Los recientes casos pusieron a la desnutrición pública en el centro de la opinión pública. A pesar del desarrollo tecnológico y productivo, resulta incompresible que el derecho a la alimentación no pueda ser garantizado. Sin embargo este problema refleja la lógica inherente a la economía capitalista, donde los negocios son más valiosos que la vida misma.
Juan Paz Médico (Universidad Nacional de Tucumán)
Martes 12 de mayo de 2015
El crecimiento y desarrollo de un individuo es un fenómeno biológico que depende de factores genéticos y ambientales, siendo la nutrición un componente fundamental para llevarse a cabo. Su valoración y seguimiento constituye un buen indicador del estado de salud, tanto individual como colectiva de una población determinada. El aporte adecuado y asimilación biológica de nutrientes permite un crecimiento armónico desplegando el potencial genético. En cambio, la alimentación insuficiente puede comprometer el ritmo de crecimiento y el desarrollo de funciones vitales y cognitivas elementales, limitando las capacidades de los individuos para desarrollarse plenamente [1]. La desnutrición estado patológico resultante de una dieta deficiente en uno o varios nutrientes esenciales o de una mala asimilación de los alimentos [2]. Esta determina la facilidad de sufrir infecciones y alteraciones del desarrollo neuropsíquico, condicionando a las personas a una mayor vulnerabilidad y a una reducción de sus potencialidades intelectuales.
Las manifestaciones clínicas de la desnutrición consisten en apatía, irritabilidad, trastorno de aprendizaje, signos de carencia de vitaminas, pelo quebradizo e infecciones a repetición entre otras. De acuerdo al tiempo de instalación, puede clasificarse en aguda o crónica. Aguda cuando el niño presenta una disminución en la progresión del peso, y crónica cuando hay una disminución de la progresión de la altura que no corresponda a causas genéticas. Otra forma de clasificar a la desnutrición es teniendo en cuenta el porcentaje del valor teórico del peso y la talla correspondientes para la edad: en leve (85% y 89%), moderada (75% y 84%) y severa (menor al 75%). En la actualidad el concepto de desnutrición infantil fue disfrazado infantil por “Niño de bajo peso” y “Niño en riesgo nutricional”. La utilización de estos eufemismos esconde la operación maquiavélica de naturalizar esta problemática.
Cómo se evalúa la desnutrición
La valoración del estado nutricional es una actividad que se realiza en todos los centros de atención primaria de la salud y se utilizan curvas que analizan el peso para la edad, la talla para la edad, el perímetro cefálico para la edad y el índice de masa corporal para la edad; que correlacionan a los niños evaluados a partir de parámetros estandarizados [3]. Su abordaje no solo implica la evaluación por estas tablas sino también por las pautas del desarrollo neurológico. Esto permite clasificar a los niños en aquellos que tienen un crecimiento y desarrollo acorde para la edad o “eutróficos” (que se encuentran con valores por encima del percentil 10), y en aquellos con retardo en el crecimiento y desarrollo (valores por debajo del percentil 3), “bajo peso para la edad”, “riesgo nutricional” y en “baja talla para la edad”, en términos concretos, desnutridos.
Hoy en día estas tablas fueron actualizadas con nuevos estándares de medición de la OMS[4], debido que en las anteriores no se consideraba a la lactancia materna en los primeros años a la hora de la evaluación, y la dificultad para calcular la variación de los porcentajes del déficit [5]. Los nuevos parámetros, incluyeron “condiciones óptimas de crecimiento” tales como la lactancia materna y alimentación complementaria optima, medio ambiente ideal (agua y saneamiento básico, madres no fumadoras), y un cuidado de la salud ideal (inmunizaciones y controles pediátricos rutinarios); que fueron configurados a partir de un estudio realizado en 5 ciudades de países diferentes (Brasil, E.E.U.U., India, Noruega y Omán). Estos ponen al descubierto los nuevos casos de desnutrición que antiguamente estaban categorizados como “eutróficos” con el uso de las tablas argentinas, debido a que en éstas no se consideraba variables sociales y culturales determinantes en el proceso del crecimiento y desarrollo de los niños. Sin embargo el uso operacional de estas nuevas tablas todavía no se generalizó a todo el país.
