El sindicalismo peronista fue uno de los perdedores de la jornada. Sus candidatos quedaron por detrás de expectativas. ¿Se levanta la marcha del 22? ¿Qué día se rompe el triunvirato? La perspectiva del sindicalismo de izquierda.

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2
Lunes 14 de agosto de 2017
Es sabido que el sindicalismo hace años viene perdiendo terreno en las listas del peronismo, desde aquel lejano 33% que les había asignado el general. Estas elecciones han sido una de las muestras más cabales. Sergio Massa, aunque mantiene sus vínculos con un sector de la CGT que incluye a moyanistas y barrionuevistas, eligió ocultarlos para privilegiar la alianza con Stolbizer. Al punto que su (ex) diputado Héctor Daer, junto a su hermano Rodolfo y el dirigente del SMATA Romero, se tentó con la candidatura de Randazzo. La ciudadanización del kirchnerismo les reservó algunos lugares a dirigentes de la Corriente Federal, pero rezagados y a condición de una paz social con plegarias incluidas.
El macrismo, por su lado, perdió hace poco a uno de sus principales aliados, el fallecido Momo Venegas.
Esa deslucida participación no quita que hayan hecho sus apuestas políticas. Por eso, con el diario del lunes, los resultados de las PASO hicieron ruido en los pasillos de Azopardo y del resto de las corrientes de la CGT. Y, sobre todo, sumaron nuevos elementos a la crisis que viene arrastrando la central obrera en los últimos tiempos.
En primer lugar, el flojo desempeño de las distintas variantes peronistas ha desconcertado prácticamente a todos. Massa fue una de las principales víctimas de la polarización, quedó tercero en Provincia y ya no “le da el cuero” para liderar la reorganización del peronismo no kirchnerista. El porrazo de Randazzo fue duro para los sindicalistas que lo veían como opción; los que tienen más olfato ya habían preparado las valijas con la primera encuesta en la mano. El “cristinazo” en Provincia, que podía ser la llave para ganar terreno dentro del peronismo y la CGT, se transformó en el mejor de los casos en un triunfo agónico (maniobras oficiales mediante). Lo mismo vale para varios gobernadores.
El flojo desempeño de las distintas variantes peronistas ha desconcertado prácticamente a todos.
En segundo lugar, los resultados que cosechó el gobierno, aún rechazando la lectura exitista e interesada de Cambiemos, encendieron una luz de alerta. Se sabe que el gobierno quiere avanzar, aún más, con sus planes de ajustes y ataques al movimiento obrero. Los proyectos de reforma laboral y previsional que viene adelantando el gobierno, podrían tomar impulso si este confirma en octubre su performance electoral. Para un triunvirato al que el “dialoguismo” no le ha dado ningún resultado y la movilización le da alergia, la posibilidad de una ofensiva del gobierno que incluya al “movimiento obrero organizado”, complica mucho más su estrategia de supervivencia.
La posibilidad de una ofensiva del gobierno que incluya al “movimiento obrero organizado”, complica mucho más su estrategia de supervivencia
Pero además, el cronograma electoral en medio de una situación social candente, ha abierto más las grietas dentro del propio sindicalismo peronista. Ya varios periodistas sindicales aseguraban que la situación podría acelerar la ruptura del triunvirato y el surgimiento de nuevos “realineamientos”.
El 22 y lo que sigue
Ese debate ya se venía expresando en torno a la movilización anunciada para el 22 de agosto. Las tensiones hoy llegan hasta el propio seno del triunvirato. Héctor Daer y los gordos hace unos días vienen impulsando el levantamiento de la medida. Carlos Acuña y el barrionuevismo, con los oídos ya acostumbrados a los silbidos, horas antes de las elecciones no solo había que confirmar la marcha sino que pusieron fecha tentativa a un paro: 18 de septiembre. Juan Carlos Schimdt, dijo en las últimas horas que “no hay motivos para que se modifique, tenemos autonomía del proceso electoral” (La Nación).
