En estos días se debate en diarios, televisión y conversatorios sobre una posible flexibilización de la cuarentena para niños, niñas y adolescentes, tomando diferentes recaudos y modalidades. Según el anuncio de presidencia cada distrito o jurisdicción le daría valores concretos a cierta flexibilización para salidas breves. Desde La Izquierda Diario consultamos a diferentes especialistas en tema niñes sobre los impactos del aislamiento. Esta discusión, también está atravesada por la cuestión de clase, ya que como venimos afirmando: la cuarentena de muchos niños de familias trabajadoras, no es la misma que la de otro sector social.

Virginia Pescarmona @virpes

Federico Puy Docente | Secretario de Prensa Ademys
Domingo 26 de abril de 2020 20:08
Dialogamos con Susana Toporosi, psicóloga de la revista Topia; Corina Estrin, trabajadora del Hospital infanto juvenil Tobar García de CABA; Alicia Tomé, cientista de la educación de Rosario; Cecilia Carrasco, Profesora de la Facultad de Ciencia de la Educación de la UNCo; Carolina Sosa, Psicóloga de Mendoza; y Alina Baena, psicóloga especialista en niñez y adolescencia del oeste bonaerense.
Nadie puede negar que cambió todo: Escuelas, clubes, institutos, cerrados, plazas encintadas y la circulación restringida. Cumpleaños por videollamada, charlas por whatsapp y muchas horas de tareas escolares que llegan por distintos lados y formatos, en particular para quienes tienen la “ventaja” de tener conectividad. Todo metido en el espacio privado del hogar. Y, aunque autoricen “airearse un poco”, la niñez no dejará de estar atrapada, sin mucho derecho ni a voz ni a voto, entre la necesidad y deseo que “se termine todo esto de una vez”, el derecho a espacios de autonomía e intimidad y un afuera que el mundo adulto le explica, describe y define como “peligroso”. Incluso por cadena nacional le dirigen palabras a les niñes advirtiéndoles que son potenciales portadores de un virus que puede hacer mucho daño a sus abuelos, cargándoles la responsabilidad de la salud de quienes los rodean.
Y no se puede obviar que anuncio mediante del Gobierno Nacional, fueron las provincias e intendentes quienes pusieron freno a las medidas de flexibilización para salidas recreativas. El primero en salir a decir que no fue Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires y atrás Larreta de CABA y demás gobernadores de Córdoba, Santa Fé, Mendoza, etc. justamente en los grandes conglomerados urbanos, donde el peligro de saltos en los casos es más latente y donde más agudos son los problemas de hacinamiento y carencias.
En el aspecto educativo se da lo que la pedagoga Inés Dussel definió en una charla que brindó recientemente como “domesticación” del espacio escolar. Una idea de que todo se ha trasladado a la cocina, al comedor de la casa, en un proceso donde se han perdido “otros espacios”, donde ocurren “otras cosas”.
Muchas voces ya se han levantado y debatido en contra de este “confinamiento eterno” de la niñez, también aduciendo que no existe base científica que avale la idea que se trata de un vector de transmisión del virus, haciendo la distinción con adultos y poniéndolos en igual de trato que lxs adultxs mayores. Este segmento etario de la población, que requiere cuidado, atención y vigilancia se encuentra encerrado completamente y bajo la mirada de adultos de su familia, adultos de la escuela y adultos del gobierno. Y sobre todo de mujeres, sobre quienes recae sobre todo las tareas de cuidado.
Una nota aparte merece el trabajo de integración de niños y niñas que hoy se encuentra paralizado, y sus docentes y profesionales se encuentran sin cobrar. Ello es toda una complejidad que merece ser tratada en otra oportunidad.
Psicólogos, Psiquiatras, Pediatras, Licenciadxs en Ciencias de la Educación vienen opinando sobre lo que desde muchas familias se reclama: la necesidad de flexibilizar la salida de niños, niñas, niñes y adolescentes. Se habla de salud mental, bienestar físico, necesidad de espacios socializadores y públicos y de algún tipo de espacio de auto-representación y opinión propia. Ya se habla de trastornos de sueño, desaceleración del cuerpo, “hibernación cerebral”, entre otros conceptos. Incluso ya se acuñó el término pandennials para les bebés nacidos en este período.
Pero más allá de toda idealización, la realidad de hacinamiento en los sectores populares, convivir todo el día en una misma habitación con 4 o 5 hermanitos y sus familias, entre otras cuestiones, exceden el tiempo de pandemia, pero merecen una preocupación especial alrededor del desarrollo de los propios chicos y chicas.
