El asesinato de una trabajadora de limpieza, en un acto encabezado por Fittipaldi (secretario general de Soelsac) en el club Yapeyú, pone nuevamente al descubierto las prácticas patoteriles de conducciones sindicales aliadas al gobierno y las patronales precarizadoras.
Martes 12 de septiembre de 2023 22:37

Como se sabe, los hechos que terminaron con el asesinato de Gabriela se dieron en el contexto de una disputa interna de poder entre la conducción oficialista de Sergio Fittipaldi (secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Limpieza y Servicios Afines de Córdoba y líder de las 62 Organizaciones peronistas, brazo sindical del PJ de Córdoba) y la lista opositora que aspira a sucederlo, encabezada por Franco Saillén (de la Comisión Directiva del Surrbac). Quienes hasta ayer fueron socios en los negocios, hoy se enfrentan por cuotas de poder en el sindicato, mientras las trabajadoras de limpieza sufren una brutal explotación y precarización laboral y cobran uno de los salarios más bajos del sector privado.
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Lo dijo claramente la hermana de Gabriela en la movilización convocada por familiares, vecinos del barrio y trabajadoras de limpieza: “El trabajo mató a mi hermana. Fittipaldi se abusaba de la necesidad que teníamos. Nosotros estábamos acá (en el acto) porque nos hacían firmar contratos cada 3 meses. 3 años hace que trabajaba mi hermana y le renovaban contrato cada 3 meses. El sindicato y la empresa nos robaba. 120 mil pesos cobraba mi hermana y trabajaba 44 horas a la semana”. Una fuerte denuncia a las prácticas de hostigamiento y persecución de la conducción del gremio garante de la explotación laboral que imponen de las empresas del sector. La misma bronca vital expresaban cientos de trabajadoras y trabajadores de limpieza en la movilización del lunes hacia la sede del sindicato donde coreaban “¡asesinos, asesinos! en alusión a Fittipaldi y su pandilla.
Sergio Fittipaldi, cómplice histórico de la informalidad laboral en el sector de la limpieza, instigador de los despidos persecutorios a trabajadoras que reclamaron un salario digno en el año 2020, es la expresión de lo más rancio de la burocracia sindical de la provincia. Aquí, un breve repaso por su trayectoria.
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De barrabrava a hacer negocios con el fútbol
Después de integrar las filas de La Fiel, la barrabrava de Talleres que contara entre sus fundadores a los hermanos Mestre, el ascenso sindical de Fittipaldi estuvo ligado al padrinazgo de Mauricio Saillén del SURRBAC. Desde 2005 pertenece a la conducción del SOELSAC, primero como su secretario Gremial y luego como su secretario general.
Desde allí usó su posición sindical para diversificar inversiones sponsoreando primero y luego llegando a la Presidencia del Club Argentino Peñarol de barrio Argüello, que encabeza desde el año 2015. En Peñarol su gestión está caracterizada por una mayor profesionalización sustentada en un volumen de inversiones inédito en la historia del club.
Es común que los dirigentes sindicales gestionen los clubes de fútbol como empresas para expandir sus negocios, por un lado, y para la construcción de espacios propios de poder (de ahí las estrechas relaciones entre patotas sindicales y barrabravas).
Ahora bien ¿de dónde sacó Fittipaldi, dirigente de un sindicato cuyo promedio salarial ronda hoy los 120 mil pesos, los fondos para el financiamiento del club? Quizás haya sido de los negociados comunes entre empresas y las distintas gestiones de Unión por Córdoba, que lo tuvieron como un aliado incondicional a lo largo de los años.
Públicamente Fittipaldi dijo expresiones como “no vivimos del aporte de los afiliados sino de las empresas”. A confesión de parte….
Garante de la precarización laboral
La privatización, vía empresas que tercerizan, de las áreas de limpieza en los edificios públicos avanzó y se consolidó en estas décadas como parte del proceso más general de ajuste estatal que encabezó Unión por Córdoba desde 1999 con la llamada “modernización del Estado”, que incluyó la tercerización de servicios que anteriormente estaban en la órbita estatal.