Parece que todo podría definirse en la reunión de Consejo Directivo que se realizará este miércoles. Pero el clima se va caldeando. Según reveló una fuente conocedora del mundo gremial, “no hubo consenso ni siquiera para hacer reuniones previas del triunvirato. Es más, este lunes hubo una reunión de los ‘gordos’ donde además se sumaron directivos de la UOM y el propio Víctor Santamaría, de buena relación con el kirchnerismo”. Allí se habría acordado proponer el miércoles levantar la movilización del 22. Según otra fuente gremial, “los ‘gordos’ dicen que como el gobierno tiene respaldo hay que replantear las cosas, pero además creen que ahora a la marcha van los que los terminan abucheando”.
Los conocedores de los pasillos de CGT agregan otro dato: el clima llevó a otro sector del triunvirato, más ligado al moyanismo y los transportistas, a “ocupar” todas las oficinas de Azopardo. Todo un símbolo de las maniobras y operaciones que se esperan para los próximos días (y meses).
La anunciada movilización del 22 está en duda, y la tensión llega al seno del propio triunvirato
Pablo Moyano, otro de los actores fuertes, también hizo sus declaraciones. “El 22 de agosto va a haber una movilización masiva para protestar por los mismos temas por los que se hizo el paro”. Y lanzó el otro punto de la discordia: “a fin de año, o principios de 2018, debería quedar un solo secretario general”.
En los próximos días se sabrá cuál ser la primera “manifestación” de la CGT tras las PASO. Si se impondrá la línea de hacer una movilización (para seguir postergando el paro), o triunfa (otra vez) la línea de “tender puentes” hacia el gobierno. En la partida juegan también sus cartas corrientes que no integran el Consejo Directivo, como el MASA de Omar Viviani, las 62 Organizaciones o la Corriente Federal.
¿O existe la posibilidad de una movilización convocada solo por algunos de estos sectores?
Más allá del punto, se trata de un debate entre los que con el “diálogo” intentan ocultar su subordinación total al gobierno, y los que hacen discursos y hablan de “medidas de acción” pero han cubierto el pacto cegetista que en 19 meses ha dejado cientos de miles de despidos, la caída del salario real y el ataque a las condiciones de trabajo. Por ahora parece un “empate técnico”, término en boga en los últimos días, que se romperá más temprano que tarde. Habrá que ver que realineamientos surgen y con qué programas.
El “empate técnico” se romperá más temprano que tarde. Habrá que ver que realineamientos surgen y con qué programas.
La izquierda tiene una propuesta
Otro de los actores de estas elecciones ha sido el sindicalismo combativo, que en gran medida se ha visto representado en las listas y el apoyo al Frente de Izquierda, que recibieron un millón de votos en todo el país.
Hay que destacar el caso de Alejandro Vilca, el recolector de residuos que encabezó la segunda fórmula más votada para diputado nacional en Jujuy, cosechando una gran adhesión en localidades y barriadas obreras. De Raúl Godoy, el obrero ceramista que sacó más del 7% de los votos en Neuquén porque muchos lo ven como “el diputado de los trabajadores”. O los candidatos obreros que acompañaron la fórmula de Nicolás del Caño y Néstor Pitrola en la Provincia de Buenos Aires, que defendió el espacio de la izquierda en medio de la polarización y cosechó simpatía en muchas localidades con fuerte presencia popular, histórica base del peronismo.
Con esa fuerza, el sindicalismo de izquierda seguirá insistiendo que al ajuste y las reformas que se traen Macri y los empresarios hay que enfrentarlos en las calles. Así como lo están haciendo las leonas de PepsiCo y sus compañeros. Para eso, propone la más amplia unidad a todos los sindicatos y organizaciones obreras que estén de acuerdo en resistir los ataques al pueblo trabajador, empezando por exigir juntos un paro general sin demoras.

Lucho Aguilar
Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.