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Red Internacional
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Diversidad Sexual. Hector Arce, otra víctima de la violencia homofóbica

El hombre de 44 años se suma a la creciente lista de personas agredidas por ser parte de la diversidad sexual.

Miércoles 10 de mayo de 2017

Por Claudio Meneses y Fernanda Ubilla, militantes de "Pan y Rosas Teresa Flores"

El 5 de Mayo, Héctor Arce Serrano de 44 años falleció en el Hospital Luis Córdoba de la región Metropolitana. La muerte de Héctor es consecuencia directa que el 14 de Abril fue brutalmente golpeado por un sujeto que constantemente lo discriminaba y humillaba por el solo hecho de ser homosexual. Tras casi un mes de lo ocurrido, Héctor se suma al creciente número de personas que han sido agredidas y matadas por ser lesbianas, gays, bisexuales, transgénero o transexuales, por el solo hecho de no ajustarse a la heterosexualidad.

El año 2016 las denuncias por discriminación a la diversidad sexual aumentaron en un 28%, según el XV Informe anual de Derechos Humanos de la Diversidad Sexual y de Género. El año pasado, 4 personas fueron asesinadas por su orientación sexual; se denunciaron 40 agresiones perpetradas por desconocidos; 32 abusos laborales y más de 50 personas denunciaron haber sido agredidas por su familia, amigos o vecinos. Estas cifras, que si bien nos dan una idea de la situación actual en Chile, no reflejan el real problema de discriminación por razones de sexualidad, ya que solo incluye las denuncias efectivamente realizadas y no aquellas agresiones que quedaron silenciadas por el miedo y/o la vergüenza.

Ante el preocupante aumento objetivo de la discriminación contra la diversidad sexual, hemos sido testigos del rol pasivo que ha tomado el Estado, no viendo esta situación como una problemática real, que nos afecta en nuestras vidas cotidianas, y más bien como una herramienta de la opresión. Lo anterior se manifiesta en un congreso que se niega a aprobar una ley de identidad de género o que promulga leyes insuficientes como la Ley Zamudio.

Nada de lo anterior debería sorprendernos. El congreso y los otros poderes estatales no podrán nunca velar por las necesidades de las personas gays, lesbianas, bisexuales y transexuales; ya que velan por los intereses de un sistema económico, político y social que férreamente defiende los valores de la familia heterosexual, como el núcleo central de una sociedad individualista, machista y heteronormada.

Debemos levantar entonces, un gran movimiento de mujeres y de la diversidad/disidencia sexual, que en cooperación con las/los estudiantes y las/los trabajadores, podamos organizarnos en secretarías o comisiones de género y sexualidades, que visibilicen estas problemáticas en nuestros lugares de estudio y de trabajo. De esta manera, entre todas y todos acabar con este sistema que nos explota y nos oprime, que limita nuestras vidas al punto de someternos a situaciones de peligro por solo hecho de no responder al régimen político heterosexual.