En la tarde del miércoles 7, con sol y agua vencida, se realizó el acto de entrega de 91 viviendas en el barrio Pereyra Rosas de la zona norte de la ciudad, con la presencia del gobernador Sáenz y el ministro nacional Jorge Ferraresi, quienes fueron cuestionados por las y los presentes.
Domingo 11 de julio de 2021 22:01
El miércoles pasado, en medio de una tarde soleada y calurosa, mi familia tuvo acceso a la llave de nuestra vivienda que está ubicada en la etapa 1 del Pereyra Rosas. Hace 4 años nos habían dado la pre adjudicación pero hace casi 30 años que mi mamá y papá se inscribieron.
Agua vencida
Después de muchas idas y vueltas de parte de las autoridades del IPV (Instituto Provincial de Vivienda) y del Gobierno provincial, a cargo del peronista Gustavo Sáenz, llegó el día de entrega de llaves. Nos citaron a las 15 h, pero como para no perder la costumbre de demorar todo nos hicieron esperar. La demora y el agotamiento de los adjudicatarios se expresó en un aplauso a modo de "apurar" el inicio del acto porque lo único que nos importaba era recibir las llaves de nuestras ansiadas casas y ya llevábamos más de una hora de espera.
Para calmar la ansiedad y el calor que sentíamos, porque las sillas estaban en el sol, nos ofrecieron botellas de agua con fecha de vencimiento caduca, la primera de las burlas que vendrían después. Alrededor de las 16 y 30 h, llegaron camionetas lujosas. Allí venían las autoridades: Sáenz, el ministro de Desarrollo y Hábitat de la Nación, Jorge Ferraresi, y el presidente del IPV, Gustavo Carrizo.
¿Bombos y platillos?
El gobernador inició su discurso diciendo que estaba orgulloso de entregar las viviendas "en tiempo y forma". Nos miramos entre los vecinos y vecinas y lo sentimos otra burla. Justamente el tiempo no era algo de lo que debería sentirse orgulloso él ni ninguno de los Gobiernos anteriores, como el de Juan Manuel Urtubey o Juan Carlos Romero.
Sáenz hizo mención a que su Gobierno sí se compromete, haciéndose el distraído sobre su gestión en la que las mujeres y niñxs del asentamiento Los Pinos fueron desalojadas, entre tantas otras familias que se ven obligadas a ocupar un pedazo de tierra para vivir en una provincia que tiene un faltante de casi 90 mil viviendas.
También, saludó a los empresarios que son parte del negociado de los planes de viviendas. Dijo que "siempre están ahí comprometidos y al pie del cañón" pero no dijo nada acerca de que las casas que pagaremos en cuotas mensuales durante 30 años con aumentos bastante confusos no tienen precio fijo, algo que aumenta el negocio redondo.
A su turno, Ferraresi acercó el saludo del presidente Alberto Fernández y aseguró que "el objetivo de este Gobierno es garantizar el derecho a la vivienda para lograr igualdad". Pero, según los anuncios del propio ministro este domingo en un medio local, planifican construir solo 2000 viviendas para este año en la provincia. Mientras el Gobierno nacional es el que pesito a peso le entrega todo al FMI y los acreedores extranjeros, como hizo el pasado 9 de julio.
¿Hablamos por hablar?
Al finalizar los discursos y las firmas, los funcionarios procedieron a entregar por fin las llaves familia por familia. Entre emoción, varias cámaras de fotos y filmaciones bastante selectivas, una vecina pudo decirles al gobernador y al ministro que "esperamos que las cuotas sean realmente accesibles, ya que vecinos de otras etapas del mismo barrio pagan ya $10 mil pesos por mes", algo que con salario de miseria es imposible pagar. Ante eso, compinches, Ferraresi balbuceó que "la gente habla por hablar" ante lo que Sáenz contestó con un: "no se preocupe, las cuotas no son altas". Claro, para Sáenz $10 mil al mes no es nada, y para Ferraresi el reclamo de la gente no tiene importancia y no es más que un rumor. Así es la realidad de los políticos que viven como esos empresarios de la construcción.
Pero la realidad es que los adjudicatarios de las etapas entregadas a principio de año pagan cuotas que equivalen a la mitad del sueldo de muchas de las familias trabajadoras del barrio, sabemos que aumentan cada 6 meses pero nunca vamos a poder saber cuánto. De hecho en las carpetas que nos entregan junto con las llaves y todos los papeles de la casa, no hay ningún reglamento o resolución dónde nos informe sobre las cuotas. La sensación que nos queda es felicidad porque por fin tenemos un techo propio tras muchos años de espera, pero también nos queda la incertidumbre de no saber si nuestro sueldo o pensión se irá por completo en la deuda con el IPV o si nos dejarán un pequeño margen para comprar materiales y hacer que nuestras casas sean un poco más cómodas.
Por eso, con las y los vecinos seguimos organizadas en grupos de whats app para ver cómo seguir con nuestros reclamos y demandas, que nos unen con cientos de miles en todo el país. Hay que pelear por un plan de obras públicas, que incluya la construcción de viviendas para todas y todos los que las necesitemos, con cuotas fijas con un monto proporcional a los ingresos de cada familia, y que permita también generar trabajo con derechos en una provincia donde en la juventud 9 de cada 10 laburamos en forma precaria.