×
×
Red Internacional
lid bot

Escenario Bonaerense. El conurbano hoy: mayor miseria y el fantasma de diciembre

La pobreza dio un salto histórico de la mano de una inflación que sigue sumando, la caída salarial y el retroceso del trabajo formal e informal. El conurbano concentra los índices más altos.

Walter "Pata" Moretti

Walter "Pata" Moretti @patamoretti

Jueves 13 de diciembre de 2018 23:35

El reciente informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA es lapidario: 13,6 millones de personas son pobres (33,6 % de la población del país), es decir 2,2 millones más que el año pasado, la cifra más alta de la década. Entre los niños y niñas la situación es devastadora; más del 50 % viven en hogares pobres –casi un millón son nuevos chicos pobres-, casi un millón (10%) habita en hogares donde no cuentan con ingresos para asegurarse una alimentación básica.

El conurbano bonaerense pasó a ocupar el primer lugar de este miserable ranking con un 43,4 % de pobres y casi 9 % de indigentes. No podría ser de otra manera, cuando la canasta básica total (que marca la línea de pobreza) subió el 7,5 % en octubre y en el año ya suma un espeluznante 54 % de aumento; por su parte, la canasta básica alimentaria (que define la línea de indigencia) tuvo una subida similar en octubre y ya alcanza el 51,5 % anual. La desocupación en el conurbano es la más alta del país, con un 12,4%.

Frente a esta caótica situación económica y social, la gobernadora Vidal apela a la vieja política de “zanahoria y garrote”.

El garrote lo vimos en el asesinato de Rodolfo Orellana- cooperativista organizado en la CTEP que fue baleado por la Bonaerense en La Matanza cuando familias muy humildes trataban de ocupar terrenos donde vivir- y en el operativo represivo nocturno para desalojar a trabajadores y trabajadoras de Siam que vienen enfrentando los despidos. A su vez ya suman 10 las víctimas de la Masacre de la Comisaría de Esteban Echeverría.

Te puede interesar: Vidal y Ritondo responsables: ya son diez los muertos en la masacre de E. Echeverría

Por otra parte Vidal intenta tapar el aumento exponencial de la pobreza en el GBA con miserables migajas. El ministro de Desarrollo Social provincial anunció, con un cinismo absoluto, que van a “inundar de alimentos secos a todos los comedores en los barrios más recónditos del cordón bonaerense” y que esta “inundación” de fideos y arroz será acompañado por un bono de $ 700 para las 300 mil familias que son beneficiarias del Plan “Más Vida”. A su vez la titular de la misma cartera a nivel nacional Carolina Stanley colaborará con otro bono miserable para las AUH. Otros tantos pobres directamente no recibirán ni siquiera estos miserables “beneficios”.

Vergonzoso. Migajas para garantizar Más Vidas miserables para millones de bonaerenses.

Los fantasmas de diciembre

En los últimos tiempos el fantasma de diciembres calientes ha desvelado a los distintos gobiernos, pero hoy a pesar del empobrecimiento general que viven las grandes masas laboriosas y populares no se percibe un estallido inminente. Pero esto nada tiene que ver con los fideos, el arroz y los miserables pesos otorgados por Vidal y su ministro López Medrano, ni por su amiga Carolina Stanley.

La verdadera razón está en que desde hace tiempo el peronismo, la burocracia sindical y la mayoría de los movimientos sociales vienen actuando para que no haya un diciembre caliente ni mucho menos. Todos ellos son los responsables de debilitar, aislar y degastar la conflictividad que existió a lo largo del año. Por ejemplo el conflicto de las y los docentes, que durante el 2018 realizaron más de 30 días de paro, o la lucha que llevaron adelante obreros y obreras del Astillero Río Santiago, o la de los estatales y trabajadores de la salud, además de infinidad de fábricas donde se peló contra los despidos- incluso en muchos casos acompañados por la movilización de la población-. Hoy seguimos viendo ese ánimo de resistencia en los trabajadores y trabajadoras de Siam, que ayer cortaron por segunda vez el acceso al Puente Pueyrredón en Avellaneda.

En estos últimos días los principales dirigentes del llamado “Tridente San Cayetano” (CTEP-Movimiento Evita, CCC y Barrios de Pie) se vienen pronunciando por un “fin de año en paz”, mientras se reúnen con sectores de la UIA y la CGT para “criticar” a Macri ante la Iglesia. Luego de esa reunión, un dirigente de la CGT sentenció: “No vemos un escenario de conflicto. Ojo de que esto es de acá a marzo”. Todos apuestan a las elecciones del 2019 como única forma de “derrotar” al gobierno de Macri.

