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OPINIÓN. ¿Dónde está la grieta?

El gobierno que decía combatir la corrupción K, destina más esfuerzos para reprimir mapuches, desalojar obreras y obreros de Pepsico, atacar a los docentes y mandar gendarmes y policías a las escuelas. Ayer Julio López, hoy Santiago Maldonado ¿A dónde está la grieta?

Cecilia Rodríguez

Cecilia Rodríguez @cecilia.laura.r

Jueves 31 de agosto de 2017

Últimamente, la famosa grieta parece haber cambiado de lugar. Las cruzadas judiciales contra Cristina Fernández de Kirchner, las maniobras en el escrutinio de Provincia de Buenos Aires y hasta el intento de desafuero de Julio De Vido parecen “enfrentamientos entre caballeros” si se las compara con la violencia que se desata desde todos los estamentos del Estado y los medios oficialistas ante los reclamos ancestrales de la comunidad mapuche. Violencia que llegó hasta la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

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La grieta, la verdadera, parece estar en otro lado. Quizá siempre estuvo en otro lado. Quizá siempre estuvo en la frontera sojera que se extendía en Formosa a fuerza de represiones, ataques y asesinatos orquestados por bandas de los terratenientes contra la comunidad Qom. El gobernador kirchnerista, Gildo Insfrán, fue la cabeza de esta política represiva, mientras Cristina Fernández se negó a recibir a los Qom. Los poderosos ganaron en tierras e impunidad. Sobre esta base previa, el gobierno macrista ataca con más virulencia, y evoca, como si escucháramos de vuelta hablar a Videla, una supuesta “violencia política” de parte de los que solo reclaman tierra y trabajo. Hay quienes escuchan y se envalentonan. Como ese terrateniente que, en Jujuy, le dijo a Néstor Jerez, cacique de la comunidad Aborigen Tilquiza: “te vamos a desaparecer como a Maldonado”.

Los originarios no son los únicos receptores de este odio de clase. Para eso, los que detentan el poder son generosos y reparten bilis democráticamente. Así como ayer Vidal atacaba a las maestras de la provincia -con argumentos similares a los utilizados por el gobierno anterior-, para imponer un techo salarial, hoy lanzan desde el gobierno una campaña contra el “adoctrinamiento” en las escuelas. ¿A qué se refieren? Nada menos que a la iniciativa espontánea de miles de docentes, tomada luego por sus organizaciones sindicales, para dar clases sobre el caso de Santiago Maldonado. Es decir, llaman “adoctrinamiento” a la sana costumbre de no callarse ante la desaparición forzada de un joven en manos de la Gendarmería y con la participación directa de un funcionario de gobierno, Pablo Noceti, segundo de Patricia Bullrich en el Ministerio de Seguridad.

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Así como ayer Esteban Bullrich se jactaba de “meter un pibe preso por día”, hoy llegan noticias de policías que entran en escuelas tomadas de la Capital Federal para amedrentar a estudiantes secundarios, o denuncias de gendarmes pidiendo documentos y confeccionando listas en un terciario de artes de Mar Del Plata.

Y hace poco vimos también escenas de represión a los trabajadores de Pepsico, que evocaron las ya duras represiones vividas bajo el kirchnerismo contra los trabajadores de Kraft y Lear. En este caso, las obreras y obreros de Pepsico, al igual que los mapuches, fueron tildados de delincuentes que estaban “ocupando” la propiedad privada. En el Sur, es la propiedad de Benetton, al que se le cedió hasta un lago completo que fue robado no solo a los mapuches sino también a los argentinos. En el cordón que comienza en el Gran Buenos Aires, son un puñado de multinacionales que controlan gran parte del mercado y la producción de alimentos, automóviles, neumáticos, metal, electrodomésticos, etc. El gobierno, así como el anterior, defiende a estas empresas que de un día para el otro pueden decidir cerrar ilegalmente y/o despedir a cientos de familias que vienen dejando la vida en sus fábricas insalubres. Con los despidos, sufren también los pequeños comercios, que viven de lo que compran los trabajadores.

Al hablar de una supuesta "violencia política" el macrismo revela su temor a que estos reclamos se unan en un mismo plan de lucha contra el gobierno. Y para impedir esto, el gobierno tiene dos políticas. Una es la tregua con la CGT, que garantiza que no haya paro y plan de lucha. La otra es la táctica de asociar todo aquello que lo cuestione a la camarilla corrupta que fue el kirchnerismo, ocultando que muchos de los sectores que ahora reclaman también se enfrentaron y sufrieron represiones por parte del gobierno anterior. Previsiblemente, aparece Carrió a hablar por primera vez de Maldonado para decir que su desaparición es un "invento kirchnerista".

A los que no pueden asociar con el kirchnerismo, como a la izquierda de Del Caño y Bregman, les pegan con operetas. La más reciente fue la protagonizada por Cristian Ritondo, que acusó al PTS y al Frente de Izquierda (al cuál denominó “Izquierda Unida”, dando una clara muestra de su poca seriedad) por los incidentes en la sede del Ministerio de Seguridad de La Plata. Acusación falsa, que no tenía una sola prueba que la sustente más que, muy probablemente, la carne podrida generada por los servicios de inteligencia. Antes con Carrió, ahora con Ritondo, buscan manchar a la izquierda que lucha junto a los trabajadores, las maestras, los pueblos originarios, los estudiantes.

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Para mantener como base electoral a aquellos sectores de las clases medias que aún no sufrieron los golpes más duros del ajuste, o a sectores de la clase trabajadora que no ganaron nada con el kirchnerismo o que se vieron atacados por la ex presidenta, el macrismo agita el fantasma de una falsa grieta. Lo mismo hacen desde las listas de Unidad Ciudadana, con fines electorales. Y mientras ellos juegan su juego, la grieta verdadera está en otro lado: ahí donde falta Julio López, ahí donde falta Santiago Maldonado.


Cecilia Rodríguez

Militante del PTS-Frente de Izquierda. Escritora y parte del staff de La Izquierda Diario desde su fundación. Es autora de la novela "El triángulo" (El salmón, 2018) y de Los cuentos de la abuela loba (Hexágono, 2020)

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