El norte también existe, desnutrido
En el noroeste de la Argentina ocho de cada diez chicos y adolescentes es pobre, la mitad vive en hogares que no tienen ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. Según el INDEC en la Argentina viven un millón trescientos mil chicos de 0 a 2 años. El Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI) asegura que el 35% de la población no puede acceder a los alimentos básicos aunque destine a ellos el 66% de sus ingresos; y además que el 50% de los chicos de todo el país de entre 6 meses y 2 años padecen anemia a causa de la mala alimentación. En el NOA la anemia alcanza el 66 por ciento. Esto traduce la consecuencia de los salarios más bajos del país, del trabajo informal y el desempleo más alto.
En la provincia de Tucumán, por datos extraoficiales, existen aproximadamente más 15.000 niños desnutridos, a los cuales el gobierno de Alperovich trata de esconder reconociendo solo 2.500. Pero la manipulación de las estadísticas no es un nuevo artilugio, antes lo hicieron con las cifras de mortalidad infantil al cambiar de metodología para inscribir como defunciones fetales a los niños que, aun habiendo nacido vivos, mueren casi inmediatamente al nacer. En las otras provincias también tiene como factor común la desnutrición. Los casos de muertes recientes de los niños Wichi y Qom pusieron al desnudo la podredumbre de estos gobiernos. Los Urtubey, los Insfran, los Capitanich, los Fellner y los Zamora nada tienen de distinto con los Alperovich. Ya que se tratan de una casta que durante más de 10 años solo se dedicaron a enriquecerse y a adquirir “mansiones”.
Los proyectos políticos patronales que se asoman a la arena electoral son la continuidad de estos gobiernos. Tanto las variantes del PJ (FPV y el massismo) como la UCR, ACyS y el PRO solo buscan enriquecerse junto a sus empresarios amigos, sin dar soluciones contundentes al problema de la desnutrición infantil.
Una respuesta al problema
El plan nacional de saneamiento alimentario (PNSA) fue impulsado por el gobierno y la FAO en el año 2003, y consistía en la emisión de tarjetas magnéticas que permitan proveer de alimentos a los beneficiarios, en el desarrollo de huertas y de centros comunitarios. Esto derivó en un fortalecimiento territorial por medio del clientelismo de los punteros políticos. Sin embargo la capacidad adquisitiva de estos planes fue miserable.
Para dar una respuesta seria al problema de la desnutrición se debe iniciar con una serie de medidas tales como impuestos progresivos a las grandes fortunas, la nacionalización y estatización de la industria alimentaria y la expropiación de tierras a los grandes terratenientes, así como el acceso a la vivienda y la salud, y a un salario igual a la canasta básica familiar. Medidas que de conjunto permitan una planificación racionalizada de un programa alimentario a la par de generar condiciones de vida dignas.
[1] Allen LH. The nutrition CRSP: what is marginal malnutrition and does it affect human function. Nutrition Review. 1993
[2] Bisceglia, M., La desnutrición. Fundamentos de Salud Pública. 2007
[3] Lejarraga H, Orfila G. Estándares de peso y estatura para niñas y niños argentinos desde el nacimiento hasta la madurez. Archivos Argentinos de Pediatría. 1987.
[4] WHO Child Growth Standards. Length/heigh-for-age, weight-for-age, weight-for-length, weight-for-height and body mass index-for-age. Methods and development. NLM classification: WS 103. Geneva; 2006.
[5] Lejarraga, Del Pino, Fano, Caino y Timothy. Referencias de peso y estatura desde el nacimiento hasta la madurez para niñas y niños argentinos. Incorporación de datos de la OMS de 0 a 2 años, recálculo de percentilos para obtención de valores LMS. Archivos Argentinos de Pediatría. 2009