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Red Internacional
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Chile

TRES CAUSALES. Aborto libre, seguro, gratuito y legal

¿Es suficiente el derecho a aborto por tres causales? ¿Cómo enfrentar la resistencia de los sectores más conservadores de la sociedad ante las demandas de las mujeres? En esta columna intento plasmar mi visión como militante de la agrupación Pan y Rosas.

Pamela Contreras

Pamela Contreras Valparaíso, Chile

Viernes 21 de julio de 2017

Chile se encuentra dentro del selecto grupo de cinco países que condena el aborto en cualquier circunstancia, penalización que en ningún caso elimina su práctica y sólo lo lleva a la clandestinidad, considerando que en el país se calculan aproximadamente 160 mil abortos al año. Esta criminalización afecta directamente a la libre elección de las mujeres, empujándolas a exponer su integridad física y psicológica o arriesgando su vida a la hora de acceder al mercado ilegal de la interrupción voluntaria del embarazo.

Los abortos clandestinos son amparados bajo este sistema económico, político y social, en el cual seguimos siendo consideradas como “incubadoras humanas”, sin voz ni voluntad propia. Hipócritamente sectores ultra conservadores se atreven a llamarnos “asesinas”, reforzando la idea de maternidad obligatoria, siendo que en realidad toda su estructura es la que nos niega condiciones dignas para ser madres.

Por un lado, el Estado nos prohíbe el derecho a decidir, pero, por otro, no garantiza la calidad de vida de los futuros niños y niñas, considerando que incluso todos los derechos básicos están privatizados (educación, salud, vivienda); es cuestión de observar el infanticidio de Estado en el caso SENAME.

Las mujeres nos enfrentamos a la decisión de abortar por diferentes motivos; abortamos porque el método anticonceptivo falló; abortamos porque nos vemos limitadas en condiciones materiales, con trabajos precarios e inestables; abortamos porque el sueldo mínimo no alcanza ni para la canasta básica familiar; abortamos porque fuimos violadas; abortamos porque escogimos no ser madres, siendo nuestra voluntad y derecho decidir sobre nuestras vidas.

Legales o no, los abortos se practican y se continuarán practicando, y la diferencia radica en las condiciones y seguridad que podemos generar si barremos con la criminalización de parte de los Estados e Iglesias; luchar por el derecho al aborto, contrariamente a lo que señalan grupos clericales, es luchar por el derecho a la vida, la vida de las mujeres. Porque la penalización del aborto tiene consecuencias terribles, gracias a inescrupulosos que generan un negocio bajo la necesidades de las mujeres, sin garantizar condiciones sanitarias mínimas, donde las que tienen dinero consiguen viajar al extranjero o pasar por “apendicitis” en clínicas privadas y las que no, están condenadas a todo tipo de riesgos que van desde serias secuelas sobre su salud hasta la muerte en condiciones infrahumanas, la cárceles, etc., que es el destino de miles de trabajadoras del campo y la ciudad, de mujeres jóvenes con empleos precarios, estudiantes y pobladoras: se quiera o no ver, el aborto tiene carácter de clase.

Levantamos nuestras voces desde nuestros lugares de trabajo, estudios y barrios -como cada 25 de julio y en nuestra cotidianidad- contra la explotación y la opresión, mujeres trabajadoras, estudiantes y diversidad sexual hartas de la criminalización en uno de los derechos más elementales, como es el derecho a decidir. Estamos convencidas de que ni este Estado ni este gobierno nos regalarán derechos ni reivindicaciones, ni la iglesia, ni ninguna institución o individuo puede decidir por nosotras: la lucha corre por nuestra cuenta, organizadas y desde las calles. No rogamos ni pedimos, exigimos y luchamos para que las Iglesias y los Estados no intervengan en nuestra decisión, porque no se condene más a cientos de mujeres a aborto clandestino, por la legalización para garantizar abortos seguros y gratuitos como parte de la salud pública, que además vaya acompañada de una educación sexual integral, científica y laica y la distribución de anticonceptivos, sin intervención de las Iglesias y su moralidad retrógrada.

Y desde Pan y Rosas vamos por más, nos organizamos para luchar por nuestra verdadera emancipación, sabiendo que este problema y las raíces de nuestra opresión, no encontrarán una solución estructural sin una lucha contra el capitalismo y el patriarcado que limitan nuestros derechos sexuales y reproductivos así como la explotación y los distintos tipos de opresión en que viven millones de seres humanos, privándonos de un sistema de salud gratuito para toda la población, ofreciendo condiciones de precariedad para la maternidad, imponiendo su obligatoriedad a costa de “ser incubadoras” para la generación de mano de obra barata para el sistema, etc. Sabemos que nuestra total emancipación, es una quimera si se piensan las luchas de manera aislada y así como luchamos por el derecho al aborto, proponemos como horizonte la unidad con todas y todos los afectados por el capitalismo para ir en la conquista de todos nuestros derechos que nos niegan los sectores fundamentalistas, los empresarios y sus políticos a sueldo.