Frente a un nuevo Paro Internacional de Mujeres hacemos un breve recorrido por las tres marchas de Ni Una Menos. Su historia y evolución.
Jueves 15 de febrero de 2018

Hace casi tres años, la impotencia generada por el aumento de los femicidios y el tratamiento misógino y machista dado por los medios de comunicación, impulsó a que un grupo de escritoras y escritores, realizaran una maratón de lectura. El reclamo era concreto y básico: no nos maten más.
Lo que empezó con una tarde de lectura se transformó en pocas semanas en la convocatoria a una marcha al Congreso, luego de conocerse el femicidio de Chiara Páez. La consigna se convirtió en una nueva etapa para el movimiento de mujeres en la Argentina: #NiUnaMenos.
Así, a la iniciativa de un grupo de mujeres periodistas se sumaron diferentes organizaciones sociales y del movimiento de mujeres. Si bien la violencia machista no era algo nuevo para estas organizaciones, no hay dudas que el aumento de los femicidios y la manera brutal en que los medios trataron a las víctimas, fue una olla a presión cuya válvula de escape fue la calle. El 3 de junio de 2015 se produjo entonces la primera marcha masiva al Congreso, con 300.000 personas que dijeron NiUnaMenos.
Leé también: No se mata por amor: cuando los medios naturalizan la violencia
En esa primera movilización las demandas estuvieron centradas en la violencia machista, las exigencias al gobierno de Cristina Kirchner quedaron limitadas exclusivamente a este tema: creación de un registro oficial para víctimas de violencia de género, patrocinio legal gratuito, implementación de la ley de Educación Sexual Integral en las escuelas y construcción de más hogares refugio.
Podes leer: Bergoglio reafirmó su posición contra el aborto
Para junio de 2016 una nueva marcha se estaba gestando, pero el marco político era otro, Mauricio Macri asumía como presidente del país. En el movimiento de mujeres el impacto de las políticas neoliberales ejecutadas por el gobierno de Cambiemos, hicieron que se avanzara en discusiones que no solo incluían el femicidio.
Por un lado el cuestionamiento al gobierno por la reducción del presupuesto para el Instituto Nacional de las Mujeres, una prueba tajante que dejaba en claro que no estaba dispuesto a tener ni en agenda ni en presupuesto políticas públicas en materia de género. Pero el movimiento también se encargó de llevar adelante una gran campaña para lograr la libertad de Belén, una joven tucumana acusada de homicidio por haberse presentado en un hospital cursando un aborto espontáneo. Como la exigencia, de la libertad también, de Milagro Sala, entendiendo que la encarcelación estaba puntualmente asociada a su militancia política y a legitimar la criminalización de la protesta.
Con su heterogeneidad el movimiento de mujeres llevó adelante dos marchas multitudinarias. Sobre esa base el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario (año 2016) fue literalmente una explosión de mujeres debatiendo, cuestionando y participando en los diferentes talleres.
Justamente esa gran participación y la profundización en las discusiones puede llevar a que no todos los espacios políticos estén dispuestos a darlas hasta el final. Quizás esta sea una de las razones que hicieron que la Comisión Organizadora del Encuentro, utilizando como excusa un método de elección “democrático”, terminara decidiendo arbitrariamente que la sede del año 2017 del Encuentro fuera en Chaco. Y no como se había discutido y votado en los talleres eligiendo a la Capital Federal.
La decisión provocó que dentro del movimiento hubieran posturas a favor y en contra, no solo de la ciudad sino específicamente del “modo” utilizado para esa definición.
Durante el multitudinario Encuentro de Rosario, sucedió el brutal femicidio de Lucía Pérez en Mar del Plata. La impotencia una vez más se transformó en lucha y el movimiento de mujeres respondió con un giro que sorprendió: un PARO DE MUJERES.
