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Actualidad. El Congreso Nacional y las primeras perlitas de la proclamada “paridad”

El debate sobre la aplicación de la ley de paridad, que votó el Congreso Nacional en diciembre de 2017 y se reglamentó en marzo pasado, sobrevuela los pasillos del Congreso de la Nación, y también, por los comentarios y opiniones que circulan en algunos medios y en las redes, particularmente también al interior del nuevo oficialismo y el Frente de Todos. ¿Qué hay detrás de la llamada "paridad" de la que habla el poder político?

Sol Bajar

Sol Bajar @Sol_Bajar

Jueves 5 de diciembre de 2019 17:06

El debate sobre la aplicación de la ley de paridad, que votó el Congreso Nacional en diciembre de 2017 y se reglamentó en marzo pasado, sobrevuela los pasillos del Congreso de la Nación.

Es que, a la espera de los anuncios definitivos del nuevo gabinete, serán varias las diputadas, y sobre todo diputados, que renunciarán a sus bancas para ocupar un puesto en el Ejecutivo, en ministerios, secretarías y otros organismos estatales con los que gobernarán, a partir del 10 de diciembre, tanto Alberto Fernández y el Frente de Todos como los intendentes y gobernadores de distintas provincias y partidos, recientemente electos.

Muchas de esas renuncias y reemplazos serán de legisladores electos en 2017, cuando aún no existía la nueva “ley de paridad” sino la ley de cupo del 30%, en la que podía haber dos varones consecutivos y luego una mujer. El debate que comienza a instalarse -judicialización de varios casos mediante- es cómo debe interpretarse esta situación.

Según la abogada Florencia Casamiquela, ex candidata de Consenso Federal pero ahora cercana al Frente de Todos, la aplicación de la ley no es retroactiva. Además, sostiene, “una ley no puede ser invocada para vulnerar justamente el sentido y espíritu de la misma. Por si fuera poco, hay antecedentes de renuncias de mujeres reemplazadas por varones. En 2018 renunció la diputada Balbo y la reemplazó un varón, Bragagnolo. Y a CFK, Taiana”.

Otras referentes del nuevo oficialismo, como la sindicalista Estela Díaz y la ex diputada nacional Mara Brawer, afirman que “se intenta para listas conformadas SIN Paridad, que rija el reemplazo de las listas paritarias”. “Si avanza esta interpretación, se consumará una trampa: por lo menos siete mujeres que tienen posibilidad de ingresar como diputadas nacionales, van a quedar afuera”, afirman en una nota publicada este jueves en Página 12.

¿Pariqué?

Aunque la ley de paridad se aplicó por primera vez en las elecciones de este año, el miércoles ingresaron al Congreso Nacional 78 varones (que representan al 60% de la Cámara de Diputados) y 52 mujeres (que representan al 40%). La cifra está más cerca del 33% de la ley de cupo anterior que de la paridad que determina la norma que entró en vigencia.

De acuerdo a la interpretación de Estela Díaz y Mara Brawer, esto “pone en evidencia que el poder, las roscas y las decisiones de la política no cambiaron significativamente de género. La segunda evidencia nos está demostrando, que con la ley tal cual fue sancionada, no alcanza para cumplir con el laudable y justo objetivo del fifty fifty”.

La contradicción sobre la que ahora advierten las referentes del PJ ya había sido señalada en su momento por diputadas y diputados del PTS en el Frente de Izquierda, como Nicolás del Caño, Myriam Bregman y Nathalia González Seligra, que en numerosas oportunidades dieron cuenta que la igualdad ante la ley no garantiza para las mujeres la igualdad ante la vida. Aunque sus apreciaciones y propuestas fueron desechadas, esa advertencia tiene su actualidad ante los debates que hoy vuelven a estar en curso.

Es que, además de que no ha variado el género de quienes deciden, en el Congreso sigue primando "la rosca" como método de negociación, donde pesan más los intereses y las alianzas de los partidos mayoritarios, aliados a empresarios, gobernadores y cúpulas de las Iglesias, que los de la mayoría de la población.

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"El poder, la rosca"... ¿y los reclamos de las mujeres?

La reunión de Cristina Fernández de Kirchner y de Gabriela Michetti este miércoles, así como la que previamente mantuvo la vicepresidenta electa con su bloque del Senado, muestran que “el poder y la rosca” no son exclusivamente patrimonio masculino.

