Este domingo por la noche, el conductor Fernando Rosso analizó la encrucijada del peronismo, destacando dos opciones posibles para su camino hacia el 2019. Más cerca o más lejos de Cambiemos, se trata de una travesía con límites estratégicos.
Lunes 23 de abril de 2018 09:23
“En su columna, José Natanson hizo una descripción bastante precisa de las transformaciones de los sectores populares que, históricamente, fueron las bases electorales del peronismo (una franja de pobres estructurales, precarizados, desocupados crónicos, trabajadores sindicalizados), planteando que allí radicaba la “crisis” del peronismo.
“Retomaba una idea del sociólogo Juan Carlos Torre y del politólogo y sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga de que la “crisis” del peronismo tiene bases sociológicas estructurales. Es una lectura más interesante de la de aquellos que ven sólo problemas de egos o peleas de pequeña política que se solucionarían con que se junten en algún lugar a hacer las paces”
“Sin embargo, tomada así como simple descripción, adolece de una pata: las responsabilidades políticas de esta situación de retroceso en las conquistas sociales y laborales que vienen sucediendo en los últimos años. No es que pasó una tormenta y cuando se fue de repente nos encontramos con este nuevo entramado social.”
“Una versión del peronismo: el menemista fue el agente de aplicación de estas transformaciones regresivas con la invalorable colaboración del grueso de otra de sus patas: la dirigencia sindical. Muchos de los que hasta hoy o hasta ayer nomás seguían a la cabeza de los gremios, se hicieron empresarios con las privatizaciones menemistas.
La versión kirchnerista del peronismo gobernó bajo dos improntas: la crisis del 2001 y la “herencia” legada por el neoliberalismo”.
“Fue “posneoliberal” al menos en dos sentidos: porque vino después del neoliberalismo, pero también porque se asentó sobre sus bases estructurales. La crisis social y política del 2001 y el ajuste que habilitó (y que aplicó Eduardo Duhalde) combinada con un ciclo internacional ascendente de las conmodities o las materias primas, fueron las condiciones de posibilidad para la experiencia kirchnerista y determinadas concesiones que imponía un país movilizado y contencioso al que no se podía seguir gobernando como antes”.
“Con la contundencia epigramática que a veces lo caracteriza, Alejandro Horowicz, en su clásico “Los cuatro peronismos” afirma que Perón “trabajó toda su vida para evitar otro 17 de octubre”, en el sentido de lo que aquello tuvo de acción “autónoma”. Allí mismo, según autor selló su tragedia posterior. Se puede decir, parafraseando a Horowicz que el kirchnerismo “trabajó sus 12 años” para evitar un 2001.
“Por lo tanto hoy, las encrucijadas del peronismo tienen básicamente dos opciones: Una que es la que deslizó Nicolás Massot en el supuesto blooper que protagonizó en la TV sin saber que estaba al aire: el retorno de un peronismo “que continúe con gran parte de la obra de Cambiemos”. Para eso hay candidatos varios: Juan Manuel Urtubey, Schiaretti de Córdoba. O la otra que pretende “volver” a una orientación como si no se hubiese hecho una experiencia que muestra sus resultados, pero que además no tiene ni las condiciones económicas y políticas nacionales e internacionales para hacerse viable.
“El ’problema’ y los límites, no del peronismo histórico, sino de los peronismos realmente existentes no es sociológico, psicológico o filosófico; el límite es político, estratégico y, en última instancia, de clase.”