“Con esta que me sale así, al revés, no puedo escribir”. Y desde el primer día de clases, la ESE “está al revés”. Probamos copiarla, seguir la línea de puntos, acompañar su mano, cortarla en papeles de colores, pero la ESE está siempre al revés, aunque no deja de ser ESE. Y la ESE es el comienzo de su nombre, es la marca de la identidad, es la que tiene que usar todos los días en la rutina del cuaderno.

Virginia Pescarmona @virpes
Viernes 4 de mayo de 2018
“En realidad, la cuestión no reside en ser un maestro inspirado, porque esa inspiración no siempre llega al alumno. Más bien se trataría de hacer que los alumnos se entusiasmaran por sí mismos...” Lev S. Vigotsky
“Con esta que me sale así, al revés, no puedo escribir”. Y desde el primer día de clases, la ESE “está al revés”. Probamos copiarla, seguir la línea de puntos, acompañar su mano, cortarla en papeles de colores, pero la ESE está siempre al revés, aunque no deja de ser ESE. Y la ESE es el comienzo de su nombre, es la marca de la identidad, es la que tiene que usar todos los días en la rutina del cuaderno.
En "primerito" lo que pareciera sencillo, básico y universal como es la escritura de su propio nombre, o que disfruten de un cuento, no lo es. Difícil entender y explicar que sea tan difícil, hasta lo más sencillo. Pero la realidad es que trabajamos en medio de limitaciones inmensas donde el factor social dispone y determina todas las "deficiencias" tabulables y definibles.
Como escribió Vigotsky : "el desarrollo de cualquier proceso psicológico se desarrolla con instrumentos culturales (como el lenguaje, las matemáticas o los ordenadores) que mediatizan la actividad de los niños". El desarrollo está mediado por lo social y cultural...si condiciona obstaculizando, entonces se tratará de cambiarlo.
Pobre escuela pública
Según un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) “entre el 2016 y el 2017 la pobreza infantil multidimensional subió del 60,4 % al 62,5 %, es decir, aumentó un 2,1 %”. Como publicamos acá “esto significa que hoy en la Argentina hay 8 millones de niños y jóvenes con algún tipo de privación en su vida diaria”. Pero “La pobreza no es exclusiva del macrismo, la “década ganada” dejó a fines del 2015 29 % de pobres, según los datos de la UCA. Se recuerda que el Indec dejó de publicar la pobreza, y el kirchnerismo llegó a decir cosas irrisorias como que en Argentina había menos pobres que en Alemania”.
En relación a la educación "en el derecho a la educación medido en chicos de 4 a 17 años, se estima que el 19 % de los chicos/as, en 2017, registra privaciones en el espacio de la educación". Si lo sabremos, aunque sea intuitivamente. Y con esta realidad a cuestas miles entramos a las aulas a aportar “nuestro granito de arena”, porque la realidad es terrible y queremos que cambie, porque no soportamos más que la explicación para el fracaso, para el analfabetismo, para el bloqueo al desarrollo de funciones psíquicas superiores....sea una y otra vez la pobreza (en toda su dimensión). Tenemos la convicción de que los/as niños/as merecen que esto cambie...y con la certeza de que somos las/os adultas/os quienes tenemos que dar el paso adelante, “dar vuelta la tortilla” y proponernos tomar....el cielo por asalto.
