El 2006 surgió un método de organización ampliamente democrático, basado en las tomas levantadas por estudiantes secundarios/as. Hoy en día, cuando la coordinación de base se hace más que necesaria, tenemos que tomar dicha experiencia y llevarla adelante.

Dauno Tótoro Santiago
Martes 7 de junio de 2016
Hace 10 años, Michelle Bachelet también se vio enfrentada como presidenta a importantes e históricas movilizaciones estudiantiles. Eran los días de la "revolución pingüina", donde las tomas proliferaban a nivel nacional y las calles se llenaban de estudiantes secundarios/as.
Las demandas de ese entonces se centraban en el fin a la detestada LOCE y por el pase escolar gratuito los 365 días del año. Bachelet intentó desviar la lucha, no responder a las demandas secundarias y generó un Consejo Asesor Presidencial para poner fin a la movilización. Hoy vemos que no fue más que una medida paliativa, que mantuvo el germen de movilización y lucha, que volvió a brotar años después, y que hoy, este 2016, está emergiendo con fuerza nuevamente, con tomas y paros indefinidos por la conquista de la gratuidad universal como derecho social y financiamiento basal.
Pero, además de las movilizaciones, la lucha y los métodos combativos, ¿Qué podemos rescatar de la ya mítica revolución pingüina? ¿Qué lecciones debemos sacar para el movimiento estudiantil de hoy en día? ¿Cómo podemos hacer que nos permita no cometer los mismos errores del pasado?
De la mano con las tomas y las marchas, nació un organismo totalmente novedoso en ese entonces: la Asamblea Nacional de Estudiantes Secundarios, conocida por sus siglas, ANES.
Dicho organismo era una asamblea abierta, donde se reunían centenares de delegados/as de base, desde cada Liceo o colegio movilizado, para discutir democráticamente el rumbo de las movilizaciones de ese entonces.
Si bien los dirigentes de ese entonces aceptaron participar en el Consejo Asesor, y posteriormente muchos formaron parte de las filas de la Concertación (e incluso de la derecha), la ANES marcó un precedente de organización para el movimiento estudiantil, mucho más democrático que las actuales ACES, CONES y CONFECH, y por lo tanto, mucho más útil para el desarrollo y fortalecimiento de la movilización.
Delegados por liceos, sesiones de centenares, abiertas, realizadas en tomas de liceos, y la posibilidad de la revocación de los voceros que asistían a las reuniones, eran características centrales de dicho organismo.
Hoy en día, cuando el movimiento secundario se encuentra divido en dos Asambleas nacionales, y hemos presenciado como cada sector convoca a marchas por separados (31 de mayo, marcha de la CUT, 26 de mayo, marcha de la CONES, 21 de abril marcha de la CONFECH), la necesidad de la coordinación de la lucha se hace imperante.
Diversos sectores buscaban coordinar efectivamente a la base movilizada. Ejemplo de eso fueron los cordones territoriales que emergieron el año 2015 y que este año busca generarse a través de levantar el Cordón Macul.
Pero esa coordinación territorial debe fortalecerse con un organismo nacional que permita articular, dirigir y seguir cotidianamente el desarrollo de nuestra movilización.
Rescatar la tradición de la ANES, en ese sentido, se vuelve fundamental para el desarrollo y triunfo de nuestra lucha hoy en día. Es necesario que no tiremos esas experiencias muy enriquecedoras al tacho de la basura y las llevemos a la práctica hoy en día.
Una Asamblea Coordinadora Nacional este 2016 podría organizar de mejor manera nuestras fuerzas y avanzar a métodos más democráticos de organización, donde, juntos, secundarios/as y universitarios/as podamos organizar nuestra movilización.
En esa misma línea, un organismo de ese tipo puede tender a generar un petitorio unificado entre universitarios/as y secundarios/as y dotar de mucha fuerza nuestra lucha actual, sumando a nuevos sectores aún no movilizados.
Tenemos que cuestionarnos que la CONFECH, por ejemplo, tenga un estatutos, que en lo central, no han sido modificado desde hace años atrás. Esos estatutos, que han sido más bien retocados, fueron redactados en momentos de pasividad. Hoy la realidad empuja a la necesidad de nuevas formas de organización que tiendan a la unidad de múltiples sectores.
Los cordones territoriales en ese sentido pueden ser ejemplos de una unificación y coordinación mayor, que nos permita enfrentar con mayor fuerza al gobierno de los corruptos de la Nueva Mayoría y a la derecha golpista.
Por eso es que tenemos que reivindicar la experiencia de la ANES, como un ejemplo concreto de una organización mucho más democrática, y llevarla adelante hoy en día, cuando la coordinación de base, y orgánicas más democráticas, se vuelven una necesidad para quienes queremos fortalecer y ampliar nuestra lucha.
Con esa base organizativa novedosa podremos conquistar la gratuidad, y con un fuerte movimiento estudiantil, hacer retroceder la represión desatada por Burgos y la Nueva Mayoría contra quienes hemos salido a luchar.
Y en ese mismo sentido, sumar desde un nivel orgánico, a muchos más compañeros y compañeras a los grandes desafíos que se avecinan.

Dauno Tótoro
Dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionarios (Chile), y ex candidato a diputado por el Distrito 10.