La prensa mundial recorre con preocupación los días previos a la votación del impeachment en la Cámara de Diputados, sospechando de Temer y de que el régimen político esté más podrido que el gobierno.

André Augusto Natal | @AcierAndy
Domingo 17 de abril de 2016 18:00
En los últimos tres días los medios internacionales, normalmente tajantes en las opiniones sobre la situación nacional en Brasil, son cautelosos en los pronósticos y estampan en sus editoriales y artículos cuestionamientos a la forma de conducción del proceso de impeachment, frente a la inexistencia de cualquier acusación criminal hacia Dilma, y de la participación evidente de quienes juzgan y votan en la Cámara en esquemas ilícitos.
Los ojos críticos frente al impeachment, siempre resaltando cómo Dilma, con los peores índices de aprobación presidencial, condujo el país a la peor recesión en un siglo, naturalmente nada mencionan sobre los ataques al presupuesto público y a las condiciones de vida que viven los trabajadores, ni sobre la mayor oleada de privatizaciones desde los años neoliberales patrocinada por el PT. Aun así, resaltan que se trataría de un proceso de modificación del poder por parlamentarios y jueces con antecedentes personales "cuestionables".
Según el The New York Times, "Dilma Rousseff es una rareza entre los políticos de alto escalafón en Brasil: no fue acusada de robar dinero para sí". El diario neoyorkino compara acusadores y acusados mostrando la mala ubicación en la que se encuentran para juzgar, con varios parlamentarios involucrados en crímenes de corrupción, siendo inversigados en la justicia como Eduardo Cunha, o recientemente perseguidos por Interpol, como el "cansado de corrupción" Paulo Maluf.
Destacan en particular al presidente de la Cámara Eduardo Cunha (PMDB de Rio de Janeiro), señalando que está investigado por el Supremo Tribunal Federal (STF) por sospecha de haber recibido 40 millones de dólares en coimas, el diputado federal Paulo Maluf (PP de San Pablo), blanco de procesos en Estados Unidos acusado de haber desviado más de 11,6 millones de dólares, y Renan Calheiros (PMDB), presidente del Senado, también acusado de haber recibido coimas.
El artículo cita también un levantamiento del grupo Transparencia Brasil que indica que el 60% de los 594 miembros del Congreso Nacional enfrentan algún tipo de acusación, como receptores de coimas, fraude electoral, deforestación ilegal, secuestro e incluso homicidio. Pone como ejemplo al diputado Éder Mauro (PSD de Pará) que es investigado por tortura y extorsión, y el diputado Beto Mansur (PRB de San Pablo) que está acusado de mantener 46 empleados en campos de soja en condiciones deplorables comparables a la esclavitud.
Se apoyan en la opinión del secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luís Almagro, que critica el proceso del impeachment por que las acusaciones contra Dilma Rousseff "no son por crímenes, están relacionados con mala administración [...] ella no se está enfrentando a acusaciones de corrupción".
El británico The Guardian es el más enfático en las contradicciones del proceso. Según el diario, "la legalidad del impeachment es cuestionable". Sobre las acusaciones de irresponsabilidad fiscal, dicen que "semejantes delitos fueron cometidos por gobiernos anteriores y pasaron impunes". Recordando que la aprobación de Dilma alcanzó el piso de los 10% en la peor recesión en décadas, agregan que "el espectáculo del impeachment es grotesco". "De los 513 diputados que juzgarán a Dilma, 53 fueron acusados de crímenes y otros 100 están bajo investigación". Enfatizan particularmente el caso de Eduardo Cunha, acusado de recibir coimas de 5 millones de dólares y que hoy preside el impeachment.
El diario The Independent dice que los medios de comunicación en Brasil están concentrados en "algunos conglomerados" y que pertenecen a una élite históricamente ligada a la derecha.
El diario de las finanzas británicas, Financial Times, dicen que el impeachment es esencialmente un voto de desconfianza por la impopularidad de Dilma, pero afirma que hay posibilidad de que el proceso de impeachment traiga mayor inestabilidad o "sumerja al país en el caos".
