A primera vista hoy se ha escrito poco sobre aquel motivo de Gustave Flaubert sobre Cartago que retoma Walter Benjamin en sus Tesis sobre la historia. Benjamin dedicó una reflexión sobre la historia de la ciudad del norte a África, Cartago. Es la Tesis número VII sobre del Concepto de historia.
Miércoles 29 de agosto de 2018
Èsta dice: “A los historiadores que desean volver a vivir una época pasada, Fustel de Coulanges recomienda que borren todo lo que saben sobre el curso posterior de la historia. No hay mejor modo de caracterizar el método contrario al del materialismo histórico. "Es un proceso de empatía cuyo origen es la indolencia del corazón, ‘acedia’, que desesperaría al apresar la imagen histórica genuina cuando ésta llamea fugazmente. Entre los teólogos medievales la acedia fue considerada como la causa primordial de la tristeza. Flaubert, que estaba familiarizado con ella, escribió: “Peu de gens devineront combien il a fallu être triste pour ressusciter Carthage”. [“Pocos pueden adivinar lo triste que uno tiene que llegar a estar para querer resucitar Cartago.”]”. Aquí termina la referencia.
¿Qué pasó en Cartago? ¿Por qué es triste aquella historia?
Se sabe poco de aquella ciudad derrotada cruelmente por Roma en las Guerras Púnicas. Virgilio en su "Eneida" sentó algunas de las bases del mito sobre la fundación de aquella fascinante civilización.
Dido, princesa fenicia, fundó Cartago a través de un desafío de matemáticas. En aquel Siglo VIII a.C. Ella, Dido, pidió tierra al rey de aquella ciudad al norte de África y le dieron todo aquello que cubriera la piel de un animal. Dido, decidió cortar en tiras pequeñas la piel y rodear una colina en la que fundaría una ciudad fascinante.
Cartago era una civilización de origen fenicio, ubicada en lo que hoy es Túnez y en pocos años se convirtió en una potencia comercial en el mediterráneo. Tanto, que sòlo por medio de su destrucción es que se dio el paso al imperio romano.
Sólo luego de tres guerras los romanos destruyeron la civilización cartaginesa. La abatieron, destruyeron todo, quedó poco rastro sobre la vida de Cartago. Su civilización tenía una muralla triple, tenía puertos insólitos para su época, baños públicos que no debían nada a sus rivales. Al contrario le tenían envidia. Su sociedad era urbana e insólitamente multiétnica: sirios, egipcios, griegos, itálicos y africanos vivían en aquellas grandes ciudades.
Grandes comerciantes y navegantes, no buscaban la guerra para sus acuerdos comerciales en el Mediterráneo. Platón pensaba que “Cartago goza, al parecer, todavía de una buena constitución, más completa que la de otros Estados en muchos puntos y semejante en ciertos conceptos a la de Esparta.” Cartago estaba más allá de Grecia en “democracia”.
Cartago era también una civilización refinada. Hablaban el púnico. Tenía edificios con varios pisos, insólitos para su tiempo. Pero no quedó, nada. Una civilización fundada por una mujer, con una población multiétnica, que prefería negociar a ir a la guerra contra otras civilizaciones, cuyo mito fundador fue un acertijo matemático y que estaba en África fue derrotada. Es triste. Hoy estudiamos latín, el cristianismo es la religión más extendida de la historia, estudiamos la filosofía griega, África está subdesarrollada por la rapiña colonial y sufrimos la dominación occidental.
El primer genocidio de la historia
Aníbal Barca enfrentó a los romanos en la segunda guerra púnica en el 200 a.C. pero fue derrotado. Era púnico. Le siguió la tercera guerra ahí, como dice Bertol Brecht al respecto, no había nada que hacer... Dice el historiador Ben Kieran “Delenda est Cartago (“¡Cartago debe ser destruída!”) podría ser la primera incitación al genocidio que registra la historia. La esclavista Roma, la del pan y circo quería aniquilar a Cartago.
Sigue el historiador Kiernan “Roma decidió “la destrucción de la nación.” Su política de “extrema violencia”, la “aniquilación de Cartago y de la mayoría de sus habitantes”, que dejó en ruinas “una cultura entera”, coincide con la moderna definición legal de 1948 de la Convención sobre Genocidio de las Naciones Unidas: la destrucción intencional “total o parcial, (de) un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal.”
Entonces, Roma decidió aniquilar la civilización más rica, más culta, más pacífica de su tiempo. Roma sitió durante tres años el lugar. Sobre una población de entre 200 y 400.000 habitantes, al menos 150.000 cartagineses perecieron. Apiano describió una batalla en la que “70.000 hombres, incluidos los no combatientes” fueron muertos, probablemente una exageración. Pero Polibio, que participó en la campaña, confirmó que “el número de muertos era increíblemente alto” y que los cartagineses resultaron “totalmente exterminados” dice Kierman. De los 50 mil esclavos de aquel festín genocida la mitad, 25 mil eran mujeres.
Que no quede nada
¿Qué hubiera pasado si Cartago derrotaba a Roma? La religión más extendida en el mundo no sería el cristianismo, el patriarcado no reinaría, como binomio junto al capital, pues Dido no hubiera sido obligada al suicidio, no estudiaríamos la filosofía griega de Platón o Sócrates, el derecho moderno no sería el derivado del romano, ni si quiera el latín sería importante.
África no sería la reserva de esclavos, no habría revolución industrial en Europa. En fin. Seguro no viviríamos en este mundo occidentalocéntrico, moderno, colonial, racista, capitalista. No digo que viviríamos en otro mundo mejor.
Los romanos serían los bárbaros, los cartagineses los civilizados. Pero, definitivamente, esta reflexión lleva a pensar la importancia de los acontecimientos, de la fuerza insólita del hubiera. ¿Qué pasaría? Definitivamente, como dice Walter Benjamin, citando a Flaubert, la derrota de Cartago es un acontecimiento muy, muy triste.