La pobreza se concentra en las escuelas públicas a pesar del verso de la “pobreza cero”. Ajuste, inflación, tarifazos, despidos y bajos salarios. Un combo que ataca los elementales derechos de la familia trabajadora. Sumado a que desde los 90 las leyes y reformas sólo han aportado a la destrucción sistemática y creciente de la educación pública. Las condiciones laborales y los problemas sociales inevitablemente transitan los pasillos escolares y pesan sobre la decisión de muchos y muchas para optar por la carrera docente. Y encima pesa sobre nuestras espaldas y subjetividad esa idea de que somos “vagos”. Hoy hay docentes con título que abandonan la docencia y hay muchos docentes sin título, porque faltan y los estudiantes dan un paso al frente y empiezan a trabajar, lo que condiciona después, que sigan la carrera. Encima los gobiernos planean mayores ataques a la formación docente, más trabas para entrar, mayores obstáculos para transitar y que “lleguen los mejores”, según sus parámetros estandarizados y normas internacionales. Poco se critica un sistema educativo en cuyo formato aún permanecen características “modernas” comenianas de gradualidad, simultaneidad, etc como su núcleo duro de fundamentación teórica. Bajo rendimiento, repitencia, sobreedad, deserción o abandono escolar, desgranamiento, caída de la inscripción en las escuelas “mal calificadas” y superpoblación en las otras. Los/as “caídos en la educación pública” seríamos los que estamos fracasando. {{{Como en los maderos de San Juan, “piden pan, no les dan”}}} Hasta el pan han sacado en las escuelas más pobres de la Ciudad de Buenos Aires y en Mendoza las raciones se racionan dividen y los turrones se parten en dos, igual que las tortitas, y hasta los saquitos de té. Pero no es sólo pobreza de sueldo. Faltan equipos de profesionales, desde psicólogos hasta asistentes sociales. Trabajamos en cursos con variedad de niños integrados, superpoblación, sin maestros integradores o que pueden asistirnos, a lo sumo, una o dos horas por semana. Hay patologías graves y niveles de violencia muy generalizada. Por esto, la docencia se transformó es un trabajo insalubre cuyas consecuencias son múltiples. Enfermedades laborales que no están reconocidas como los problemas en las cuerdas vocales hasta el famoso síndrome de “cabeza quemada” (burnout). Si comparamos esta realidad con España o Francia lo primero que salta es que la semana laboral ronda las 18 horas frente a alumnos y cubre 10 horas extra clase con salarios muy por encima de la canasta familiar. Ni hablar de la inversión y régimen laboral de la tan mentada Finlandia. Recordemos que las maestras en el Nivel Primario de la Provincia de Mendoza trabajan cuatro horas y media por día frente a alumnos y les pagan, poco, y solo por cuatro. <img84489|center> {{{Escuela: caja de resonancia}}} Para la clase dominante, que controla, regula y financia el sistema educativo a través de sus políticos en la administración del estado, no hay ninguna intención de un “éxito escolar masivo y obligatorio”, sino el interés de mantener con un mínimo de recursos una enseñanza general para aquellos que pasarán a engrosar, desde su lógica, las filas de la mano de obra necesaria, y excedente. En esa escasez no hay sala de maestros, jornada de reflexión o recreo que no nos juntemos e intercambiemos sobre nuestras experiencias, éxitos y fracasos, y también alegrías y dolencias. Los medios de comunicación nos abruman con problemas que ya conocemos, pero repetidos hasta el cansancio en la TV parecen peores. El “sentido común” repite sin cuestionar la lógica de la eficacia y la eficiencia. En los
90 se impuso no sólo la idea de CALIDAD para la educación, sino de la necesidad de mostrar RESULTADOS, incuestionables, contrastable, estandarizables. Para lograr deshacerse de la responsabilidad que le compete al Estado imponen mitos o “sentidos comunes” que muchas veces se repiten sin pensar.
Hay uno que dice que el fracaso o éxito escolar es un problema individual: “psicológico”, “de conducta”, cultural, de motivación, capacidad, adaptabilidad, etc. Se dice que “los alumnos no quieren estudiar” que “tienen un problema psicológico”, que “no le da” y tantos más. El acento se pone en la incapacidad de aprender, adjudicando al sujeto un defecto. Pero las diferencias en el llamado “capital cultural” no tiene que ver con una voluntad meramente individual, ya que mientras los gobiernos le garantizan superganancias a empresarios locales y extranjeros, y la desigualdad social es la verdadera grieta de la “pesada herencia” y del presente, hablar de que “la educación es la base de una sociedad más justa“ no es más que una verdadera burla.
Sobre una supuesta igualdad de oportunidades y la obligatoriedad y gratuidad de la educación se olvida que para cada alumno la escuela pública es un derecho y la obligación es garantizar ese tránsito. Ni los programas únicos, ni la asistencia regular a la escuela, ni la gradualidad, significan igualdad de oportunidades. En una sociedad desigual no hay igualdad de oportunidades.
Otra idea es que el fracaso escolar es responsabilidad exclusiva de las familias y muchas veces se fracasa en la forma de entender qué es una familia, cómo debe funcionar o cómo debe ser su desempeño. Naturalizamos y olvidamos que las familias son todas distintas y las necesidades insatisfechas de las familias de nuestros/as alumnos/as también. Quién no dijo o escuchó sin alarmarse frases como: “llamás a un padre …pasan meses y ni aparecen.” “Y… ¡Con la familia que tiene!”. “Esa madre es un desastre.” “La escuela no es una guardería.” La falta de trabajo o alta precarización e informalidad, miseria y violencias de todo tipo atraviesan la cotidianeidad. La mayor parte de “las familias” que conocemos en la escuela son mujeres trabajadoras, que solas mantienen el hogar. Y muchas de esas mujeres son víctimas de maltrato y violencia, abuso sexual, etc. Las mujeres trabajadoras se llevan siempre la peor parte. Y ni hablar que esto es difícil que se cuestione desde el punto de vista pedagógico, como los roles femeninos de la crianza otorgados a las propias maestras, ya que la necesaria y legal ESI (educación sexual integral) sigue siendo una deuda más que pendiente de este y el anterior gobierno.