El pedagogo y psicólogo ruso L. S. Vigotsky, en un texto muy interesante, “El papel del ambiente en el desarrollo del niño”, publicado en 1935, después de su muerte, sentenció: “Las mismas circunstancias dan como resultados cuadros completamente diferentes”; “En una experiencia emocional siempre estamos tratando con una unidad indivisible de características personales y situacionales…” Y esto depende de la edad, de las experiencias previas, de las herramientas, del contexto. Desde ese punto de vista, desde estas páginas alertamos, desde ya, que el Estado, más allá de resolver formalmente y otra vez por decreto, flexibilizar alguna salida para les niñes, que seguramente no resolverá la necesidad de conexión con sus pares, amigos y amigas, ni siquiera, necesariamente, resuelve la organización con sus hermanos, abriendo nuevas presiones en el seno de la familia, ni el conjunto de las problemáticas sociales de sus familias. Pero, además, salir un rato, o una hora, no implica que al volver la realidad cambie y resuelva los límites materiales, de hacinamiento, de pobreza, de falta de conectividad que agravan la situación.
El aislamiento social es una medida que puede ser efectiva en el marco de todo un plan integral. En sí, ya sabemos, no alcanza. La pobreza y la salud mental son un combo explosivo. Pensar la salud y bienestar integral de niños, niñas, niñes y adolescentes tienen que partir de un plan serio e integral desde el punto de vista de la salud, en términos amplios. Esto implicaría pensar desde la salud pública también la salud mental y todos los aspectos subjetivos y materiales. Además de ya saber que las ayudan no están llegando, que hay hambre, que no hay conectividad para todes para escolarizarse o socializar con otres. En ese marco una pregunta retórica: ¿están planificando para “el día después” el trabajo interdisciplinario con profesionales de la salud mental, del arte, de la pedagogía?
Desde una crítica a una mirada e imposición adultocéntrica por un lado, como expresa la autora Ewa Chmielewska, en su nota “ADULTOCENTRISMO. El confinamiento infantil no tiene base científica” se ponen reparos ante la insuficiente información sobre la circulación real del virus, falta de contención de situaciones violentas, de abusos, maltratos o desordenes y disfunciones de la vida familiar. Según las entrevistas e investigaciones que realizó Sofía Caram para Página 12, “Controlaba esfínteres y tuvimos que volver a los pañales”. “Empezó a tener tics”. “Volvió a agarrar el chupete”. “La encontré mirando a la pared y me dijo que estaba hablando con otras personas”. “Grita y llora muchísimo, se puso muy agresiva”. “Lo noto triste”. “Se hizo pis en la cama”. Los relatos de mamás y papás no dejan lugar a dudas.
Desde una situación similar, Luciano Lutereau Psicoanalista, en el programa “Pasaron Cosas” de la radio Va con vos, analiza cómo afecta la salud mental y emocional de los niños el aislamiento o confinamiento, pero opina que esto es coyuntural, en el sentido de que hay reversión de estos acontecimientos.
Abrimos las páginas de La Izquierda Diario a profesionales que opinan sobre el tema. Y lógicamente partimos de afirmar que la falta de una estructura sanitaria, test masivos e insumos materiales, tecnológicos, simbólicos, para todos y todas hacen más complejo el aislamiento y preanuncian una brecha cultural que la escuela del “día después” veremos si está en condiciones de abordar.
Para la psicóloga Corina Estrin, trabajadora del Hospital infanto juvenil Tobar García de CABA
“Por qué el tiempo tiene que ser siempre “productivo” … no están en la escuela sino en sus casas ...que ellos puedan salir es una respuesta puntual ante una parte ínfima del problema”.
“Las situaciones de encierro, traen aparejadas múltiples consecuencias, tanto para los niños como para los adultos. De por sí decidir, y mantener una situación de encierro implica un adoctrinamiento de los cuerpos que cambia los códigos de libertad y movilidad previos. La necesidad de salir y moverse, es una ilusión. Es beneficioso tanto para los niños como para los adultos, sin embargo no es allí donde radica la raíz del problema. Después de la vuelta manzana hay que volver al aislamiento y a todo lo que esto implica: normas higiénicas de entrada al hogar, miedos, encierro nuevamente, no saber cuándo va a finalizar etc”. Sobre los niños en esta situación de aislamiento se pueden pensar varios aspectos: información, contención y expectativas (de ellos y de los adultos) ¿Que explicarles? Mi apuesta es siempre transmitirles lo que sucede con un lenguaje adecuado y acorde a su edad, atendiendo la necesidad que tienen de conocer, saber y de preguntar. Transmitir, y lo más importante no es decir, sino estar atento y dispuesto a escuchar, y desde ahí dar respuestas, cuando no se sabe casi siempre, se magnifican las situaciones.
