La agrupación Rumbo Estudiantil negoció la licitación entre cuatro paredes. Hay 10 becas para 1300 estudiantes.
Sábado 25 de febrero de 2017
Al igual que el año pasado, cuando impusieron elecciones a Centro cuando finalizaron las clases, Rumbo Estudiantil vuelve a tomar decisiones a espalda de los estudiantes. Esta vez se trata de la concesión del bar de la Facultad. Decidieron apurar las modificaciones del contrato del bar, incluyendo menús cuyos precios rondarán entre los $50 y $70 y dos becas más de comida.
Ahora en total serán 10 becas a repartirse entre 1300 alumnos. Como si no fuese suficiente burla, Rumbo Estudiantil pidió que esas dos becas nuevas sean exclusivamente para sus militantes que abran la oficina del Centro de Estudiantes.
En una reunión de comisiones del Centro de Estudiantes, ocurrida ayer, la agrupación Lillo a la Izquierda (Juventud del PTS + Independientes) propuso democratizar la discusión para que todos los estudiantes participen en asamblea, para decidir qué resolver con las finanzas.
“Ante el llamado a licitación del bar de la Facultad, sostenemos que la forma de resolver sobre el futuro del bar es abriendo la discusión para que los estudiantes de manera democrática decidamos que es lo que necesitamos. Por esto proponemos que la discusión se de en época de clases y que se abran espacios en los cursos para discutir en profundidad. En el año 2013 el movimiento estudiantil, del que los estudiantes del Lillo fuimos parte, redactó de manera democrática en comisiones y resolvió en asambleas un proyecto de comedor universitario que contempla al Lillo, proponemos que se tome ese proyecto y se lo discuta. También proponemos que el contrato del bar se haga público y accesible a todos los estudiantes. La actual gestión del bar deberá presentar un balance público de costos, punto indispensable para pensar cualquier tipo de redacción de nuevo contrato”, plantearon en una moción.
Rumbo Estudiantil utiliza como pretexto la necesidad de juntar plata del bar para pagar las 10 becas de $70 que se reparten entre 1300 estudiantes. Argumentan, además, que la plata del alquiler de la fotocopiadora se destina a los viajes, algo de lo que se debería hacer cargo la Facultad, ya que los viajes son de carácter institucional.
Mientras la gestión de la decana Hidalgo nos niega los viajes de campo –o los hacemos en condiciones precarias– aludiendo que no tienen presupuesto. En el 2016 un sinfín de funcionarios y ex funcionarios de la UNT (el ex rector Cerisola, Sacca, Cudmani, entre otros) desfilaron por los pasillos de Tribunales implicados en causas de malversación de fondos por el monto de aproximadamente 400 millones de pesos.
Como métodos burocráticos, Rumbo Estudiantil arregla contratos según su conveniencia, encerrados entre cuatro paredes, a espaldas de los estudiantes. Hay ingresos pocos claros, que a lo sumo sirven para tachar algunos de los baches del Decanato.
“Hablar de ‘bar’ o ‘comedor’ no es una discusión para tomar a la ligera, es un factor que impacta directamente sobre la deserción estudiantil. Abrir una discusión en la Facultad sobre si los estudiantes necesitamos un comedor universitario con precios accesibles o un bar con precios que pueden pagar solo unos pocos es algo sumamente necesario”, señalaron desde Lillo a la Izquierda.