Se trata de cuatro ex integrantes de la policía salteña. Calixto Zalazar, trabajador municipal, fue secuestrado en septiembre de 1976 y llevado a la Comisaría Cuarta, donde fue asesinado a golpes. El tribunal calificó el caso como un crimen de lesa humanidad.
Sábado 18 de diciembre de 2021 16:08
El Tribunal Oral Federal N°1 de Salta, integrado por Marta Liliana Snopek , Federico Díaz y Mario Marcelo Juárez Almaraz, condenó a prisión perpetua a cuatro exjefes policiales por el asesinato de Calixto Zalazar, trabajador del Matadero Municipal de la capital provincial.
Los condenados son Virtom Modesto Mendíaz, exjefe de la Policía salteña; Joaquín Guil, exdirector de Seguridad; Roberto Arredes, exjefe de la Dirección de Personal; y José Manuel Reinoso, quien estaba a cargo de la Comisaría Cuarta al momento del hecho.
El tribunal consideró a los cuatro acusados como autores de los delitos de privación ilegítima de la libertad en concurso real con homicidio calificado por alevosía. Asimismo, ordenó que se mantenga la prisión preventiva sobre los condenados.
El fallo, conocido el pasado viernes, no hizo lugar al pedido de las defensas, quienes cuestionaron la competencia federal por entender que los delitos no revestían el carácter de lesa humanidad; controversia que se dio a lo largo de toda la causa. La acusación enmarcada en delitos de lesa humanidad fue confirmada en agosto de 2018 por la Sala III de la Cámara Federal de Casación Penal, que dispuso la realización del debate en el fuero federal.
La muerte de Zalazar comenzó a ser investigada a partir de la denuncia de uno de sus hijos el 27 de agosto de 2009.
La fiscalía, a cargo de Carlos Martín Amad del Área de Derechos Humanos de la Unidad Fiscal Salta, pudo establecer que Zalazar fue detenido los primeros días del mes de septiembre de 1976 y alojado en dependencias de la ex Comisaría Cuarta, que funcionó como un centro clandestino de detención.
De acuerdo con la acusación, Zalazar fue sacado del calabozo debido a sus constantes protestas y llevado al patio. Allí fue castigado y lo remataron de un “culatazo” en la nuca, crimen que fue presentado luego por los acusados como un hecho producto de un enfrentamiento entre “grupos subversivos”. Su cadáver fue trasladado a un terraplén de Villa Primavera, en un extremo opuesto a donde residía la víctima, donde fue abandonado envuelto en una bandera y con una ametralladora sujeta en la mano.
Para el fiscal, se utilizó esta modalidad con el único objeto de presentar a la víctima como un “enemigo” de la sociedad, una estrategia que era parte del esquema represor. Amad puso de relieve que, no obstante, y pese a haber muerto dentro de una dependencia policial, no hubo una investigación. “Tuvieron que pasar 45 años de su muerte, para que sus familiares pudieran asistir a este juicio y decir la verdad sobre lo sucedido”, agregó el fiscal.
Fuente: web del Ministerio Público Fiscal