Pero, sin duda, la idea más generalizada es que el desastre educativo es responsabilidad de la escuela y en particular de sus docentes. Cuántas veces decimos: “No puedo hacer milagros”. “Me rompo trabajando y no consigo nada”. Y es cierto. Es una realidad: la escuela reproduce las desigualdades sociales, en los niños y sus trabajadores. “Estudiaste para ser maestra, ya sabías que ibas a ser pobre”. Y también reproduce la ideología dominante y transforma muchas veces la enorme entrega y compromiso de cada docente en escepticismo. La idea del esfuerzo individual, como medio de mejorar la propia vida se choca contra la muralla de la realidad y frente a esto algunos se esfuerzan por demás, tratando de romper lo inevitable, otros desisten y la mayoría se “resguardan”. Pero la respuesta no puede ser individual.
Maestras: creadoras de futuro
Ni el estudiante solo, ni la familia, ni siquiera la escuela aislada, ni la educación ni el sistema educativo por sí mismos pueden resolver estas desigualdades sociales que condicionan. Ni siquiera en una situación ideal en la que hubiese un 100% de escolarización para niños y jóvenes, se resolverían, ya que debemos tener en cuenta también que los niveles de rendimiento frente a los aprendizajes se encuentran fuertemente condicionados por las diferencias de acceso a la alimentación, a la vivienda, al trabajo, etc. Por eso habría que empezar por posicionarse contra la idea de éxito basado en el esfuerzo individual, la meritocracia y toda forma de educación en la competencia.
En un sistema social donde el trabajo es alienado el educador sólo desarrolla una parte de la actividad educativa y creadora que podría. Por eso el desafío que tenemos en la actualidad es poder enseñar y aprender en medio de las contradicciones sociales de nuestra época. Pero eso no significa que tengamos que comprometernos/resignarnos con una realidad miserable. Desde una perspectiva crítica y transformadora podemos confrontar y desenmascarar la ideología dominante, empezando por problematizar aquello que aparece como “natural”.
Ante una nueva oleada de reformas, fundamentada en los pésimos resultados de los operativos externos y estandarizados de evaluación, y una ofensiva mercantilista, meritocrática, expulsiva y de ajuste para la educación pública es necesario organizarse y luchar. Hay que participar y redoblar la lucha por la defensa de la educación pública, gratuita, laica y científica, exigiéndole al estado pleno acceso, tránsito y promoción, garantizando las mínimas posibilidades: becas, boleto gratuito, útiles y material didáctico, programas y propuestas pedagógicas diversas. Desde ya que para esto necesitamos más presupuesto educativo, lo que sería posible si dejamos de subsidiar la educación privada y religiosa, de pagar la deuda externa y aplicando impuestos progresivos a las grandes fortunas. Exigirle al estado que se haga cargo de financiar no significa que tenemos que dejar el control en manos de funcionarios que representan los intereses de la clase dominante, de los empresarios, de las cadenas editoriales, ni bajo la injerencia de los organismos financieros internacionales. De Carlos Marx a esta parte sostenemos que “eso de "educación popular a cargo del Estado" es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y, como se hace en los Estados Unidos, velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, y otra cosa completamente distinta es nombrar al Estado educador del pueblo! Lo que hay que hacer es más bien substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia”.
Necesitamos que la tortilla se vuelva. Ningún niño/a, adolescente, adulto/a sin escuela, ningún docente sin trabajo, ningún recorte o cierre. Queremos ser las y los trabajadores de la educación, las organizaciones obreras, los padres, madres, alumnas y alumnos, las y los profesionales comprometidos con los trabajadores y el pueblo quienes discutamos en un Congreso Pedagógico democrático qué educación queremos y necesitamos. Necesitamos recuperar el debate como herramienta, las organizaciones sindicales para la lucha y que las experiencias que venimos acumulando en décadas de lucha por la educación pública se transformen en acervo colectivo, en fuerza social de cambio y nos convirtamos en creadores de futuro.

Virginia Pescarmona
Docente, Corriente 9 de abril/Lista Bordó, Mendoza