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Red Internacional
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Violencia Machista. Celos, amor romántico y el aumento del machismo entre adolescentes

El aumento de machismo entre adolescentes se está dando a la par que la irrupción de las mujeres jóvenes en la lucha por sus derechos, que choca con la idea de una juventud pasivizada.

Verónica Landa

Verónica Landa Barcelona | @lierolaliero

Miércoles 23 de noviembre de 2016

Foto: Pan y Rosas

El conocido como mito del amor romántico sigue calando entre la juventud. La difusión de este y su naturalización en cine, música, literatura y publicidad son un bombardeo constante y una influencia para los y las adolescentes. Películas como ‘Tres metros sobre el cielo’, ‘Fuga de cerebros’ o ‘Promoción fantasma’, además de promover el mito del amor romántico y naturalizar los celos y las relaciones de posesión, recrean los roles de género tradicionales.

También lo hacen programas como ‘Mujeres, hombres y viceversa’ que hace poco tiempo volvió a levantar una campaña en su contra por los comentarios de uno de sus participantes por apología de violación alegando un “calentón”. O como ‘Chicos y chicas’ la versión adolescente de este mismo programa.

En los últimos años, las campañas contra la violencia machista han intentado llegar a las mujeres más jóvenes para romper con la idea de que una relación pasa por el control y la violencia. Ejemplo es la campaña ‘Hay salida’ que animaba a llamar al 016 con carteles contra el control del móvil y la pérdida de privacidad.

Los últimos estudios sobre violencia machista entre adolescentes muestran cómo la ecuación celos = amor está cada vez más asimilada e interiorizada en el discurso de las más jóvenes. Otra de las conclusiones de estos estudios, es que las generaciones más jóvenes al haber crecido en un ambiente de conquista de derechos por parte de las mujeres, no conciben la existencia de violencia machista en su entorno, dificultando aún más su detección y la posibilidad de cortar con ella.

¿Dónde queda la “generación de igualdad”?

Los estudios aportan datos que chocan frontalmente con el discurso de la “generación de igualdad” refiriéndose a las nuevas generaciones donde el machismo apenas se manifestaría. Sin embargo, en este discurso no está planteado que el machismo está ligado a la existencia de un sistema patriarcal, que se manifiesta en todas las instituciones y en todos los ámbitos de la vida: desde los centros de trabajo y estudios, pasando por la familia y las amistades, hasta la cultura.

El patriarcado es un problema estructural de esta sociedad capitalista y la conquista de algunos derechos democráticos, limitados en cuanto a cuántas mujeres beneficia y al tiempo en el que estén vigentes, no comporta la desaparición de la opresión y la violencia hacia las mujeres.

Sin negar que estos derechos conquistados gracias a la lucha de las mujeres son progresivos, aún nos enfrentamos a constantes ataques contra estos derechos conquistados, como el del aborto, lo que nos demuestra que ningún derecho bajo este sistema está garantizado para siempre y que pueden retroceder en cualquier momento.

El discurso sobre la “generación de igualdad” que nos han inculcado desde pequeñas, y pequeños, cuando vemos que no encaja con nuestra realidad empieza a tambalearnos porque seguimos explotadas y oprimidas, pero nos dicen que está bien, que no es para tanto. Que podemos votar y trabajar sin permiso de un hombre. Que ya no se acepta tanto la violencia machista. Que hay mujeres empresarias, presidentas, directivas. Que no hay más por lo que luchar.

Sin embargo, la realidad de la mayoría de las mujeres, las trabajadoras, las jóvenes y las inmigrantes, es otra. No cuadra con que la mayoría de trabajos precarios estén ocupados por mujeres. Ni con la diferencia salarial entre hombres y mujeres por el mismo trabajo. Mucho menos con que te despidan por quedarte embarazada o por conciliar vida familiar y laboral. ¿Y qué hay de las mujeres trabajadoras que cuando salen de sus trabajos comienzan una nueva jornada laboral, la del hogar? Un discurso que también choca que cada ocho horas una mujer sea violada. Con los 92 feminicidios de 2016, y los 1287 asesinatos de 2000 a 2010. Un discurso que choca con la realidad de las mujeres inmigrantes, triplemente oprimidas, sin acceso a la sanidad pública, consideradas “ilegales” por la reaccionaria ley de extranjería, atacadas por el racismo y la islamofobia. ¿Dónde queda entonces esta “generación de igualdad” para nosotras, las precarias, las jóvenes, las inmigrantes, las trabajadoras?

Sería injusto solo resaltar nuestra opresión sin hablar de la lucha de las mujeres. De la lucha de aquellas mujeres que pelean contra las patronales por sus derechos. De las que se organizan en centros de estudio y trabajo, de manera independiente a los intereses del Estado y sus instituciones. De las que batallan día tras día contra la criminal alianza del capitalismo y el patriarcado.

Este 25 de noviembre, tenemos una nueva cita en las calles para exigir nuestros derechos. Junto a las mujeres jóvenes, las trabajadoras y las inmigrantes, las compañeras de Pan y Rosas estaremos gritando que nos queremos vivas y libres de toda explotación y opresión.