Diputados, intendentes y dirigentes sindicales repiten que para enfrentar a Macri hay que esperar al año entrante y a la “unidad peronista”. Pero la cuestión, como dicen los sociólogos, “es más compleja”.

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo
Sábado 31 de marzo de 2018
“El peronismo fue en cierto sentido, para los trabajadores, un experimento social de desmovilización pasiva” (Resistencia e integración. Daniel James)
Por estas horas, el “hay 2019” se ha convertido en una suerte de eslogan que repiten a diestra y siniestra intendentes, diputados, senadores y dirigentes sindicales peronistas. Con menor intensidad y expectativa, en el mundo de los gobernadores, la frase encuentra su versión matizada.
Se trata de la fórmula acuñada por el espacio político derrotado en 2015 y 2017 en pos de intentar pavimentar el camino hacia las elecciones del año próximo. Supone, además, el marco general para la orientación del peronismo en sus múltiples entornos. Miremos un poco.
En el Congreso la diferencia entre “traidores” y “leales” desaparece a una velocidad que supera la del sonido. Un ejemplo pudo verse hace solo semanas, cuando Agustín Rossi defendió el (breve) pasaje de Sergio Massa por la Jefatura de Gabinete de la Nación.
El ex intendente de Tigre, como jefe político del Frente Renovador, le garantizó una buena cantidad de leyes en Diputados a Cambiemos. Fue, sin lugar a dudas, un verdadero artífice de la gobernabilidad macrista. Sin embargo, el presidente de bloque del kirchnerismo salió a defenderlo como uno de los suyos. El deseo de “unidad” en el peronismo empuja fuerte en el camino de callar las críticas del pasado y silenciar las futuras traiciones.
Septiembre de 1973: Perón explicaba su “doctrina”. Allí decía “muchas veces llega un tipo al que le daría una patada y le tengo que dar un abrazo. Pero la política es así: es un juego de utilidad, tolerancia y paciencia”. Sobre una base tan "firme" como esta se construye la “nueva unidad peronista".
Las calles y la política
Hace pocos días, la Agencia Paco Urondo publicaba una columna de opinión donde se planteaba la perspectiva del peronismo como posible articulador entre protestas masivas en las calles y el camino electoral hacia el 2019.
Allí se señalaba que “ante el escenario abierto por las dos masivas movilizaciones (…) el peronismo está ante el desafío de apoyarse en ellas para articularlas políticamente, desde la incorporación de demandas a su programa hasta la inclusión de cuadros dirigenciales que le permitan renovar sus figuras”.
Las masivas movilizaciones son las que tuvieron lugar el 21F y el 8M, en el marco del Día Internacional de la Mujer.
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El artículo propone como única “articulación” posible aquella que aleje cualquier perspectiva de enfrentar seriamente la política macrista de ajuste. Política que, por estas horas, suma un nuevo tarifazo extendido.
Es precisamente esa la perspectiva que guía a dirigentes sociales y sindicales peronistas-kirchneristas. La movilización callejera puesta al servicio de la re-construcción de una fuerza política electoral que dispute con el macrismo en el nada breve plazo de, por lo menos, 16 meses.
Sin embargo, el “camino gradualista” elegido por la gestión de Cambiemos no discontinúa el creciente endeudamiento externo, los despidos en el Estado o el constante crecimiento inflacionario. Bajo esta lógica, el peronismo propone a los trabajadores “presentar batalla” luego de que sus condiciones de vida se hayan degradado aún más.
¿Existe la fuerza social necesaria para enfrentar la política de ajuste macrista en la actualidad? Por supuesto. Las movilizaciones antes mencionadas lo evidencian. Las mismas no pueden ser abstraídas de las jornadas del 14 y 18 de diciembre pasado. Aquellas en donde la aprobación de la llamada reforma previsional se transformó en una costosa derrota política para el oficialismo.
Si la poderosa movilización en las calles –que volvieron a vibrar el 24 de Marzo- no puede desarrollar todo su potencial se debe a la (más que) limitada política de la dirigencia peronista. Repitiendo un aforismo de su fundador, se trata de “desensillar hasta que (se) aclare” el panorama electoral y la rosca interna.
La limitación del accionar callejero y la protesta social son consustanciales al peronismo. Históricamente hablando constituyen parte de su “modo de ser”. Si elegimos solo remontarnos década y media atrás podremos constatarlo.
El primer kirchnerismo fue un agudo lector de las jornadas revolucionarias que derribaron a De la Rúa en diciembre de 2001. Néstor Kirchner -“el tipo que supo” al decir de Mario Wainfeld- encontró los mecanismos político-discursivos para reconstruir la confianza de amplias capas de las masas en el poder estatal.
La política, que se hacía en las calles y en las plazas, fue desactivada en aras de que el Estado “diera solución” a sus demandas. El balance de lo actuado es conocido. El crecimiento a “tasas chinas” y el súper-ciclo de las commodities apenas “alcanzó” para terminar con una pobreza cercana al 30 % y un tercio de la clase trabajadora en negro. Eso sí, habiendo pagado religiosamente la deuda externa.
La “articulación” posible entre movilización callejera y camino electoral que proponen actualmente sectores del kirchnerismo ya fue ensayada. Su producto final, tras 12 años, se llamó Daniel Scioli.
Esa experiencia, condensando lecciones de todo el siglo XX, pone al desnudo la necesidad de que la clase trabajadora y el pueblo pobre construyan su propia fuerza política. Una fuerza independiente de las variantes políticas patronales. Una fuerza con un programa anticapitalista que no se detenga en los umbrales de los intereses capitalistas, cuando de dar solución a las demandas de las masas pobres se trate.
Articular en pos de ese objetivo a partir de las masivas movilizaciones actuales resulta una tarea más que necesaria y urgente.

Eduardo Castilla
Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.