El 19 de octubre de 2016 se realizó el primer paro. Esta medida fue una visagra dentro del movimiento de mujeres, por eso las repercusiones a nivel mundial no se hicieron esperar.
Te puede interesar: Qué dijeron los diarios del mundo sobre la jornada de lucha contra los femicidios en la Argentina.
Sin dudas estamos frente a una nueva etapa en el movimiento de mujeres en la Argentina que demuestra su dinámica al avanzar en sus reclamos, como mencionábamos antes, en otros aspectos que el patriarcado impone a las mujeres.
Por ejemplo, los datos relevados sobre el impacto que las políticas de ajuste aplicadas por el gobierno de Cambiemos tenían y tienen sobre la vida de las mujeres, permitieron incluir en la discusión la precariedad de los trabajos que realizan la mayoría de las mujeres, la brecha salarial, el trabajo doméstico no remunerado. Este conjunto de demandas, que no dejaron afuera la violencia machista, concluyeron en la consigna de la movilización de 2017 “el gobierno es responsable”.
Te puede interesar: Informe especial: las mujeres, las más precarizadas
Si bien la Campaña por el aborto seguro legal y gratuito estuvo representada en todas las movilizaciones, recién el año pasado, luego de un debate intenso se logró incluir esta demanda, tan sentida por gran parte del movimiento, dentro de los reclamos.
La Campaña comenzó hace más de 10 años, sin embargo el proyecto fue cajoneado, no solo por el gobierno de Cristina Kirchner, también Mauricio Macri desdeñó “la suerte” que este proyecto puediera tener en el Parlamento.
Por eso tanto él como María Eugenia Vidal, hasta las recientes declaraciones de Marcos Peña demuestran que tampoco este gobierno hará nada para que el debate al menos llegue al recinto.
Es cierto que era conocido dentro de los legisladores un consenso, no tácito, de apoyo a tratar este tema. Sin embargo hace unos días, Juliana Di Tullio, exdiputada y jefa del bloque del Frente para la Victoria, afirmó que ella personalmente asumíala responsabilidad de no tratar la ley porque se podía perder
La realidad es que seguir evitando este tema en la legislatura es permitir que sigan muriendo mujeres jóvenes, en su gran mayoría pobres, por una práctica médica que por estar penada, las obliga a una clandestinidad que en muchos casos las lleva a la muerte.
Unas semanas atrás, la violencia de género, el feminismo y el aborto llegaron a la pantalla chica, de la mano menos pensada. El programa de Jorge Rialse hizo eco de lo que pasaba en las redes sociales y decidió hacer masiva la discusión dando el aire que nos negaron sistemáticamente durante muchos años.
Te puede interesar: El feminismo en la pantalla y en las calles
Las discusiones y debates son cada vez más profundos y necesarios, tanto que nos llevan a cuestionar el sistema. Para algunas la vía de solución vendrá de la mano de nuevas leyes que permitan “reformar” la realidad. Muchas otras pensamos que dentro del capitalismo no es posible alcanzar derechos elementales, como la posibilidad de abortar sin tener que ir presas o morir en el intento, o la igualdad de género.
También podes ver: Orgullosamente feminista y socialista
Por eso damos la pelea más dura y este 8 de marzo apoyamos el Paro Internacional de Mujeres. Para preparar y organizarnos ya se hicieron dos asambleas, en donde las trabajadoras despedidas de Pepsico, el Hospital Posadas y el ferrocarril pudieron expresar la necesidad de realizar un gran paro.
Leé: Trenes Argentinos despidió a una trabajadora víctima de violencia de género
El paro por los derechos de las mujeres, por el aborto legal, contra el machismo se debe hacer con una la exigencia a las conducciones sindicales para que esta medida sea efectiva, las trabajadoras y trabajadores deben tener a disposición todos los medios y recursos necesarios para poder movilizarse. Los sindicatos deben garantizar esto. Para que el 8 de marzo sea un gran Paro Internacional de Mujeres.