Miércoles 26 de noviembre de 2014
Durante años la juventud del PTS organizó viajes desde todo el país para conocer la experiencia de Zanon, aprovechando como "excusa" los festivales masivos sin policía organizados en el playón de la fábrica. Hoy en Neuquén nos toca el recorrido inverso: de Zanon a Donnelley. En el marco del acto del PTS en Argentinos Juniors, nos preparamos compartiendo una jornada con René (obrero) y Erica (de la comisión de mujeres), para conocer la continuidad de la histórica lucha de Zanon, nada menos que en la zona norte del Gran Buenos Aires.
Zanón, una trinchera...
En el marco del 2001, de las masas echando a 5 presidentes en pocos días, de decenas de caídos, del "piquete y cacerola", Zanón fue la más avanzada de las experiencias de "fábricas recuperadas" por sus trabajadores. Y fue la más avanzada, no por la importancia de su producción en el sector. Fue la más avanzada porque combinó "producción y política". Porque fue vanguardia clasista indiscutida del movimiento obrero a nivel nacional, incluso con gran reconocimiento a nivel internacional.
Los ceramistas estuvieron en todas las luchas obreras contra burócratas, patrones y gobiernos a lo largo de una década. Soldaron la unidad con el pueblo mapuche, que a su vez colaboró con la gestión obrera cuando nadie quería proveerles la arcilla. Con el movimiento de desocupados, que aguantó los intentos de desalojo de la fábrica. Cuando tuvieron la posibilidad, hicieron ingresar a trabajar a decenas de compañeros piqueteros. Con los estudiantes, logrando un "pacto obrero - universitario" con la Universidad Nacional del Comahue. Con todos ellos pusieron en pie la "Coordinadora Regional del Alto Valle". Lograron una popularidad tal, que hasta las personas privadas de su libertad en la U11 donaron durante 3 días su ración de comida para que no quiebren su lucha.
Zanón demostró la actualidad de las ideas de los revolucionarios, después de una década de derrotas. Porque su programa nunca fue simplemente hacer una cooperativa. La "fusión", de la que muchos hablan, entre la izquierda y el movimiento obrero, se dio en pequeño en Zanón: los obreros tomaron en sus manos consignas del Programa de Transición de Leon Trotsky, propuestas por el histórico dirigente de la fábrica y del PTS, Raúl Godoy. Consignas que condensaban la única salida posible para los obreros y sus familias, como la apertura de los libros contables o el control obrero. En Zanón se violó la propiedad privada. Incluso organizando la defensa frente a la policía y las patotas de la burocracia montista.
Pero más aún. El programa que levantaron los obreros de Zanón fue el de expropiación y estatización bajo gestión obrera de la fábrica, para ponerla al servicio de la comunidad, de un plan de obras públicas, etc. Y siempre aclarando, su ala revolucionaria, que una gestión obrera no puede ser una isla en un mundo capitalista. El propio estatuto del SOECN (opuesto por el vértice a la burocracia sindical, que plantea la rotación de los dirigentes, el mandato de asamblea, etc), se ubica desde el reconocimiento de la lucha de clases, reconoce a la clase obrera como un todo sin fronteras, y plantea como principio una sociedad "sin explotados ni explotadores".
Mientras el Estado financia a las patronales que se fugan con los préstamos (como fue el caso de Cerámica Neuquén), a los obreros les dan miles de vueltas con los créditos que son la única manera de renovar la maquinaria (y por la que se dieron las últimas movilizaciones de los ceramistas). Las gestiones obreras son una "escuela" hacia la expropiación del conjunto de la burguesía en función de una planificación racional de la economía.
Mucha agua pasó bajo el puente en esta década. Con un crecimiento económico sin precedentes, el gobierno de Néstor primero, y el de Cristina después, supieron tomar el pulso a las masas que habían hecho tambalear el régimen. Agarrando algunos de los problemas más sentidos (más cosméticamente en la práctica que en el discurso), como la enorme desocupación, la impunidad de los genocidas y represores, o el repudio al FMI, el gobierno se propuso recomponer el poder de un Estado en crisis.
Pero la contracara del crecimiento fue un ejercicio cada vez más ágil de lo que parecía un sujeto desaparecido de la escena: el movimiento obrero. Al calor de esa experiencia que sólo se haría más visible hacia el final de la década, y aprovechando las fisuras que dejaba el relato nacional y popular, se fue desarrollando una generación militante a la izquierda del kirchnerismo, en las universidades, colegios y fábricas. La masacre de Cromagnón, la lucha del Garraham, Subte y Lafsa, la militarización de Las Heras tras la lucha de los petroleros, la desaparición de Jorge Julio López, el asesinato de Fuentealba, la lucha del Jabón Federal, el Casino, Mafissa y luego, con más repercusión, Kraft. La desaparición de Luciano Arruga, el asesinato de Mariano Ferreyra.
No es cierto que la juventud haya despertado a la política con la Cámpora ni tras la muerte de Néstor. Esa es la militancia abrazada a la burocracia del Estado capitalista.
Como dijo hace poco Raúl Godoy en una entrevista, fue un sin número de pequeñas batallas la condición previa para el surgimiento del Frente de Izquierda como fenómeno político de una minoría importante de masas.
