Un recorrido en la organización de jóvenes acompañantes terapéuticos en medio del recorte brutal a la salud en épocas de coronavirus.
Hace semanas que jóvenes de todo el país envían sus denuncias a nuestro celular. Gastronómicos de Mc Donalds, Burger King, vienen siendo protagonistas de las olas de despidos. Para ello la prohibición jamás entró en escena. A elles se les sumaron de Todo Moda, y otras ramas. Hoy voy a hablar de los acompañantes terapéuticos, de la Ciudad de Buenos Aires, Rosario, la Plata y otros lugares.
Una nota en La Izquierda diario de Julia Jeandet, cuenta que en general son estudiantes o profesionales de carreras como Psicología y Psicopedagogía o también de instituciones privadas que actúan como auxiliares de la salud de personas con distintos padecimientos. Muchos brindan apoyo en los colegios, otros en las casas, en hospitales, en gabinetes de salud o en centros de día. Porque laburan en el ámbito público y privado.
Sin embargo, con la crisis sanitaria, aumentó su precarización y también corre peligro la vida de sus sus acompañados.
Veamos esta denuncia, “yo tenía un paciente que estaba en Saavedra, era un acompañamiento de todos los días, bueno el martes falleció y porque más allá de su enfermedad, estaba muy estimulado iba yo todos los días. Y claro en la clínica no dejaban entrara a nadie y murió porque se mantenía vivo por el contacto social”.
Este es uno de los casos más extremos que nos ha llegado, de ellos depende la calidad y muchas veces la vida.
Otra joven denunció “el tema de abril que no van a pagar las obras sociales y nos tiene a la expectativa. Nada nos garantiza que esta cuarentena se extienda y no tengamos más la prestación”.
Los pacientes pagan un servicio PERO las prepagas y obras sociales lo recortan. Hay que mencionar la lucha que vienen llevando desde hace años por un marco regulatorio de su práctica en la provincia de Buenos Aires, ya que por ejemplo no tienen un nomenclador común que regule los salarios. El proyecto de ley provincial de AT (N° 1169) aún está vigente hasta abril del 2020.
Generalmente estas y estos jóvenes trabajan tercerizados por centros terapéuticos. ¿Cómo? Las prepagas y obras sociales les pagan a los centros que son los que los tercerizan. Tras la crisis hacen recortes en las prestaciones y eso se traduce en despidos para los acompañantes.
De esta forma las familias se quedan sin acompañamiento, mientras mes a mes siguen pagando cuotas altísimas a las prepagas y miles de trabajadores registrados continúan realizando aportes a las obras sociales desde sus salarios.
En nuestro país la salud funciona con un sistema tripartito: la salud privada por medio de las prepagas, las obras sociales que son en parte privadas y en parte obtienen aportes patronales, y la salud pública.
En lo que va del año, privadas y farmacéuticas tuvieron ingresos equivalentes al total del presupuesto que se le destinó a la salud pública en 2019.
No esta demás recordar la centralización del sistema de salud, medida que ha sido tomada ya en otro países como España.
Como si para les pibes las rebajas salariales no fueran suficientes, mes a mes deben seguir pagando el monotributo que ha aumentado un 51% en lo que va del año sumado al pago de seguros (dos seguros que suman aprox mil pe x mes) que son requisitos excluyentes para mantener el acompañamiento.
“Desde que empezó la cuarentena venimos sosteniendo todo de manera online y a mi y a un montón no nos pagan desde marzo….Todos los días veo los mensajes en mi laburo preguntando si cobran o no”, contó una jóven.
Frente a la crisis sanitaria, económica y social se hace necesario exigir y aplicar medidas de emergencia. Por eso el Frente de Izquierda Unida presentó un proyecto de ley para aplicar un impuesto a las grandes fortunas, el cual podría garantizar un salario de cuarentena de $30.000 a 7 millones de laburantes que frente a la crisis han sido despedidos o están sin trabajo.
Es indispensable exigir el pago del 100% de los salarios, la cobertura total de las licencias pagas y el cumplimiento de la prohibición de despidos, que ya de por sí deja por fuera el 40% de la población que trabaja en negro.
Los AT son parte de la juventud que no se calla