas y ventanas: un trabajo que se realiza en altura, de alto riesgo. El jueves por la mañana se encontraba trabajando en el segundo piso del edificio de la calle Viamonte, en una silleta sin las mínimas condiciones de seguridad. La caída le costó la vida en el acto.
El hecho generó gran conmoción entre los trabajadores de la sede. Muchos no docentes, en estado de shock, dejaron de realizar sus tareas, otros directamente se fueron. Los empleados de las otras empresas tercerizadas, no tuvieron esa opción, siguieron trabajando en esas terribles condiciones. “Las autoridades no tuvieron siquiera el decoro de declarar asueto por duelo”.
Contaban que a los compañeros de tarea de Jaime, entre los que estaba su sobrino, los quisieron hacer salir inmediatamente del edificio. Fue una compañera no docente quien tuvo el reflejo de ofrecerles asiento y algo para tomar. “No demostraron ni el más mínimo respeto por la vida del trabajador”.
A lo largo del día, la noticia fue llegando a distintas dependencias y facultades, siempre de manera extraoficial. De la misma manera, circularon entre los trabajadores mensajes de solidaridad, pero sobre todo de indignación, bronca e impotencia por la falta de respuesta.
Una asamblea realizada por la Comisión Interna de la Facultad de Ciencias Sociales el mismo jueves en el marco de una radio abierta frente a la sede de la obra social Dosuba afirmó: “nos pronunciamos en solidaridad con sus familiares y compañeros, y denunciamos la responsabilidad de las autoridades de la UBA por la situación de precarización absoluta dentro de la Universidad, reforzando el reclamo por terminar con este tipo de prácticas y contrataciones”.
“El precio de la tercerización es la vida de los trabajadores”. “No son accidentes de trabajo”. “Basta de precarización”, podía leerse en carteles improvisados en distintas oficinas de Filosofía y Letras.
“No fue un accidente laboral, fue un crimen patronal” denunciaban en un comunicado trabajadores del Rectorado del Frente de Recuperación Gremial.
A última hora de la tarde la Comisión Interna del Rectorado comunicaba que se habían empezado supuestas pericias para determinar lo ocurrido.
El viernes al mediodía una nutrida asamblea autoconvocada de los trabajadores del Rectorado votó la elaboración de un petitorio dirigido al Rector exigiendo el pase a planta inmediato de todos los trabajadores contratados. “Tanto los precarizados con contratos de locación de servicios que cobran muchísimo menos por realizar la misma tarea que un no docente, como los tercerizados que trabajan en empresas privadas ligadas a las autoridades de la Universidad, que reciben por cada empleado el doble o el triple de lo que le pagan al trabajador”. Se ocuparon de aclarar también que “aunque ni las autoridades ni el sindicato reconozcan a esos trabajadores como no docentes, para los trabajadores lo son, y deben tener los mismos derechos y estar incluidos en el mismo convenio laboral”.
Finalmente la asamblea de trabajadores, resolvió organizar una colecta de dinero para otorgársela a la familia directa del compañero fallecido.