Por otro lado hay que entender que la situación que se está transitando tiene un carácter excepcional, imposible de imaginar más allá de una serie distópica, para los niños es del mismo orden. ¿Expectativas?, ¿que se hace con este tiempo? La demanda para con los niños es la misma que para la masa asalariada, estar ocupados. ¿y el tiempo libre?. Los chicos hacen schoolhome, produciendo saberes, continuando el ritmo escolar día tras día. ¿Es esto lo que necesitan? ¿Todos necesitan lo mismo? Me pregunto por qué el tiempo tiene que ser siempre “productivo” (...) No están en la escuela sino en sus casas con lo que esto significa para cada uno de ellos y para quienes los acompañan (...). Por eso ante la pregunta de si es beneficioso que ellos puedan salir: diría que sí, pero pensando los modos en que esto se implementaría. Por otra parte no puedo dejar de pensar que es una respuesta puntual ante una parte ínfima del problema que ellos están atravesando en este momento, siendo necesario pensar y planificar la respuesta a sus necesidades pero mirando la complejidad y profundidad de las situaciones que atraviesan, salir o no es solo una respuesta en un plano bidimensional.”
Susana Toporosi, Psicóloga, de la Revista Topía
“Lo que hace que se viva como una situación “encerrante”, pasarla mal, o que se viva como posible la posibilidad de esperar, depende de las condiciones de protección, sobre todo a los adultos”.
“Para ver los efectos del encierro en los niños, hay que analizar el nivel de dependencia del adulto, parten de la necesidad de apoyo para crear sus espacios, sus relaciones. En este sentido cómo pueden atravesar el encierro depende mucho de que haya un adulto que tenga disponibilidad para lo infantil., disponibilidad de tiempo, de interés y ganas de jugar, dibujar, ayudar, apuntalar que tenga encuentros con otrxs, al menos virtual. Un encierro se vuelve desbordante si no cuenta con nadie con esa disponibilidad. Y ahí hay que ver también qué pasa con los adultos y si ellos también tienen sostén de otros y de las cuestiones materiales, provisiones para cumplir su función materno-paterno, empezando por la alimentación, y las condiciones de vivienda, etc. También saber que después de este compás de espera hay una escuela a la que podrá ir, o un sistema de salud que pueda contener si necesitara de él. No es puramente psicológico el tema, hacen faltan condiciones y sostén desde el Estado y distintas instituciones que apoyen la tarea.
Lo que determinará si se puede salir o no dependerá de los responsables de salud, pero lo que hace que se viva como una situación “encerrante”, pasarla mal, o que se viva como posible la posibilidad de esperar, depende de las condiciones de protección, sobre todo a los adultos. La función fundamental es disponer de tiempo y material para darse el tiempo y no que los adultos solo puedan exigir que los niños se acomoden al mundo adulto.
Con respecto a los adolescentes hay otras cosas. Es una etapa distinta: de construcción de independencia. Necesitan espacio propio. Tienen que tener alguna forma de conexión e intimidad con sus pares, que no sea invadido. Ellos se apropian del tiempo nocturno, cuando pueden. Es el momento que pueden “tomar el espacio”. También necesitan un espacio compartido, pero sobre todo necesitan esa distancia con los adultos. Está obstruída la experiencia de estar un rato en un lugar fuera de la vista de la familia, y esto puede ser encerrante para los jóvenes”.
Alicia Tomé, cientista de la educación, de Rosario
“La marginalidad obliga a las personas a pensar en la subsistencia diaria, a juntar despojos para llevar algo de comer a les hijes, a quedar sin palabras frente a lo indecible de las realidades que tocan vivir”.