El diario cita el hecho de que el vicepresidente y posible sustituto de Dilma, Michel Temer (PMDB), también puede correr el riesgo de pérdida de mandato por causa de la investigación sobre el financiamiento de la campaña electoral en la que, en 2014, se reeligieron ambos. Y a pesar de clasificar un eventual gobierno de Temer como más "amigable" para el mercado, señala el riesgo que enfrentaría al tener el PT de vuelta en la oposición, sobre teniendo en cuenta el cuestionamiento de que el impeachment es un golpe.
Incluso el The Wall Street Journal, periódico de la Bolsa de Valores de Nueva York y de los principales monopolios del mundo, ve obstáculos al impeachment. Con una foto de tapa mostrando a Dilma cabizbaja, el reportaje dice que el proceso de impechment está siendo conducido por Eduardo Cunha y se hace eco también de que él está bajo investigación por haber participado de los desvíos de dinero en Petrobras. La entrevista muestra que el sucesor del vicepresidente Michel Temer en el comando del PMDB, el senador Romero Jucá (Roraima) también está acusado, así como el presidente del Senado Renan Calheiros (Alagoas).
Bloomberg también estampa "preocupaciones con riesgo a la democracia", alertando sobre las tensiones que pueden emerger el domingo en la Explanada de los Ministerios, separada por un muro.
Le Monde francés recuerda que Temer no tiene el 3% de la intención de voto, pero puede transformarse en presidente. La publicación dice que Temer, "hijo de inmigrantes libaneses, profesional de la política y de las intrigas parlamentarias" sabe que su hora llegó y no lo esconde, citando el audio filtrado en el que promete hacer las reformas necesarias para que el país garantice "continuidad de los programas sociales".
The Economist, que hace no mucho publicó una editorial diciendo: "Es hora de que salga", cambió de idea en los últimos días, compartiendo la preocupación institucional de los demás. La publicación afirma que no hay evidencias de que la presidenta Dilma sea corrupta, al revés que su principal acusador, Eduardo Cunha, presidente del Congreso. "Ni ella ni nadie de su familia tiene cuentas en Suiza o en empresas offshore en Panamá", escribe. Dice que el país necesita nuevos diputados, visto que la Cámara está "tomada por la corrupción".
Los intereses del capital extranjero
Ese cuestionamiento al proceso de impeachment, en la boca de ardorosos defensores de las privatizaciones y de la participación irrestricta del capital extranjero en el control de la economía brasilera, ya demostró que nada tienen que ver con cualquier aspiración democrática contra el golpe institucional en curso. Las principales preocupaciones giran alrededor del escenario absolutamente inestable e imprevisible que surgiría de la destitución de un gobierno, que logró atacar a los trabajadores y contenerlos a través de la influencia del PT en los sindicatos, y un eventual nuevo gobierno -que no goza de apoyo popular y que contendría innumerables políticos comprobadamente involucrados en corrupción- privado de la legitimidad de las urnas y con el estigma del impeachment, dificultando la aplicación "normal" de los ajustes exigidos.
En un año de Olimpiadas en Río de Janeiro, el capital extranjero quiere hacer buenos negocios en terreno plano. Convulsiones sociales a menos de 2 meses de los Juegos Olímpicos estarían en el horizonte de un gobierno Temer-PSDB, que ya anunció una catarata de ataques más duros contra la clase trabajadora, iniciando con una Reforma Laboral y de Jubilaciones, para agradar las principales cámaras patronales, como la Fiesp y la CNI.
Por los mismos motivos, la revista de economía y negocios americana Forbes escribió que "el impeachment es una pésima idea". En su visita a Argentina, Obama se pronunció esperanzado sobre la recuperación económica brasilera y la "firmeza de su estructura institucional", dando a entender que Washington no estaría entusiasmada con la sustitución de Dilma por el impeachment, y sí a través de postulantes de la derecha como Macri que tuviesen legitimidad electoral para terminar de deteriorar los gobiernos posneoliberales.
El miedo del imperialismo del resurgimiento de la lucha de clases en Brasil comanda las incertidumbres en relación al pronóstico de hoy. El PT abrió el camino al fortalecimiento de la derecha y a través que su influencia en los movimientos sociales y en los sindicatos busca con actos folclóricos frenar cualquier plan de lucha contra el impeachment y los ajustes, protegiendo a "su" gobierno. Es necesario repudiar fuertemente el impeachment y poner en pie este plan de lucha.