En el marco de la emergencia social y sanitaria desatada por la pandemia, el gobierno nacional sacó por DNU la medida de cuarentena total. Las escuelas deberían seguir funcionando para organizar el reparto de alimentos en cada barrio. Pero… ¿en qué condiciones? ¿Qué es lo que el Estado está destinando a las escuelas para garantizar este servicio?
Viernes 20 de marzo de 2020 22:01
La Izquierda diario conversó con las trabajadoras de la educación de La Plata que son las que se pusieron al hombro la distribución de alimentos desde las escuelas. Un servicio fundamental en este contexto que se sostiene con lo poco y nada que dan como respuesta los gobiernos local, provincial y nacional. Hay una gran incertidumbre acerca de cómo se va a dar continuidad esta distribución a la comunidad.
En el día de ayer, el Servicio Alimentario Escolar (SAE) envió una partida de productos que lejos está de contemplar la calidad nutricional necesaria para que les niñes que asisten al comedor mantengan sus defensas altas frente a cualquier enfermedad.
Estos son algunos de los testimonios:
Docente de la EP N° 61 de Etcheverry:
“No estamos recibiendo ningún insumo de limpieza. Todo lo que tenemos en la escuela, lo compra la cooperadora. Acá, tenemos comedor y estamos recibiendo alimentos. Para eso, nos organizamos con guardias de docentes y auxiliares para poder entregar a las familias la bolsa de alimentos. La matrícula del año pasado (que no ha cambiado mucho este año) era de 808 más o menos, 40 pibis por aula, todes asisten al comedor.
Lo que se están llevando las familias en cada bolsa es té, un litro de leche, un paquete de fideos, un paquete de arroz, uno de magdalenas y otro de galletitas por estudiante. Es decir, las familias se llevaban un bolsón de comida por estudiante. En el caso de las familias que tienen cuatro hijes en la escuela, no podíamos darle cuatro bolsones, le teníamos que dar dos porque sino no nos alcanzaba para abastecer a todes les pibis que vienen a buscar su comida.
Es nefasto por donde se lo mire. Totalmente insuficiente.”
Docente de la EP N° 38 de Gonnet:
“Es la cooperadora la que siempre se encargó de comprar los insumos de limpieza. En la escuela, no los recibimos y ahora esta situación no cambió. Acá, no hay comedor, pero se da un refuerzo de desayuno o merienda. Nos organizamos con les auxiliares y docentes en guardias para poder repartir las bolsitas que armamos con mercadería. Lo que pudimos hacer es repartir de manera reforzada a algunas familias que viven una situación más precaria, ya que muchas familias de Gonnet no necesitan recibir ese refuerzo.”
Carolina, de la EES N° 54
“Estos productos, según informaron, son para cubrir los próximos 10 días. Se aproxima un fin de semana largo y posiblemente un cierre de las escuelas. La incertidumbre fue la protagonista. Madres que preguntaban si se iban a repartir esos bolsones todos los días, docentes que explicaban que tenían que estirar esos 5 comestibles por más de una semana y que después de eso, nadie sabe.
Mientras, se armaban los bolsones adentro del establecimiento, por fuera corría la bola y se acercaban niños y madres. Se armaron colas y la policía con parlantes les instó a despejar el amontonamiento.
Nuevamente y como generalmente ocurre en situaciones sociales críticas, la solidaridad de los trabajadores se hizo sentir. A pesar del vaciamiento de recursos que en las escuelas estamos acostumbrados a ver y a vivir, los docentes y auxiliares son los que se encargan de fortalecer el lazo con las familias y de sostenerlas.
Mientras, las voces oficiales se encargan de instalar la idea de que la solidaridad es quedarse en casa, algunos planteamos que también es preocuparse por las familias que tienen dificultades para llegar a fin de mes y son los que tienen que trabajar todos los días para juntar un mango. El estado debería reforzar las medidas de prevención, brindar más información, repartir productos de limpieza, de higiene, prohibir los despidos y los descuentos para que la realidad en los barrios no empeore”
Como queda expresado en estos testimonios, la comida que envía el Estado a las escuelas no es suficiente, ni contempla los cuatro grupos básicos alimentarios. Les estudiantes no reciben ni carne, ni verdura ni frutas. Una dieta a base de hidratos de carbono y lácteos no es adecuada para subir las defensas en el organismo en un contexto de emergencia sanitaria.
Hoy, amanecimos con los medios de comunicación, desde los más “progres” hasta los más conservadores, alineados con el discurso de unidad nacional, avalando que las fuerzas de “seguridad” ordenen la calle y cuiden que nadie circule salvo por motivos esenciales. Pero nada dicen sobre las condiciones en que vive un enorme porcentaje de la población que asiste a la escuela pública. Familias enteras sin trabajos registrados o que viven de changas o de cartonear. ¿Quién contempla esta realidad?
Es necesario, para enfrentar la pandemia, un plan de emergencia de conjunto que ponga el eje en la solidaridad desde abajo en cada lugar de trabajo para asistir las necesidades del pueblo trabajador, como lo demostraron las trabajadoras de la cooperativa textil Traful Newen que comenzaron a fabricar barbijos. Para eso, es indispensable invertir las prioridades y afectar las ganancias capitalistas para que todos los recursos vayan a salud, educación, viviendas y salarios.