Los 35 años de democracia para ricos y una pobreza sin fin

El pasado 10 de diciembre se cumplieron 35 años de esta democracia para ricos; en aquel momento Alfonsín ganaba las elecciones prometiendo que “con la democracia se come, se cura y se educa”. Hace tres años Macri prometía “pobreza cero”. Puro papel mojado: en estas tres décadas y media la pobreza no dejó de crecer.

Los cuatro saqueos históricos (contando el actual) que se dieron en todos estos años, impulsados por el imperialismo y el FMI, fueron conformando el conurbano que vemos hoy, donde millones y distintas generaciones viven en condiciones miserables. Solo por tomar los dos momentos de mayor pobreza, en el año 1989 la hiperinflación alfonsinista llevó al 47 % la pobreza en el GBA, y luego de la crisis abierta en el 2001, bajo el gobierno de Duhalde llegó casi al 52%.

Pero cuando la economía tuvo varios años de crecimiento a tasas chinas- producto de favorables condiciones internacionales- como ocurrió en la primera parte de los 12 años de gobiernos kirchneristas, la pobreza perduró y nunca logró perforar el piso de 20 % de pobreza estructural, a pesar de la generalización de la AUH y otra decena de subsidios.

Con la “sintonía fina”, la devaluación y el crecimiento de la inflación de por medio, en 2015 los pobres sumaban más de 9 millones de personas (aproximadamente un 22 %) y la indigencia llegaba a un 4 %. Al final de la “década ganada” la pobreza alcanzaba el 29 %.

No solo eso. El kirchnerismo llegó a justificar la existencia del “impuesto al salario” a un sector de los trabajadores efectivos, como un “impuesto solidario” con los pobres de la sociedad. Una muy rara “solidaridad de clase” mientras los capitalistas, tal como le gustaba decir a la propia CFK, se la “llevaban en pala”.

Te puede interesar: El lado oscuro de la democracia

Los 35 años de esta “democracia para ricos”, ya sea con gobiernos neoliberales o “progresistas”, aumentaron la desigualdad y tiene en su haber a millones de pobres.

La clase obrera es la única que puede resolver efectivamente el flagelo de la pobreza, defendiendo un programa anticapitalista que entre otras medidas plantee la ruptura con el FMI, el no pago de la deuda externa, la reducción de la jornada laboral y el reparto de las horas de trabajo con un salario mínimo igual a la canasta familiar para asegurar trabajo para todos. Hace falta que la clase trabajadora tenga confianza en sí misma para unir las filas de la propia clase y proponerse para encabezar una alianza con el pueblo pobre, la juventud y las clases medias arruinadas.

Sindicatos y movimientos sociales

En ese camino la clase trabajadora tiene por delante el obstáculo de la burocracia sindical. Ellos son archienemigos de unir las filas obreras. No solo dejan en banda a los precarizados y contratados, sino que nunca permitieron que los desocupados se organicen en los sindicatos, dejándolos a merced de la miserable asistencia social o, en el mejor de los casos, condenados a trabajados precarizados para que hoy sean las principales y primeras víctimas de los despidos.

En este momento también vemos como en Francia la burocracia sindical viene bloqueando, por ahora, la posibilidad de que los sindicatos se unan al movimiento de los “chalecos amarillos”

Por su parte los movimientos sociales -particularmente los llamados “cayetanos” o “Triunvirato piquetero”- mantienen su organización, cada vez en mayor grado, alrededor del asistencialismo estatal; profundizan una tendencia iniciada en el 2001, incluso por movimientos dirigidos por la izquierda que ya hemos criticado en numerosas oportunidades.

En el caso de la CTEP dirigida por Juan Grabois, fiel amigo del Papá Francisco, va más allá. El dice que su movimiento representa a “los excluidos” o “los descartados”, es decir aquellos que fueron expulsados del trabajo y que no tienen ni tendrán posibilidad de volver a un trabajo formal y por lo tanto están obligados a vivir de cooperativas de trabajo a cambio de un salario social complementario de $ 5 mil.

De esta forma Grabois naturaliza la división de clase; tanto es así que un libro recientemente publicado considera que este sector profundamente empobrecido- en una gran parte compuesto por cartoneros y recicladores- sería una nueva “clase peligrosa” que surgiría de un campo minado por el saqueo capitalista.

Esta posición de mantener la división de las fuerzas obreras hace converger a la CTEP con la CGT; no casualmente el movimiento de Grabois hace mucho tiempo que ha solicitado el ingreso a esa central sindical.

Para unir las filas obreras y que estas integren una alianza con los demás sectores explotados y oprimidos hay que sentar las bases para revolucionar los sindicatos y construir un partido revolucionario que nos permita vencer frente a este cuarto saqueo.

Nos encontramos la próxima semana en una nueva edición de esta columna.

Leé las ediciones anteriores de Escenario Bonaerense haciendo click acá.


Walter "Pata" Moretti

Junta Interna de ATE - Ministerio de Desarrollo Social PBA

X