Vox y Solidaridad, el pseudo sindicato de la extrema derecha, organizan un acto en Cádiz el 1 de mayo dentro de su política obrerista, con un mensaje cargado de racismo y anticomunismo.

Roberto Bordón @RobertoBordon13
Viernes 29 de abril de 2022
La ultraderecha organiza para el próximo 1 de mayo un acto en Cádiz en otro de sus intentos de hacer política obrerista con la que engañar a los trabajadores. En el video promocional los de Abascal repiten los tópicos de su discurso: la culpa es del comunismo, de los sindicatos, de los inmigrantes y de la globalización. El sitio elegido no parece ser casual, la ciudad andaluza no sólo sufre desde hace décadas altas tasas de paro y precariedad, sino que fue el escenario recientemente de una histórica huelga del metal que fue reprimida por el gobierno PSOE-UP.
En un video donde señalan al gobierno y sindicatos como responsables de la situación, así como a los inmigrantes y a las políticas de globalización, la ultraderecha invita a sus afines a acudir el 1 de mayo a Cádiz para protestar. Con este acto Vox continua sus intentos de ampliar su base social en un contexto de crisis económica y social donde podría ganar apoyos frente a un supuesto gobierno “progresista” que tan solo hace medidas en favor de los capitalistas.
Pero no nos engañemos, aunque la ultraderecha señale “correctamente” al gobierno y cúpulas sindicales como responsables de las penurias de clase obrera, no lo hace porque pretenda defender a los trabajadores ni tampoco es cierto que el gobierno y sindicatos realicen medidas “comunistas”. Vox no está en contra de las políticas pro patronales del gobierno ni de la pasividad de las burocracias sindicales que apuestan por el dialogo social.
Lo que ocurre es que sabe que este escenario de crisis les permite extender un mensaje demagogo y populista reaccionario entre las clases populares que pusieron sus esperanzas en un gobierno PSOE-UP que no defiende sus intereses. Intentando aprender de la extrema derecha francesa que históricamente ha tratado de vender una agenda obrerista, los de Abascal impulsaron en su momento Solidaridad, un sindicato amarillo con un número ínfimo de afiliados, pero con el que tratan de infiltrarse en los centros de trabajo. Con esta plataforma la ultraderecha agita la bandera de la defensa de “los trabajadores españoles” tratando de dividir a los oprimidos en dos bandos y agitando un mensaje racista. Vox trata de convencer a los trabajadores de que la culpa de su miseria no es de los empresarios y del sistema capitalista, sino de los inmigrantes y de la “agenda globalista”. Esta agenda funciona como un artefacto discursivo y teoría de la conspiración que integra todo lo que no le gusta a la ultraderecha: inmigrantes; feminismo; LGTBI; sindicatos; otros partidos burgueses rivales.
Con un mensaje ideológico reaccionario, la idea de la agenda globalista trata de vender a los trabajadores de que el comunismo sería el gobierno pro patronal que tenemos y la burocracia sindical que lo apoya. Una enorme mentira con la que extienden un mensaje anticomunista, pero que se apoya en una realidad concreta, es cierto que las burocracias sindicales no defienden a los trabajadores, pero la solución a ese problema no es la ultraderecha, sino la auto organización de los trabajadores.
Por tanto, combatir de forma general el mensaje de Vox pasa por denunciar la actitud de estas burocracias sindicales y del gobierno PSOE-UP que no protege a las clases populares y por construir la auto organización y el poder de los trabajadores. Tan solo desde un programa de independencia de clase se puede dar respuesta al crecimiento de la extrema derecha.
De forma más concreta y con relación al acto del 1 de mayo en Cádiz, hay que criticar la actitud del dirigente de Anticapitalistas José María Gónzalez, Kichi, quien en redes sociales llamó a los ciudadanos gaditanos a ignorar el acto. En concreto se pedía que no hubiese ninguna respuesta, entendemos que se refería a contramanifestación o acciones similares, para no dar más visibilidad a Vox. No dar más visibilidad a quien tiene 52 diputados y sale cuando quiere en televisión. Y ante esto es mejor dejarles campar a sus anchas por una ciudad que ha sido símbolo de la lucha obrera y escenario de un importante combate contra la patronal.
Kichi parece convencido de que esta actitud de superioridad moral es la respuesta para combatir el crecimiento de la ultraderecha en su tierra. Sin embargo, no estamos de acuerdo el alcalde de Cádiz, al que debemos recordar que podría haber hecho mucho más para apoyar a la huelga del metal y en general durante su tiempo en el Ayuntamiento para impulsar la organización de los trabajadores. En vez de apostar esta idea, Kichi y su organización parecen jugar a la opción electoral y a construir su nueva opción política a través de una importante dosis de personalismo. Un error que consideramos que pone freno a las posibilidades de constituir respuestas desde la independencia de clase al fenómeno de la extrema derecha que crece y que en un futuro próximo podría ocupar las instituciones andaluzas.

Roberto Bordón
Andalucía