En la Ciudad de México hay más de 37,500 jóvenes. 20% de ellos no tienen acceso a la educación ni a un empleo estable. El 47.7% de migrantes que abandona nuestro país son jóvenes. Criminalizados, condenados a la precarización laboral, buscan formas de expresarse. Tienen mucho qué decir.

Nancy Cázares @nancynan.cazares
Martes 25 de abril de 2017
Shaolin Fantastic es el nombre de uno de los personajes de la popular serie de Netflix The Get Down. Interpretado por Shameik Moore, Shaolin Fantastic a pesar de su condición de personaje ficticio, es real en todos y cada uno de los millones de jóvenes pobladores de los cinturones de pobreza con los que la gran ciudad y sus megaproyectos ciñe su cintura. Así en el South Bronx de finales de los setentas como en el Centro Histórico de la Ciudad de México en 2017.
Playera y pantalón holgados, una gorra, la mano en la boca tratando de que sus palabras se escucharan más alto, Shaolin Fantastic rimaba ante cinco muchachos que movían de arriba a abajo la cabeza al ritmo de una base de hiphop que sonaba a vieja escuela. Festejaban con pequeñas bullas los versos más ingeniosos, los que con mayor precisión hilaban el mensaje de la improvisación de rap.
Era el día 20 del mes 4. Cuatro veinte que por todo el mundo se convirtió desde hace más de 40 años en un símbolo para los más de 183 millones de consumidores de cannabis que hay (o había) en el mundo hasta 2014. A las ocho en punto las organizaciones que habían convocado apagaron el sonido y se habían llevado el equipo. Del supuesto interés por la juventud sólo quedó basura en la Plaza y alrededor, decenas de policías en plena cacería, expectantes de la centena de jóvenes cuyos deseos de esparcimiento no vencieron con los permisos.
"Para que me digan que mi mente no es madura...", comenzó Shaolin, y señalándose preguntó por qué la opinión de los jóvenes habría de valer menos.
Mirando a un policía, rimó con el odio de quien ha sido detenido más de una vez tan sólo por su apariencia o por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.
Pero pareciera que en esta ciudad todos los lugares fueran los equivocados para esa juventud que no alcanzó a entrar a la escuela, que dejó la infancia en el trabajo, que no viste como Paulina Peña o que no puede comprarse lujosas propiedades como el hijo de Romero Deschamps, "policía o empresario, vestido con uniforme o con traje, hacen ultraje".
Siguió "vigilan la quema de María,/ pero lo que no sabían/ es que quien te hace ver la muerte a otro nivel/ es el que le da el salario a tu padre y a tu madre/ no me venga a hacer alarde,/ aquí mi México arde en hambre". Shaolin denunciaba y los jóvenes a su alrededor asentían en señal de aprobación.
La verdad de la juventud es abrasadora porque es esa verdad beligerante que todo lo renueva de la que hablara Trotsky en su Programa de Transición. Nadie se salva de sus llamas. La policía, los empresarios, la Iglesia por predicar las obras de misericordia desde la opulencia de sus edificios "el encerrado debería ser el que roba/ y el que roba bien lo sabemos/ el juez, el magistrado, el Papa, el diputado".
Los festivales musicales como el Corona Capital o el Vive Latino que cobran cientos de pesos por entrada, lucrando con la falta de espacios para la juventud.
Leer: Carta a la juventud trabajadora
Conforme anochecía, la plaza se fue vaciando, Shaolin Fantastic hablaba con nosotros mientras esperaba a unos de sus compañeros de calle. "¿Saben por qué permiten estos eventos?", nos preguntó y sin esperar a que respondiéramos, continuó "para hacer la finta de que les importamos y para medir cómo está el consumo".
Nos contó que ayudaba a otros jóvenes que no tuvieran casa, que de vez en cuando iba a visitar a quienes pernoctaban en una de las plazas del Centro, hasta que un día hubo un operativo y se llevaron a todos "quién sabe a dónde". Sin familia, niños y adolescentes fueron "removidos" porque, nos dijo, "les estorbamos, quieren convertir esta Ciudad en una Ciudad turística y no quieren que nadie nos vea en la calle". "Yo veo que gastan en espectáculos de luces, en adornos, en fuentes -dijo- mientras en Iztapalapa o en Ecatepec no hay agua, son unos cabrones".
En su voz gastada por el inhalante con el que sobrellevaba el hambre y atacada por un estertor cavernoso, hubo espacio para la profecía "pero están provocando un hervidero ¿verdad?- dijo, juntando los dedos- ya quitaron a los comerciantes y quieren quitar a los transportistas ¿de qué creen que van a vivir? luego con los gasolinazos, la inseguridad ¿verdad?... hay personas que tienen solas muchas casas y hay familias de varios que no tienen ni una".
Rió por lo absurdo, pero continuó por la rabia y nos contó que comenzó a hacer rap después de que se quedara sin familia. Era lo único que lo mantenía con ganas de hacer algo por la gente a su alrededor y fue lo que hizo que se diera cuenta de que no estaba solo realmente "yo podría estar muy cómodo en la sierra ¿verdad?, con mi bebida y un cigarro, pero la lucha está aquí".
Shaolin tiene miedo a la represión. Nos explicó que teme que un día el gobierno venga y se lo lleve por decir las cosas que dice, porque la gente lo escucha. Luego admitió que quizás estaba siendo paranoico y le dio risa "no se puede hacer la revolución teniendo miedo ¿verdad?".