Se refirió a la cuestión y expresó que “Soy de la generación que creció con las primeras videocaseteras hogareñas. En mi casa el primer reproductor fue recibido con sorpresa, como si tuviéramos de pronto acceso a un tesoro. La película que más me encantó y que junto a mi hermana vimos una y mil veces fue La historia sin fin. Llena de poesía, nos contaba qué podía suceder en el mundo de fantasía si dejábamos de creer en las historias y personajes de nuestros cuentos…” “…Sin embargo, no todas las nenas y nenes crecen de la misma manera, algunes tienen la suerte de haber sido arrullades con nanas, de haberse ido a dormir con un cuento, de haber jugado con poesías y trabalenguas. Todo ese universo amoroso en forma de imágenes y palabras no sólo les acunan en la ternura necesaria para crecer, sino que va complejizando su universo simbólico y con ello su capacidad de pensar, de "hacer con ideas", de soñar. Pero hay otros hogares en los que la carencia extrema eclipsa la posibilidad de fantasear. La marginalidad obliga a las personas a pensar en la subsistencia diaria, a juntar despojos para llevar algo de comer a les hijes, a quedar sin palabras frente a lo indecible de las realidades que tocan vivir, a anestesiarse para soportar el dolor. Estas modalidades de existencia atentan directamente contra la capacidad de aprender y de soñar de las niñas y niños”.
Cecilia Carrasco, Profesora de la Facultad de Ciencia de la Educación de la UNCo
“Que el Estado nacional y provincial organicen equipos interdisciplinarios de estudio y seguimiento de los chicos, incluso de esos niños que están solos la gran parte del tiempo”.
“¿Alguien puede pensar en los chicos y chicas? Valentín tiene 10 años y mientras su mamá mira una conferencia de educación le pregunta:
V:- Ma´, ¿qué mirás?
M:- una conferencia de unos profes
V:- ¿y qué dicen?
M:- que los chicos pueden prescindir de la escuela y se puede seguir teniendo clases por internet, ¿vos qué opinas?
V:- ¿Y no vamos a ver más a los chicos? (haciendo alusión de sus compañeros/as de escuela)
La pregunta reiterada de cuándo vuelven a la escuela encierra un montón de posibilidades; en muchos casos no remite necesariamente al encuentro con el saber, más bien lo contrario. Volver a la escuela permite en el imaginario, hasta ahora un tanto lejano, volver a encontrarme con los/as compañeros/as, con los del grado, con los del otro grado, con los que van al taller de folklore, de teatro, etc.
Parece algo sencillo, una demanda que no es de las más importantes en este momento pero el lugar del juego al aire libre, fuera de casa, fuera del departamento, fuera del encierro y de la familia resuena cada vez más como un grito de auxilio.
Para los/as que venimos del campo de la educación, sabemos que el juego es un componente fundamental en el desarrollo psicofísico de las Infancias, que si bien existe el juego por el juego mismo, también el juego es un promotor de aprendizajes sustanciales, de los más significativos. En estos días leíamos a Francesco Tonucci, recomendar con el énfasis que la autoridad de su trayectoria educativa le otorgan, decir que en estos momentos se tiene que dejar a un lado el conocimiento escolar y sus formatos y salir al aire libre a aprender sobre el mundo.
La urgencia la ponemos los que sabemos pero también si estamos atentos a lo que empiezan a expresar las infancias en la intimidad de sus casas que los agobia. Este es el caso de Catalina de 9 años, que vive con sus cuatro hermanos una cuarentena que al comienzo no le molestaba tanto. Ahora la detesta, y quiere recuperar sus días de libertad junto con su hermana de 11 años que tenía todas las ilusiones de hacer de este año uno de los más emocionantes de su vida: “termina 7mo”.
Mateo, Sofi y Maite, también son hermanos, también están encuarentenados desde hace 40 días, viven con su abuela y saben que ser cuidadosos/as tiene que ver directamente con el cuidado de los más grandes, porque ellos no se enferman pero transmiten la enfermedad. Sofi dice que tiene ganas de tomarse un colectivo e ir visitar a alguien, no importa a quién, sólo tomarse un colectivo e irse.
(...) La cuarentena no solo les arrebató a los niños y niñas sus rutinas, también sus espacios independientes en los cuales ellos ponen sus reglas sin la mirada adulta las 24hs del día.
Aún no sabemos qué va a pasar con las configuraciones subjetivas de los chicos, cómo van a elaborar sus miedos, cómo van a exteriorizar sus frustraciones, qué palabras van a ponerle a todo esto (...) algún tipo de impacto se va a hacer carne en ellos y ellas, por eso mantener la mirada atenta y exigir que de mantenerse meses más la cuarentena se elaboren dispositivos de recreación fuera de sus casas. Que el Estado nacional y provincial organicen equipos interdisciplinarios de estudio y seguimiento de los chicos, incluso de esos niños que están solos la gran parte del tiempo y que en muchos casos su docente era su punto de referencia; también como una forma de sostener ese trabajo diario que hacían miles de docentes”.
