El debate entre los 6 candidatos para el 26J en Cataluña emitido en TV3 aportó pocas novedades políticas y la certeza de que el referéndum catalán es el flanco débil de En Comú Podem.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Lunes 20 de junio de 2016
El debate moderado por Mònica Terribas en los platós de TV3 fue una escenificación de incapacidad política por parte de los candidatos de aportar mensajes novedosos a una semana de los comicios.
El CIS apunta a que existe una franja de indecisos que representa el 10% de los votantes y el debate de ayer se presentaba como una oportunidad para dirigirse hacia ellos. No obstante, los candidatos optaron por un debate a la defensiva que solo se encendía cuando el “procés” saltaba a escena.
Xavier Domènech, de En Comú Podem, Gabriel Rufián de ERC, Francesc Homs , candidato por CDC, Meritxell Batet del PSC, Juan Carlos Girauta de C’s y Jorge Fernàndez Díaz del PP, debatieron a lo largo de más de 2 horas sobre refugiados, paro, servicios sociales, regeneración democrática y la cuestión catalana.
Durante el primer bloque, el destinado a los refugiados y la actuación de la UE, el candidato del PP tuvo que lidiar con los ataques constantes del resto de candidatos. La política racista que está desplegando el PP, como el conjunto de los gobiernos de la UE, en la “crisis” de los refugiados, fue aprovechado por los candidatos del resto de formaciones para poner en cuestión la solidaridad del ejecutivo de Mariano Rajoy.
En este cruce de acusaciones de las cuales Fernández Díaz se defendía con sesgados datos que a estas alturas ya no esconden el drama de los millones de refugiados, fue Domènech quien recibió un contra golpe más contundente. El candidato del Partido Popular le recordó al cabeza de lista de En Comú Podem que las políticas europeas desplegadas para ubicar a los refugiados son, no solo aceptadas, sino impulsadas con el beneplácito del gobierno de Syriza en Grecia.
El resto de formaciones se limitaron al clásico discurso que apela a los derechos humanos en abstracto y que es, en términos políticos, completamente vacío.
El segundo y tercer bloque, los destinados al mercado laboral, especialmente al alto porcentaje de paro, y a los servicios sociales, con especial hincapié en educación y sanidad, fueron un vaivén de datos que caían en saco roto.
El debate, en este punto, careció precisamente de eso mismo, de un intercambio de propuestas entre los diferentes candidatos. Éstos, por el contrario, optaron por no salirse un milímetro de lo expresado en los últimos 4 meses.
El “bloque independentista” de ERC y CDC sostenían su discurso en dos ejes. El primero de ellos en un ataque a las políticas austericidas del Partido Popular y a su reforma laboral, y el segundo en dibujar un panorama cercano al paraíso en una hipotética República Catalana.
Juan Carlos Girauta de C’s volvió a defender su modelo de contrato único como panacea frente al heterogéneo abanico contractual existente en el mercado laboral español. En este punto aprovechó también para atacar a Podemos y a En Comú Podem, definiendo su modelo laboral como un modelo asentado en la temporalidad.
El candidato del PP se arropó de datos macro económicos alejados de la verdadera realidad del mercado laboral en el Estado español. Mientras que Batet del PSC, con la carga de la reforma laboral de Zapatero, se limitó a defenderse de los ataques de Fernández Díaz cuando este recordaba la “clásica” herencia socialista.
El apartado de regeneración democrática pasó por el plató con más pena que gloria. Entre la bochornosa escena de Fernández Díaz de presentar al PP como valedor de la lucha contra la corrupción y la hipócrita postura de Gabriel Rufían de atacar tan solo al Partido Popular dejando de lado a sus socios de CDC, con la sede embargada, una de las demandas más sentidas por la población volvió a caer en saco rato.
El “procés” encendió el debate
Sin lugar a dudas, el punto más caliente del debate se vivió una vez la cuestión del referéndum saltó a la palestra, convirtiendo el debate en un combate entre cuatro de los participantes.
Por un lado, Gabriel Rufían buscó más que las cosquillas a Xavier Domènech. El candidato de ERC se limitó a preguntar, una vez tras otra, al candidato de las confluencias, como tenía pensando su formación llevar adelante el referéndum dentro del Régimen del 78 y con actores como el PP o el PSOE de Susana Díaz, con los que buscan gobernar.
Sencillo pero directo, el joven candidato de ERC desnudo las contradicciones que el derecho a decidir tiene con el programa de Podemos y En Comú Podem. Un derecho a decidir que, manteniéndose enmarcado en la legalidad del Régimen del 78, es poco menos que un brindis al sol.
Domènech no pudo salir del paso más que con la cantinela que desde hace ya meses se repite desde su formación. La búsqueda de un encaje de todas las nacionalidades del Estado español en un Estado plurinacional.
En el otro margen del “cuadrilátero”, el candidato de CDC atacó a Fernández Díaz y al Partido Popular por su postura inmovilista frente a la cuestión catalana. En este punto Homs tuvo tiempo de lanzar un guiño a Ballet y al PSC – PSOE, asegurando que la apertura de una hipotética comisión parlamentaria que trate la cuestión catalana, sería un buen punto de inicio.
Sin más asuntos sobre la mesa se cerraba un debate que aportó pocas novedades, tuvo pocos momentos de confrontación real, y donde las propuestas políticas que pueden resolver verdaderamente los problemas de los trabajadores y los sectores populares brillaron por su ausencia. Los candidatos hicieron gala de su diplomacia, preocupados más de no pisar jardines incómodos que les hicieran perder votos, más que de buscar en las aguas revueltas de sus candidatos.
En definitiva, todo sobre el guion previsto. Rufían y Homs no intercambiaron un solo reproche ni acusación, En Comú Podem sacó el discurso oficial para torear en su plaza más complicada, la del referéndum catalán, Girauta de C’s buscó remover un poco al electorado de Fernández Díaz pero sin excesiva agresividad y Ballet del PSC, más allá de los reproches a Podemos y En Comú Podem por no investir a Pedro Sánchez, se limitó un discurso plano y sin polémicas.