Hoy, tanto a nivel internacional como en nuestro país, se discute cuánta crisis económica hay. Acá se espera saber, en todo caso, si CFK arregla con los buitres o no. Si es posible una nueva etapa de fabulosas ganancias para las grandes multinacionales que, como Chevron, al tiempo que hipotecan el futuro de la juventud, permitan un nuevo ciclo de "endeudamiento soberano". Pero no se discute cómo resolver los problemas estructurales de la juventud. Se acabó el "nunca menos". Y más allá de que el kirchnerismo "progre" pueda tener alguna sobrevida como corriente relativamente independiente (de Scioli) u opositora (de Massa o Macri) a la derecha que se prepara para gobernar, queda claro que lo que no cambió en los años de "abundancia", no cambiará sólo en los que vienen.
Para la juventud no proponen otra cosa que precarización en el trabajo, en la educación, en la salud... en la vida. Cada vez se hace más difícil para los jóvenes de familias trabajadoras mantener un estudio. Ni hablar de "emanciparse" o acceder a la vivienda propia. La juventud sigue siendo la principal víctima del gatillo fácil y la persecución policial. Las mujeres adolescentes, son las que ponen la mayor parte de las muertes por abortos clandestinos (mientras que el nuevo Codigo Civil pactado con Bergoglio aleja aun mas la posibilidad de conquistar el derecho al aborto). El acceso a la cultura, el ocio, al arte, al esparcimiento, son "privilegios" a los que acceden cotidianamente solo unos pocos. Y nada de eso está en la "agenda" de derecha hacia el 2015.
Hilos de continuidad
En los últimos años, de pequeñas luchas aisladas pasamos a los 3 primeros paros nacionales en gobiernos kirchneristas. Más allá de todas las limitaciones que les impuso la burocracia sindical, fueron expresión de un movimiento obrero con un poder recompuesto, que no se resigna a "menos" de lo que conquistó en esta década. El ascenso del FIT se da en sintonía con ese proceso. A su vez, las luchas duras como las de LEAR, encabezadas por la izquierda y en particular el PTS, ganaron simpatía de masas a nivel nacional, al expresar una consigna sentida como lo fue "familias en la calle nunca más", frente al ajuste gradual con despidos y suspensiones. Lograron poner en crisis al gobierno, que designó como nuevo "Ministro de Trabajo" de facto al Secretario de Seguridad Sergio Berni. Millones vieron cómo al calor de caranchos, servicios, detenciones y balazos, se deshacía como un castillo de naipes el discurso de "no represión de la protesta social". Y algunos miles de estudiantes organizados en su Centros, y trabajadores en sus comisiones internas y agrupaciones, participaron activamente, bancándosela en la Panamericana y protagonizando acciones de solidaridad en todo el país.
Es en ese marco que la experiencia de Zanón, luego de extenderse al resto de las cerámicas de Neuquén (Stefani, que acaba de conseguir la expropiación, y la más reciente Cerámica Neuquén) plantó bandera en en el corazón industrial de la Argentina.
Aunque todavía sea difícil "caer en la cuenta", Donnelley en sus pocos meses de gestión obrera, ya hizo historia. Incluso desde antes de la puesta en producción sin patrones: el paro contra la condena a los petroleros de Las Heras, la defensa incondicional de los contratados, la solidaridad con los barrios afectados por las inundaciones, la defensa de la compañera trans que pudo dar a conocer su identidad gracias a la solidaridad de los obreros... Son solo algunas de las luchas "políticas" que se destacan sobre las decenas de peleas económicas y sindicales que dieron con igual coherencia.
Desde hace 3 meses, demostraron nuevamente que las fábricas funcionan mejor fuera del yugo de la patronal. Con hechos concretos explicaron que su fábrica puede estar puesta al servicio del pueblo: donaron 10.000 cuadernos a las escuelas de la zona.
Su comisión de mujeres estuvo al frente de todas las luchas. Nada de "atrás de cada gran hombre hay una gran mujer". Esas grandes mujeres marchan a la par con los obreros. Luego de años de desarrollo (donde colaboraron con la organización de otras mujeres obreras), fueron vanguardia en el Encuentro Nacional de Mujeres de Salta. Ahora instalaron una juegoteca en las oficinas de los gerentes, esos que cuando dirigían la fábrica les decían a los obreros que no hacía falta una guardería porque todos los obreros eran hombre (claro, para ellos las mujeres, en la casa, limpiando y cuidando a los hijos). Todo un símbolo.
Los obreros y su comisión interna vienen jugando un importante rol de organización de las fábricas de la zona, expresado en el éxito del torneo que arrancaron hace unas semanas, con cientos de obreros. Empiezan a dar pasos importantísimos. La historia parece repetirse, pero en otras condiciones para el movimiento obrero y la juventud.
El valor de Zanón y Donnelley es mucho más que demostrar que una fábrica puede funcionar sin patrones. El valor más grande es servir de ejemplo. Al romper todos los esquemas, violando la sagrada propiedad privada, propagando la solidaridad de clase, dan aliento a la lucha por un mundo sin patrones ni explotadores. Son un a trinchera ganada en la lucha por la construcción de una izquierda de los trabajadores, las mujeres y la juventud, que se debe expandir como la peste en las fábricas, universidades, colegios y barrios. Es desde esa perspectiva que la Juventud del PTS se prepara para conocer en persona la lucha de Donnelley, en vísperas del acto del 6 de diciembre.