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Red Internacional
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OPINIÓN. La Gaceta y un retorno a “la teoría de los dos demonios”

Entrevistas, “aportes de lectores”, un editorial que en el fondo esconde una justificación del golpe (criticando a lo sumo los “excesos”) y un llamado a la “conciliación”.

Maximiliano Olivera @maxiolivera77

Viernes 25 de marzo de 2016

Un trabajo de investigación reciente realizó un relevamiento de las visiones del diario La Gaceta en la pos dictadura. Un editorialista, Ángel D. Anaya, realizaba sus editoriales desde el paradigma de “la teoría de los dos demonios” y criticaba a lo sumo que no se conocieran los responsables de los “excesos” (La Gaceta, 30/04/1983) (1). Si uno lee el edición que se publicó a 40 años del golpe, pareciera que el tiempo no ha pasado. A tono con declaraciones de algunos dirigentes de Cambiemos o editoriales de La Nación, el diario reflejó una línea editorial basada en “la teoría de los dos demonios”, llamando a deponer “fundamentalismos” en pos de una “unión”.

Luego de las primeras páginas referidas a la llegada de Obama a la Argentina, en la página 6 se publican dos reportajes a Fernando Juri (hijo de Amado Juri, gobernador hasta el golpe y detenido por Bussi padre) y Ricardo Bussi (hijo de Antonio D. Bussi, a cargo del Operativo Independencia desde diciembre de 1975 e interventor militar desde el golpe).

Con su lamentable costumbre, Bussi hijo reivindica el golpe genocida y el rol de su padre (“Bussi es mi norte, mi ejemplo y mi modelo a seguir”). “Había mucha expectativa por el tan anunciado golpe militar. Recuerdo también que ese día se vivió un clima de alivio en todos lados”, afirma. A través de medias verdades (“la dirigencia plena a nivel político, sindical, empresarial y eclesiástica espera y pedía el golpe”) busca una legitimación para los genocidas (“octogenarios que se están muriendo en la cárcel”), y un aval para su relato sobre “una guerra”.

Juri junto a Bussi en las vísperas del golpe. Archivo La Gaceta

Por su parte, Juri hijo inscribe su relato en “la teoría de los dos demonios” y realiza un recorte para salvaguardar al peronismo. “Bussi tenía relación con mi padre como comandante de la V Brigada de Infantería desde antes del golpe. Él llegó luego de que el general Vilas había terminado la lucha contra la subversión. Después vino el verdadero terrorismo de Estado, con Bussi y con Videla”, relata el ex vicegobernador de José Alperovich (los resaltados son nuestros). Tras el golpe, Amado Juri permaneció detenido tres años y medio en el penal de Villa Urquiza y la represión también alcanzó a algunos sus funcionarios. Aquí Juri se refiere a su padre como “uno de los tantos desaparecidos y presos completamente inocentes. Rubén Chebaia, Dardo Molina, tanta gente que no tenía nada que ver…”. ¿Acaso hubo desaparecidos y presos “totalmente culpables”? ¿Los métodos genocidas deberían haberse aplicado solo a “quienes tenían algo que ver”?

El relato de Juri hijo busca despojar al peronismo (y por ende a su padre) de la responsabilidad política que tuvieron en el Operativo Independencia, un “ensayo general” de lo que fue el genocidio pos marzo del 76. En referencia a la situación judicial de Isabel Perón, citamos a Juri padre quien afirmaba: “Estamos cumpliendo con la consigna del General Perón de hacer la revolución en paz con la verdad, con la razón, con la justicia de nuestras realización, y no con la sangre y la violencia como pretende la subversión apátrida a la que felizmente nuestras gloriosas Fuerzas Armadas y de Seguridad están combatiendo con heroica decisión para erradicarla definitivamente de nuestro suelo”. Si buscamos en la prensa de la época se pueden encontrar declaraciones similares de senadores, diputados e intendentes peronistas, desde enero de 1975 hasta marzo de 1976. El gobierno provincial homenajeó a Vilas, cuando se retiró de Tucumán en diciembre de 1975.

