La historia de Alicia es la de muchos jubilados. Viven con 14 mil pesos por mes y están obligados a seguir trabajando. Hoy la pandemia del coronavirus afecta sus vidas.

Jorgelina Esteche Congresal Suteba Morón | @EstecheJor
Jueves 19 de marzo de 2020
En estas últimas semanas hemos escuchado mucho sobre los jubilados porque es uno de los focos con mayor riesgo ante la pandemia. Se decretó que todo mayor de 60 años se resguarde en su casa, incluso esta semana se anunció un bono (por única vez) de 3 mil pesos para todos los que cobran la jubilación mínima.
Alicia vive en la zona oeste del Conurbano. Su historia es la de miles de jubilados en la provincia de Buenos Aires. Tiene 63 años, es paciente diabética, por lo tanto tiene que tener muchos cuidados. Trabaja en negro 30 hs por semana y cobra 114 pesos la hora. Este trabajo lo consiguió hace medio año: antes cuidaba abuelos con problemas de salud, también hace changas de costura.
“De gastos mensuales tengo 10.500 pesos por mes porque alquilo, pero ahora el alquiler se va a 10 mil y estoy tratando de buscar una casa que no sea por inmobiliaria porque no tengo ahorros. Tomo cuatro remedios que están cubiertos por PAMI, por tener la jubilación mínima, pero si llego a necesitar otra medicación empiezo a pagar el 50%”, cuenta Alicia. Es decir, su jubilación solamente alcanza para alquiler y servicios: “Con 3 mil pesos tengo que vivir un mes. Por eso salgo a trabajar”.
Nos cuenta que la crisis que atraviesa a nuestro país la afecta porque depende del trabajo, con eso carga la tarjeta SUBE, compra la comida y se da algún gusto, pero ahora las actividades están suspendidas: “el problema es que mi trabajo está con cese de actividades porque concentra mucha gente, pero también soy una paciente de riesgo y ahora tendré que vivir con los 3 mil que me quedan de la jubilación”.
Expresa que tiene mucha bronca, porque hay gente que tiene menos recursos que ella, gente indigente o sin trabajo, sin acceso al alcohol en gel o barbijos, en el marco que se aprovechan con el aumento de precio.“Los abuelos si no comemos bien y si no tenemos los recursos de cuidados es un problema, y no nos provee de esto el Estado. Siento que si se muere un viejo no le importa a los gobernantes”.
En estos días nos enteramos que en Italia las autoridades sanitarias adelantaron una suerte de condena a muerte para los mayores de 80 años. Lo que llaman el “colapso sanitario” imposibilitaría atender a quienes tengan "escasas posibilidades de sobrevivir"
Esta aberración no surge de la nada, sino de la política consciente de vaciamiento en la salud pública. El ajuste al pueblo pobre y trabajador que vive Europa desde el 2008, se debe a la decisión de salvar a los bancos y empresarios. El Estado no está ausente, defiende los intereses de una clase, de los capitalistas. Son los que consideran como descarte a los jubilados porque dejan de generar ganancias.
En Argentina comenzamos el año enterándonos que el gobierno de Alberto Fernández a la hora de elegir entre los bancos y los jubilados, optó por suspender la movilidad jubilatoria y ofreció un bono que se cobró dos meses, dejando afuera a miles de jubilados en la extrema pobreza (fue recibido por todos los que cobraba hasta 20 mil pesos). Un recorte a tono con los pedidos del FMI.
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La situación de los jubilados se agrava en el marco de la pandemia. Por eso las propuestas de la izquierda se hacen acuciantes, se necesita un haber mínimo jubilatorio equivalente a la canasta básica de la tercera edad y el 82 % móvil para todas los trabajadores, lo que se niega a los adultos mayores, pero un privilegio de los abultados sueldos de jueces, secretarios y fiscales.
Desde la Izquierda también se viene planteando medidas urgentes ante la pandemia: la salud privada y los laboratorios deben ser nacionalizados para que se integren en un plan centralizado para combatir la pandemia del coronavirus. Los medicamentos no pueden quedar en manos de un puñado de empresas que siguen lucrando con la salud y la vida de millones, sino que deben ser nacionalizados bajo gestión de médicos, enfermeras y trabajadores del sector. Reconvertir a las empresas que se necesiten para ponerlas a producir todo lo que hiciera falta. Eso incluye aparatos de asistencia respiratoria, alcohol en gel, desinfectantes, barbijos y todo aquello que pueda impedir muertes evitables.
La vida de nuestros abuelos, valen más que sus ganancias.