En una cumbre con empresarios, obispos y otros dirigentes sindicales, el camionero fustigó las políticas de Cambiemos. Pero no dijo nada de poner los sindicatos a la cabeza de un paro nacional y plan de lucha contra el ajuste.
Lunes 4 de marzo de 2019 22:11
El secretario adjunto del Sindicato de Camioneros Pablo Moyano criticó este lunes al gobierno de Mauricio Macri. Lo hizo desde los jardines del Vaticano, donde participa de una Cumbre Internacional de Transportistas e Industriales del Transporte en la renacentista sede de la Pontificia Academia de Ciencias (PAC).
Moyano dijo que en Argentina, “como en todos los países en los que gobierna la derecha, atacan los derechos de los trabajadores a través de la flexibilización laboral, la reforma laboral, o como se llame en cada país” y que el gobierno de Mauricio Macri “está destruyendo la actividad económica” argentina.
El dirigente gremial agregó que “hubo una resistencia muy importante en nuestro país porque el gobierno de derecha que hoy gobierna lo primero que quiso hacer es atacar los convenios colectivos de trabajo”.
Sin embargo, admitió que “falta mucho” para poder frenar el ataque a las condiciones laborales que las patronales justifican bajo el eufemismo de “baja del costo laboral”.
Lejos de anunciar algún tipo de profundización de esa “resistencia” de la que se jacta, Moyano prefirió recordar que como “hoy en nuestro país se debate el costo laboral a través de la logística (…) le decimos a nuestro gobierno que en vez de bajar los costos de los salarios baje los costos de los impuestos que tienen los empresarios que, con legítima verdad, se quejan”.
Obviamente, muchos representantes de grandes multinacionales del transporte, presentes en la cumbre, se sintieron a gusto con la reflexión del “camionero”.
Para hablar del “cambio climático” y el medio ambiente Moyano se tiró contra algunas empresas (obviamente no del rubro del transporte) como las multinacionales Cargill, Bunge, Nidera, DreyfuS, Monsanto y Bayer, exponentes de “la cámara empresaria que nuclea la industria aceitera y cerealera del mundo”, acusándolas con razón de fumigar a cielo abierto indiscriminadamente y sin contemplación.
Respecto a ese sector patronal, el líder de Camioneros afirmó que “con el fin de agigantar su rentabilidad no guardan consideración del derecho a la salud y a la vida”. Y sumó a la crítica a “gobiernos que admiten pasivamente este accionar y, en vez de garantizar el uso de la tecnología al servicio del ser humano, resultan complacientes con estos poderes económicos”.
Curiosamente, quien habla es el mismo Moyano que hoy brega por la “unidad del peronismo”, lo que incluye de forma entusiasta a exgobernantes y actuales gobernadores que entran perfectamente en esa categoría de dirigentes “complacientes con estos poderes económicos”.
En su disertación el hijo de Hugo Moyano no hizo mención a la capacidad que tienen las organizaciones obreras como la que él dirige para frenar los ataques de esas multinacionales y los gobiernos. Ni se le cayó por casualidad la palabra huelga, paro o plan de lucha.
Eso también les resultó agradable a los oídos del histórico jefe de Ferrari, Luca Cordero de Montezemolo, y otros directivos de multinacionales como Daimler, General Motors, MSC Cruceros, Deloitte, 3F y Volvo, quienes lo escuchaban atentamente.
Pablo Moyano es vicepresidente para América Latina de la Federación de Trabajadores del Transporte Internacional (ITF), organizadora junto a la PAC del encuentro que termina este martes.
Junto a él viajaron al Vaticano para participar de la lujosa “cumbre” Laura Córdoba de Camioneros, Horacio Calculli del sindicato de Aeronavegantes, Julio Sosa de La Fraternidad y Juan Navarro del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), entre otros exponentes de la burocracia sindical argentina.
Por parte de la PAC habló su “canciller”, el arzobispo argentino Marcelo Sánchez-Sorondo, quien dijo que “frente al drama del recalentamiento global por el uso intensivo de combustibles fósiles y el crimen de lesa humanidad de las crecientes nuevas esclavitudes, el objetivo de la cumbre de transportistas y fabricantes es considerar y discernir las eventuales soluciones que puede aportar el indispensable universo del transporte, sea al cambio climático, sea a la dignidad humana de cada hombre y mujer”.
Esas palabras, dichas frente a muchos de los responsables de esos desastres descritos por el monseñor, suenan a pura demagogia, cuando no a cinismo hecho y derecho.
Dicen que el programa de la “cumbre” no contempla la presencia de Jorge Bergoglio. Pero un amigo suyo sí está presente y dicen que sería el encargado de cerrar el evento en los jardines vaticanos. Se trata de Gustavo Vera, exlegislador porteño y titular de la ONG La Alameda, quien ya hizo allí una disertación sobre “el tráfico humano” y habló de la importancia de que las empresas combatan “este delito de lesa humanidad”.
Obviamente, al escuchar a Vera los gerentes de las multinacionales asintieron con cara de preocupados mientras pensaban “¿y esta fantochada cuándo termina?”.

Redacción
Redacción central La Izquierda Diario