Por distintas vías, los hijos de Juri y Bussi concluyen en los mismos: los juicios a los genocidas están sesgados. “¿Y justicia? No. No hubo. Lo que hubo fue venganza y violación sistemática de principios fundamentales del derecho para llevar adelantes juicios ideologizados”, sostiene Bussi hijo. Más moderado, Juri hijo afirma que “a algunos no les gustará, pero se debe juzgar a todos, de los dos sectores”. Más acá, el peronismo sirvió como refugio de bussistas reciclados en “tiempos democráticos”.

En contraposición, el espacio dedicado a declaraciones de organizaciones de Derechos Humanos, la mayoría identificadas con el kirchnerismo, ocupan un cuarto del espacio cedido a Fernando Juri y Ricardo Bussi.

De igual proporción en la sábana son los espacios en el que se reflejan las diferentes marchas por la fecha y la cedida a los “Aportes del lector”. En esta atípica sección, lectores “de a pie” con apellidos tan comunes como “García Hamilton” o “Patrón Costas” ensayaban una reivindicación total del golpe genocida. “Militares que sufren injusta prisión”, “unánime sensación de alivio en la gente”, “muertes de una guerra”, “patria perdida”, “detener el caos y lograr una paz duradera”, “odio y revancha”, “vivíamos en una permanente zozobra”, “defensa de nuestros valores tradicionales, la religión, la familia, la patria”, “que esa anarquía terminara”, “instalar el comunismo en nuestra patria”, expresiones que demuestran el tenor de los “aportes”.

Finalmente, el editorial titulada “A cuatro décadas del Golpe cívico-militar” sienta la posición del diario. Luego de enumerar algunas medidas de la dictadura y recurre a Tulio Halperín Donghi para aggiornar “la teoría de los dos demonios”. “Sí, hay una teoría de los dos demonios, pero son dos demonios muy diferentes. Hay un elemento diferenciador. Una cosa es una iniciativa privada, una asociación para delinquir y otra cosa es hacer del Estado una asociación para delinquir. Hay un elemento diferenciador entre la violencia surgida de la iniciativa de los guerrilleros, y una violencia que comienza con el secuestro del Estado y el uso de todos los recursos del Estado para ciertas funciones que los que lo han capturado deciden que son importantes y que imponen al resto de la sociedad. Creo que aquí hay una diferencia muy básica, que tiene una dimensión moral. Y que caracteriza muy bien la naturaleza muy diferente de los dos movimientos”, es la cita del historiador.

Para la “teoría de los dos demonios”, “la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda”, según la expresión empleada por Ernesto Sábato en el prólogo del Nunca Más. Al equiparar al “demonio guerrillero” y el “demonio militar” se apunta a borrar al profundo estado de movilización en amplias capas de trabajadores y la juventud que ponía en cuestionamiento al régimen político y económico; pero también apunta a borrar la responsabilidad de los sectores empresariales, políticos y eclesiásticos en el genocidio. La idea implícita de una “guerra” con sus “excesos” busca la impunidad para los sectores que apuntalaron a la dictadura. En el marco del gobierno de Macri se apela a “la teoría de los dos demonios”, con sus tonalidades, para imponer un clima reaccionario que estigmatice la resistencia al ajuste en curso y avale la creciente criminalización de la protesta social y la represión sobre los sectores que salen a luchar.

Como corolario, el editorial del diario llama “meditar” lejos de “los fundamentalismos de cualquier ideología, que siguen dividiéndonos en la actualidad” y llegar a una “unión” como un punto de partida. No puede haber reconciliación con los genocidas que se llevaron la vida de 30.000 compañeros ni puede haber unión con la clase social que promovió el genocidio.

(1) Nemec, Diego Martín, “La violencia política en la mirada de La Gaceta de Tucumán durante la transición democrática (1982-1984)”, en Feld, Claudia & Franco, Marina (dir.), Democracia, hora cero, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2015.