Carolina Sosa, Psicóloga, Mendoza
“Acompañarles en la facilitación de espacios creativos, expresivos es una manera de estar presentes en su desarrollo. Habría que seguir pensando qué suscitan las coordenadas de encierro y cómo se expresan en los lazos sociales”.
Esta “situación de encierro ha provocado en la población general un malestar expresado en síntomas diferentes: incertidumbre, ansiedad, angustia, preocupaciones que acompañan a un vivenciar tenso y cambiante que agota muchas veces los recursos al alcance. Pensar el contexto de encierro y sus efectos en les niñes no es sin tomar en cuenta los lazos presentes, la posición, y dinámica familiar que instalan modalidades de ser y hacer con las que se las arregla y no, une niñe.
Hace unos días una madre consulta porque su hija estaba inquieta, hiperactiva, se aburría con facilidad -“se enoja por todo y no se que hacer, algo le pasa”- pues bien el malestar estaba claro de quién era y por otro quien le ponía el cuerpo al mismo. Lo traigo a modo de ejemplificar que las coordenadas de encierro son establecidas por un Otro, que puede tornarse impotente, ordenador , caótico, etc…
Esto no significa que une niñe no pueda manifestar miedos, angustia, u otros, ya que elles también deben de arreglárselas con lo que les acontece, pues aquí cuentan con un recurso que ha diferencia de otros sirve de las veces como garante: la fantasía. Allí cuando el Otro falla elles ponen en la escena del juego la solución. Es por esto que acompañarles en la facilitación de espacios creativos, expresivos es una manera de estar presentes en su desarrollo. Habría que seguir pensando qué suscitan las coordenadas de encierro y cómo se expresan en los lazos sociales, pues la cuarentena nos trae la agudización de un malestar (siempre presente), en el vínculo con los otros pero ahora frente al cual no tenemos escapatoria”.
Alina Baena, psicóloga especialista en niñez y adolescente del oeste bonaerense
“Particularmente trabajo mucho con infancias vulneradas, donde el "quedate en casa" se puede transformar para miles de niñas y niños en su peor pesadilla”.
"Cuando hablamos de infancia, lo primero es pensar en las infancias, ya que no hay una única manera de transitarla. En primer lugar no es lo mismo pensar las infancias y las adolescencias, ya que son etapas evolutivas que atraviesan diferentes momentos y con ellos, modos de afrontarlo.
En la infancia, la necesidad de poder relacionarse con otras personas que no sean su entorno más cercano permite ir desarrollando una autonomía a su psiquismo. Esto en la teoría, ya que (...) no es lo mismo una cuarentena de un niño, que tiene espacios para jugar y poder esparcirse, que un niñe que comparte el espacio con varias personas más, que sus juegos son escasos o nulos (...) no perder de vista la individuación de cada niñe. Su independencia, esa mirada que deja postergadas las necesidades de los niñes en esta cuarentena. La privacidad, sería entonces otro punto a desarrollar, y como se ve privada de esa capacidad de poder tomar alguna decisión, que siempre estará mediada por adultos (...) Yo particularmente trabajo mucho con infancias vulneradas, donde el "quedate en casa" se puede transformar para miles de niñas y niños en su peor pesadilla.
El maltrato y el abuso actúan peor que una pandemia, porque sucede muchas veces en el interior del hogar, y se encuentra implicado algún miembro de la familia cercano. Las estadísticas refieren que más del 50% de los casos denunciados de abusos, sucedieron al interior del hogar y en su gran mayoría de estas denuncias, son con familiares directo (...) Es en lugares extra familiares, de personas que hacen de red y pueden detectar o escuchar eso que no puede ser contado, el lugar que permite el develamiento para romper "el secreto". La escuela, siempre ha sido un gran receptor, y con la llegada de la ESI, se ha transformado en un lugar muy importante para esas niñas y niños que han podido buscar protección en lugares seguros, hoy esos lugares no están a su alcance. Las escuelas están cerradas, y si están abiertas de manera esporádica son personas adultas que se acercan a esas instituciones. La situación de encierro establece mayor dificultad para que esas voces sean escuchadas, y se puedan establecer formas de protección.
Hoy no hay estadísticas (que hablen de este momento) de denuncias sobre esta problemática. En general cuesta que las haya (...) lo que sí se sabe, es que han aumentado las denuncias en la línea 144 sobre violencia machista, que también ubica a les niñes en un lugar de espectadores de un escenario brutal”.

Virginia Pescarmona
Docente, Corriente 9 de abril/Lista Bordó, Mendoza