El respaldo de los gobernadores peronistas y la dirigencia sindical es el primer consenso básico para llevar adelante los anuncios de Macri. Nadie se quiere quedar afuera del “reformismo permanente”.

Juan Manuel Astiazarán @juanmastiazaran
Martes 31 de octubre de 2017

Eran las 12:30 y Mauricio Macri hablaba frente al auditorio en el Centro Cultural Kirchner. Atentos lo escuchaban, inmutables, los triunviros Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid. También lo hacían la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner, la de Tierra del Fuego, Rosana Bertone, el peronista “renovador” Juan Manuel Urtubey, el rionegrino Alberto Weretilneck y el cordobés Juan Schiaretti.
“Tenemos que organizarnos, ser protagonistas de esta transformación. Para eso los convoco a lograr entre todos consensos básicos que nos permitan trazar un camino de futuro. Tenemos que avanzar en reformas donde cada uno ceda un poco”.
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El encuentro encabezado por el primer mandatario era la excusa perfecta para presentar los “consensos básicos” que se vienen discutiendo junto a gobernadores, dirigentes sindicales, y empresarios con el apoyo de un importante sector de la “oposición”.
“Coincido en los ejes que anunció Macri” se pavoneaba el gobernador Weretilneck horas más tarde en los estudios de TN. Horas antes había rescatado “la sinceridad con que (el presidente) expuso los temas, que son estructurales y que todos saben que existen, pero que muchos evaden”.
No fue el único que desparramó elogios. El gobernador salteño, quien viene de sufrir una importante derrota, aseguró que “debemos buscar consensos” y aseguró: “objetivamente estamos de acuerdo en que no tiene que haber privilegios”. No se refería, claro, ni al ingreso de los familiares de Macri al blanqueo ni a los fabulosos negociados que la famiglia sigue obteniendo de la obra pública.
Respaldado por el resultado electoral, los anuncios del Gobierno pretenden crear un puente entre la agenda “posible” y la agenda “deseable”, y el peronismo se prepara para colaborar en la faena. Los gobernadores fueron los grandes derrotados de las elecciones y son los primeros que se preparan para alinearse y acompañar los lineamientos de esta nueva etapa del ajuste que pretende profundizar el macrismo, aunque no son los únicos.
Los anuncios aplaudidos a rabiar por los empresarios presentes en el CCK también cosecharon palmas por parte de los dirigentes de la CGT. Es que las declaraciones llegan después de una semana de “diálogo” entre el ministro de Trabajo Jorge Triaca y una de las conducciones más traidoras de las últimas décadas, en medio de las negociaciones por la reforma laboral. El blanqueo laboral y la limitación de los juicios e indemnizaciones, la inclusión de pasantías en los convenios colectivos de trabajo y la creación de un ente que funcione como paso previo y obligatorio en caso de juicios contra las obras sociales y las prepagas son algunos de los derechos que se rifan en la calle Azopardo. La promesa de mantener y fortalecer la estructura sindical por un lado, y los millonarios fondos de las obras sociales por otro, son la contraprestación que ofrece el Gobierno a cambio.
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En sintonía con ese clima, Macri reclamó la adhesión al nuevo régimen de las ART, hasta ahora sólo asumida por las provincias de Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires, y aprovechó para cargar una vez más contra el sistema previsional al que calificó de “injusto” y “poco sustentable”.
El macrismo se siente respaldado por el triunfo electoral y prepara una nueva avanzada contra los derechos de la inmensa mayoría de los trabajadores. Si bien no hay que descartar futuros choques y roces en la negociación, por ahora solo asoman matices y un primer consenso indiscutible: la colaboración de los gobernadores y la dirigencia sindical peronista para llevarlo adelante.
Ayer el Frente de Izquierda fue la única fuerza política que dejó en claro su rechazo a los planes del oficialismo. "La izquierda no consensúa el ajuste", señaló Nicolás del Caño. Fue una de las voces que apareció criticando el enorme consenso político alrededor de una agenda que, detrás de las frases motivacionales y la impronta de diálogo y consenso, sólo trae nuevos ataques contra el pueblo trabajador.
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