Para la limpieza de escuelas, hospitales y las distintas dependencias públicas el Estado pasó a contratar empresas que mantienen a sus trabajadoras y trabajadores bajo distintas formas de precarización laboral como la contratación, la tercerización y el trabajo no registrado.
Es común entre las empresas del rubro la práctica fraudulenta de despedir y recontratar los mismos empleados cada vez que cambian de razón social como forma de licuar el proporcional por antigüedad de los trabajadores. Como si todo fuese poco, el rubro está controlado por grupos empresarios con vínculos estrechísimos con el peronismo gobernante. Como señala una investigación del periodista Sergio Carreras, desde hace 20 años el grupo empresario Guba SA (antes denominado Compañía Argentina de Limpieza, fundado por un núcleo de dirigentes del PJ), se hizo con el negocio de la limpieza de los edificios públicos a través de convenios con el Gobierno de Unión por Córdoba, por entonces bajo la gestión de De La Sota.
Los estrechos vínculos con el delasotismo le permitieron a este grupo empresario no sólo quedarse con el 60 % de los contratos de limpieza con instituciones del Estado en licitaciones dudosas, cuyos resultados eran conocidos de antemano, sino también ramificarse a la recolección de residuos de la mano de COTRECO. Lo que implicó grandes negocios para las empresas y el Estado (que de ese modo se aseguró a lo largo de décadas la reducción de la planta estatal) se tradujo en un proceso de creciente pérdida de derechos y pésimas condiciones laborales para los trabajadores del sector.
Además de padecer las distintas formas de contratación fraudulentas, reciben un salario bajísimo, que hoy oscila entre 100 y 120 mil pesos. Fittipaldi fue la pata sindical que actuó como garante de esta estructura de precarización y salarios de hambre.
Actualmente, se calcula que son aproximadamente 23 mil los trabajadores encuadrados en la actividad de limpieza. Sobre las condiciones de los trabajadores del sector Fittipaldi dijo en una entrevista reciente: “Cuando empecé en el 2005 el 70 % de lo que había en ese momento era trabajo informal, trabajo en negro. Hoy te puedo decir que el 90 % es trabajo genuino, legal y tenemos un 10 % que aparecen empresas que contratan gente, los tienen en negro y desaparecen. Esas empresas no duran en la actividad nada, hoy tenemos una actividad fuerte gremial y le damos pelea al trabajo en negro”.
Vale una aclaración: las formas de precarización del trabajo que vulneran derechos de los trabajadores como la tercerización y la subcontratación son legales.
En eso consistieron justamente las distintas reformas laborales que de los 90 hasta acá ningún gobierno revirtió y que convalidan las conducciones sindicales. Rubros como el de limpieza fueron integralmente reconvertidos bajo formas de empleo precarias en dos formas centrales: empresas de trabajo temporal, cuya función es la de contratar trabajadores que se desempeñarán en otras empresas por un período de tiempo determinado; y la existencia de contratistas bajo la modalidad outsourcing, es decir empresas que ejecutan una determinada obra o servicio para otra empresa, dentro o fuera de esta, pero con sus propios trabajadores e implementos.
Las contratistas tienden a su vez a transferir la realización de ciertas fases o tareas a otras empresas, conformándose redes de subcontratación que implican formas de flexibilizar y precarizar el trabajo. Es justamente el modelo de trabajo que defiende Fittipaldi, y que sólo tiene para exhibir como “éxito” uno de los convenios más flexibilizadores y con el promedio salarial más bajo del sector privado. Pero además de todo esto, como lo sabe cualquiera que se haya desempeñado en el sector, allí abunda el trabajo que directamente carece de cualquier registración, es decir, en negro.
Son miles las y los trabajadores de limpieza que están en esta condición, siendo los más expuestos a quedarse sin trabajo apenas lo deciden sus empleadores. En este contexto, resulta de mínimo hipócrita que hasta la actualidad la conducción del sindicato mantenga un convenio con la UNC para “capacitar en seguridad laboral” a los trabajadores de limpieza, cuando justamente la conducción permite condiciones laborales que los exponen a todo tipo de riesgos.