Allí, de hecho, Cristina apoyó al formoseño José Mayans -un activo militante contra el derecho al aborto- como presidente de su espacio en el Senado, y sumó a otros dos antiderechos: el puntano Adolfo Rodríguez Saá y el riojano Carlos Menem. Eso sí, el peronismo tendrá ahora el número necesario para mantener el quorum propio, que había quedado en dudas con la licencia que debió tomarse el tucumano José Alperovich, tras haber sido acusado e imputado por abuso sexual.

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El otro gesto que se vio este miércoles, anticipando quizá -como todo indica- una composición nada paritaria del futuro gabinete de gobierno, fue la elección de autoridades que promovió Frente de Todos en la Cámara de Diputados. Allí se escuchó a Máximo Kirchner proponer a Sergio Massa, con un sin fin de elogios, como presidente de "la casa". La sugerente respuesta del nuevo aliado K a su ex compañera de bloque Graciela Caamaño, quien durante la sesión expresó su queja “más enorme” por la “falta de paridad”, también fue bastante elocuente.

“Es deseo del Frente de Todos que la integración de las comisiones sea paritaria”, dijo Massa, como si nadie supiera a esta altura que es en el recinto (y en las “roscas y maniobras” que se tejen en mesas chicas) donde el poder político define sus orientaciones y sus leyes.

Para completar la escena, recordemos con qué espíritu juraron al asumir la amplia mayoría de les diputades. Aunque hubo dos diputadas jurando por el derecho al aborto, la Biblia, los Santos Evangelios y el guiño a las cúpulas de las Iglesias fue un gesto mayoritario y sin distinción ni de bloques ni de géneros.

Hay sorpresas y “sorpresas”

“Estamos frente a la posibilidad de consumación de una inesperada y novedosa artimaña patriarcal”, advierten en Página 12 las integrantes del Frente de Todos, Mara Brawer y Estela Díaz.

Sin embargo, la maniobra está muy lejos de lo inesperado o sorpresivo. Como señalamos muchas veces, no se trata simplemente de una cuestión de género, sino también de los intereses que se va a representar, aunque desde ya es un hecho que los puestos de poder permanecen como ámbitos mayoritariamente masculinos, y no sólo en el Congreso.

Cuando se trató la ley de paridad de género en esa Cámara, Myriam Bregman lo explicó con claridad: "sabemos muy bien que la igualdad ante la ley no es la igualdad ante la vida, que la igualdad formal no es la igualdad real", dijo, y destacó que “siendo más de la mitad de la humanidad, nosotras sufrimos todo tipo de opresiones y discriminaciones, en especial las trabajadoras y las mujeres de los sectores populares”.

"Nuestro proyecto, en cambio, propone un cupo mínimo del cincuenta por ciento (50%) de mujeres, que incluye por supuesto a quienes se autoperciban como tales, negando de plano la imposición de un ‘cupo masculino’ y garantizando que puedan existir hipotéticamente listas con hasta el cien por ciento (100%) de candidatas mujeres o autopercibidas mujeres.”, dice el proyecto presentado por Myriam Bregman.

Sus palabras, justamente, explican porqué no nos es indiferente todo paso que amplíe nuestros derechos, incluido el acceso a los espacios donde hoy se debaten y sancionan las leyes que rigen los destinos del país. Pero eso explica también porqué insistimos en que ninguna ley nos garantiza la “igualdad real”, la solución al machismo o a la violencia de género que promueve y reproduce, en primer lugar, el propio Estado, a través de sus instituciones.

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El hecho de que haya más mujeres en el Congreso no va a eliminar la ideología de quienes están ahí para representar el interés de las cúpulas de las Iglesias o los grupos antiderechos; la defensa de los empresarios que nos someten a una doble o hasta triple jornada laboral; de las redes de trata que funcionan con la complicidad de funcionarios y funcionarias del Estado; la aprobación del postergado derecho al aborto, que nos negaron justamente un grupo de dinosaurios -y dinosaurias- "celestes", aliados a los gobernadores, a la jerarquía clerical, a los grupos antiderechos.

Como muestra la historia de nuestra lucha, todos los derechos que tenemos, justamente por eso, fueron conquistados con nuestra organización, confiando en nuestra propia fuerza, saliendo a las calles para reclamarlos y arrancarlos y tejiendo fuertes alianzas con quienes, como nosotres, no tiene para perder nada más que sus cadenas.