Marcos Taire habló además sobre la participación del empresariado y la prensa en el Operativo Independencia.
Maximiliano Olivera @maxiolivera77
Sábado 11 de junio de 2016
Durante gran parte de la décima audiencia de la megacausa Operativo Independencia (OI) el periodista Marcos Taire declaró como testigo de contexto. Taire fue dirigente del sindicato de prensa provincial en la década del 70 y centró su intervención en describir aspectos de las luchas que emprendió el movimiento obrero azucarero y el rol de los empresarios del sector durante el OI. Además es hijo de Juan Octaviano Taire, periodista que escribió el libro Azúcar para el monopolio y participó, como responsable de prensa, de la confección del archivo de la FOTIA, destrozado por los militares.
Tradición de lucha
Para el periodista, la industria azucarera venía de “enormes movilizaciones, de luchas muy importantes” cuyo origen sitúa a mediados de la década del 40. “Los trabajadores azucareros en el año 49 demostraron un nivel de lucha y conciencia extraordinario, le hicieron 50 días de huelga a Perón”, y agrega que a pesar de una represión implacable, la FOTIA siguió siendo un baluarte para el peronismo local.
Con el cierre de los ingenios en 1966, Taire definió que se “arrasó con los pueblos” y hubo un “gran éxodo” de sus pobladores. “Se habían esgrimido diferentes argumentos, pero luego se comprobó que había formado parte de la lucha entre distintos sectores de la burguesía industrial, favoreciendo particularmente a los ‘industriales del norte’ como el ingenio Ledesma”, especificó.
Taire señalará que las luchas de los obreros azucareros se registran desde 1903. “La figura del desaparecido aparece por primera vez con la leyenda del Familiar. Los patrones hacían desaparecer algunos díscolos trabajadores que quería organizarse sindicalmente por primera vez”, dijo.
Una rebelión de las bases
“A pesar de esa sangría tremenda que significó para los trabajadores azucareros el cierre de esos diez ingenios, en menos de diez años ya estaban de pie luchando por sus salarios, condiciones laborales”, señaló Taire al introducirse en la gran huelga de 1974. “Estaba en vigencia el Pacto Social, iniciativa de Perón, no se podía realizar huelgas ni reclamos. A pesar de eso los trabajadores azucareros se organizaron, plantearon una serie de reivindicaciones. De forma espontánea se organizó la huelga, sin la aprobación de la conducción de la FOTIA. Fue una rebelión de las bases, realmente. La conducción de la FOTIA se sumó con el paso de los días”, describió.
Tanto el gobierno nacional como el provincial se opusieron a la “última gran huelga” al considerar que “corría peligro el Pacto Social y era un mal ejemplo para los trabajadores organizados”. Por la huelga, la FOTIA fue intervenida.
“Las represalias con los dirigentes de esa huelga y contra los delegados, que integraban el congreso de delegados seccionales, se dio después, a partir del Operativo Independencia. La mayoría de los dirigentes que estuvieron en esa huelga fueron desaparecidos, encarcelados, perdieron su trabajo, se tuvieron que ir de Tucumán”, afirmó Taire. El dirigente gremial Rafael de Santis hizo un relevamiento, llegando al número de 250 delegados que sufrieron la represión (desaparecidos, cárcel o exilio) de un total de 450. Sobre esta huelga, Taire escribió el libro El Último Grito y adelantó que este año publicará dos tomos sobre el OI.
Antecedentes
Taire remarcó que Tucumán “soportó varios operativos” durante 1974, siendo “militarizada durante casi un año antes del Operativo Independencia”. “En mayo del 74, la Policía Federal desembarcó con una fuerza de tareas enorme, con casi 1000 efectivos” que solo produjo “detenciones arbitrarias”. Al frente del operativo estuvo el comisario Alberto Villar.
“Unos meses después, sin necesidad de decreto presidencial ni nada, el Ejército lanzó un operativo que comandó el general Luciano Benjamín Menéndez, comandante de la V Brigada de Infantería” relató. En aquel momento, la FOTIA denunció la detención de varios dirigentes de la zona de Santa Lucía.
El periodista puntualizó que por aquella época, y por iniciativa de Menéndez, se creó “un grupo operativo con base en la Policía provincial de Tucumán, que posteriormente pasó a ser el Servicio de Información Confidencial”. Este grupo, integrado por militares y policías, comenzó a “operar de forma ilegal y clandestina” con una “ola de atentados terroristas” en "la Universidad Nacional de Tucumán, contra el diario El Pueblo, contra partidos políticos, abogados”. El objetivo era “crear un clima de preocupación y temor en la población” y lograr una justificación de una intervención represiva.
Los empresarios y la prensa
“El Operativo Independencia tuvo como pretexto central la existencia de un foco insurgente en el sudeste de la provincia; pero creo que fue un pretexto para aplicar otra política, la de liquidar al movimiento obrero y el movimiento estudiantil en Tucumán, que dieron luchas enormes”, dijo Taire.
El periodista indicó que si se ve el listado de obreros desaparecidos y su pertenencia a determinados ingenios “comprende perfectamente” los objetivos concretos de los industriales azucareros. Agregó “que lo que más hay que investigar” es el destino de la Compañía Nacional Azucarera S.A. (CONASA) –integrada por los ingenios San Juan, Bella Vista, Santa Rosa, La Trinidad, Florida y Esperanza–, “fue uno de los principales objetivos que se propusieron destruir y lo hicieron”
Además sostuvo que la prensa “jugó un rol central en la desinformación y la mentira. El diario La Gaceta, el Canal de televisión de Tucumán, Clarín, La Nación, sus corresponsalías en Tucumán, la agencia Telám fueron instrumentos de la acción psicología desplegada del Ejército”. Y agregó que todo esto está indicado por Acdel Vilas en su diario de campaña.
Cuando se le consultó por la cobertura periodística de los operativos militares, Taire intuyó que la pregunta venía relacionada al periodista Joaquín Morales Sola: “Como yo escuché que un prestigioso periodista argentino (en referencia a Horacio Verbitsky, quien declaró el día previo) dijo que no sabe nada de lo que hizo Morales Solá en ese momento, tengo reticencia a hablar de la cuestión. Parece que no se dan cornadas entre las vacas sagradas del periodismo” y remitió a sus notas. En diciembre de 2010 Miradas al Sur, publicó una fotografía donde se veía a Morales Solá visitando el centro clandestino “La Escuelita de Famaillá”. Taire escribió en esa edición un escabroso relato, “Cita en el Florida Garden”, donde da cuenta de cómo una cita con Morales Solá era en realidad un operativo militar para secuestrarlo.
Por un lapso prolongado de tiempo, Taire respondió las preguntas de la defensa oficial y particulares, y del represor Lazarte. Todas apuntaban, en vano, a recrear el “clima de época” de una “guerra contra la subversión”.