Al servicio del Gobierno provincial
Decíamos al comienzo que el ascenso sindical de Fittipaldi se produjo gracias a su alianza con Mauricio Saillén del Surrbac (padre de Franco, su actual rival). En 2011, Fittipaldi apoyó la creación de la CGT “Nacional y Popular” Rodríguez Peña encabezada por Saillén, un reagrupamiento sindical kirchnerista que se diferenció de la CGT oficialista, por entonces conducida por Omar Dragún y José Pihen, más abiertamente delasotista.
Su acercamiento con Saillén contó con el auspicio del abogado Ricardo Moreno, secretario político de las 62 organizaciones peronistas y muy cercano al Gobierno provincial, en el que actualmente se desempeña como asesor de gabinete del Ministerio de Coordinación. Ricardo Moreno, conocido entre otras cosas por ejercer la defensa de policías en casos de gatillo fácil (como el asesinato de un vendedor ambulante con diagnóstico de esquizofrenia a manos de un agente de la Policía de Córdoba) fue el histórico abogado de Saillén, y terminó abandonando a su representado cuando éste cayó preso con una causa por asociación ilícita y lavado de activos. ¿Una “entregada” de sus hasta ayer amigos que le “soltaron la mano”? Es posible. Lo cierto es que Fittipaldi se alejó de todo perfil kirchnerista y hoy compite al interior del sindicalismo cordobés por ver quién logra mostrarse más cercano y obsecuente con Schiaretti.
Las 62 organizaciones, fracción sindical que lidera, buscaron posicionarse como las más schiarettista, compitiendo contra Pihen por liderar la CGT Córdoba en las elecciones de 2019. En aquel momento, consultado por cómo debía ser la próxima CGT, dijo en una entrevista “Esta CGT que se viene para empezar tiene que tener consenso con el gobierno provincial. En el caso particular mío, lo tengo, tengo muy buena relación con el Gobierno. El Gobierno de Córdoba ha hecho muy buen trabajo, lo veo al viajar a otras provincias porque Córdoba no sintió el cimbronazo de esta situación que hoy está viviendo el país.” En una provincia que hace años está entre los primeros puestos de informalidad laboral, desocupación y pobreza, el desafío de la central obrera para Fittipaldi es ser aún más obsecuente con el Gobierno provincial responsable de esa situación.
Blando con el Gobierno y las empresas, duro contra quienes se organizan
En el año 2020, Fittipaldi sumó un nuevo capítulo en su trayectoria de entregas de las trabajadoras. En un contexto de fuerte retraso salarial y donde la pandemia había expuesto a las y los trabajadores al contagio, la gota que rebalsó el vaso fue el anuncio de la conducción del sindicato de que había cerrado una paritaria del 53 %. Una forma engañosa de presentar un acuerdo que en términos reales era del 12,5 % hasta enero del 2021.
El descontento entre las trabajadoras y trabajadores abrió camino a la organización, buscando evadir no sólo la persecución empresarial sino también la sindical. A pesar de los intentos de amedrentamiento (que incluyeron amenazas mafiosas abiertas de Fittipaldi a la izquierda, tras lo cual fue vandalizado el local del PO), las movilizaciones de autoconvocados se mantuvieron semana tras semana en el centro de la ciudad.
Frente a la organización, la conducción respondió con hostigamientos y dejando correr los despidos persecutorios contra un grupo de activistas, entre ellos la principal referente de los autoconvocados.
En aquel momento, el apoyo en su lucha por la reincorporación no vino de la cúpula del sindicato sino de múltiples sectores que también se organizaban desde abajo frente al abandono de las conducciones sindicales. Trabajadoras del PAICor que luchaban por la continuidad laboral, jóvenes trabajadores de Call centers, gastronomía, deliverys, entre tantos otros que buscaron la coordinación de luchas. De aquella experiencia quedaron conclusiones muy importantes para retomar hoy, donde la pelea contra el ajuste que se profundiza plantea la acuciante necesidad de organizarse para echar a las burocracias sindicales de los sindicatos y recuperarlos como verdaderas herramientas de lucha de los trabajadores.]

Redacción
Redacción central La Izquierda Diario