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MIGRANTES. Ecos de la crisis migratoria europea en México

Las imágenes que recorrieron el mundo conmovieron también en tierras aztecas. Pero el ruido sordo de la crisis migratoria en América del Norte se hace sentir también.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Martes 8 de septiembre de 2015

Circula en redes un petitorio publicado en change.org que demanda que se le dé asilo a 10,000 refugiados de Siria. Se recuerda allí la tradición de asilo que tiene México, que abrió sus puertas a los refugiados españoles a fines de los años de 1930, cuando fue derrotada la Revolución Española. Hasta ahora se recabaron más de 100,000 firmas.

Asimismo, senadores del Partido Acción Nacional y del Partido de la Revolución Democrática (PRD) realizaron una petición a Enrique Peña Nieto para que amplíe el envío de ayuda humanitaria a los refugiados sirios, así como que se valore la posibilidad de dar asilo a un grupo de familias desplazadas. Una muestra de demagogia cruel que mira hacia otro lado cuando se trata de las y los migrantes centroamericanos y mexicanos.

Se ha abierto un debate, donde hay quienes caen en el mito reaccionario de que los extranjeros, cualquiera sea su origen, “quitará el trabajo” a los mexicanos. Por otro lado, están quienes, en tanto tienen una actitud solidaria hacia los migrantes que tratan de llegar a Europa, manifiestan sincera preocupación por el destino de los refugiados en caso de ser recibidos en México, el país de las fosas clandestinas y las desapariciones forzadas.

Criminalización y victimización: las dos caras de la misma moneda

Sobrecoge pensar la situación de los migrantes centroamericanos en México: a merced de los cárteles del narcotráfico y de las fuerzas represivas, pueden ser víctimas de desapariciones forzadas, redes de tratas y de órganos. La aplicación del Plan Frontera Sur implica la persecución a los migrantes e impedir por distintas vías su avance hacia el gigante del norte.

A pesar de la implementación del Plan Frontera Sur, ordenado por el gobierno de Barack Obama, la ola migratoria no se detiene. Y miles de niños indocumentados –iguales a Aylan y su hermano y tantos otros niños sirios- continúan emprendiendo solos el más peligroso de los viajes, para reencontrarse con sus padres que migraron previamente y para huir de la violencia de las pandillas. Sólo hasta junio de 2015 se deportaron desde México 3,000 menores hondureños. No tuvieron la posibilidad de pedir protección ni de acceder al estatus de refugiados.

Como ejemplo emblemático del terrible destino que pueden hallar los centroamericanos en México, se cuentan las masacres de San Fernando en Tamaulipas, en las que más de 260 hombres y mujeres fueron ejecutados por bandas del narcotráfico coludidas con policías municipales, como se dio a conocer en distintos medios de comunicación. Sus familiares atraviesan miles de obstáculos que imponen las autoridades para tratar de dar con sus restos.

Si quienes migran al norte sobreviven a los cárteles del narco y a las extorsiones y la violencia de los agentes migratorios y las fuerzas represivas mexicanas, aun les resta atravesar zonas desérticas, expuestos a morir de hambre, de sed o por las elevadas temperaturas. Muchos no llegan a destino y sus cuerpos desaparecen en el desierto para siempre.

Quienes sobreviven y llegan a territorio estadounidense, pueden ser encarcelados en los centros de detención creados por Barack Obama, sufrir deportaciones, separación de familias, abusos laborales por parte de sus patrones (como Trump) y están a merced de la violencia policial.

Tragedia humanitaria global

Es el capitalismo voraz y decadente el que impone desplazamientos de grandes masas de personas desde sus lugares de origen, como explicamos acá. ¿Cómo entender sino los riesgos que enfrentan los migrantes asiáticos, africanos y los americanos?

En el caso de los migrantes centroamericanos y mexicanos que intentan llegar a Estados Unidos, huyen de la militarización de la región, de una situación de violencia extrema -51 homicidios en El Salvador en un solo día a fin de agosto, por dar sólo un ejemplo-, de la pobreza extrema, del desempleo, y ahora hasta de la crisis alimentaria que genera la sequía que afecta parte de la región.

La fuerza de trabajo que aportan las y los migrantes a los países imperialistas es parte del oxígeno vital que reporta millonarias ganancias a las empresas. Ante condiciones de residencia precarias, esa precarización se traslada también a las condiciones de trabajo y en general a las condiciones de vida de las y los trabajadores migrantes. Y presiona hacia abajo también las condiciones de vida del conjunto del pueblo trabajador.

Solidaridad de clase

La solidaridad con los migrantes tiene múltiples formas. Es el dolor por los migrantes muertos en el Mediterráneo, son las voces solidarias que claman por recibir refugiados en sus países, son las “patronas” de Veracruz que dan agua y comida a los centroamericanos que atraviesan la región, son los voluntarios de los refugios migrantes en México. Es el apoyo activo de manifestantes a la lucha por los derechos civiles de los migrantes en Estados Unidos.

Más allá de las fronteras, está naciendo la solidaridad internacionalista, que se expresa en los europeos que dan la bienvenida a los migrantes. En épocas terribles como ésta, cuando vemos el cuerpo de Aylan a orillas del mar, rendido ante el capitalismo monstruoso para quien la vida de los trabajadores y los sectores populares no valen nada, en estos gestos de solidaridad se enciende la esperanza.

Pero a su vera crecen expresiones reaccionarias de xenofobia y racismo, como los que encarnan Donald Trump, precandidato a presidente por el partido republicano en Estados Unidos, o el Frente Nacional en Francia.

Frente a esto, es necesario que la clase trabajadora y la juventud tomen como propias las reivindicaciones de los migrantes, entre ellos, plenos derechos sociales, políticos y sindicales. Así ganará fuerza y confianza el pueblo trabajador. Y que a su vez luchen por tirar abajo la injerencia imperialista, la militarización y los planes neoliberales que hundieron en la miseria a Centroamérica y México, y devastaron con guerras, expoliación e intervenciones militares Asia y África.

Ante la barbarie capitalista que condena a muerte a millones de niños como Aylan, y a hombres y mujeres, mientras fomenta la industria armamentística y de vigilancia, hace falta construir una alternativa. Las y los trabajadores del mundo entero, junto a la juventud y los sectores populares, podemos construir otro futuro, donde no existan más la explotación y la opresión. Otro mundo, donde no haya hambre ni miseria.