El día lunes en un hecho insólito la Policía detuvo a una mujer por estar besando a otra en la calle. Pero ¿esto es realmente insólito o lleva la marca de agua de un gobierno pacato y homofóbico?
Miércoles 4 de octubre de 2017

Que la policía haya decidido detener, en un acto absolutamente arbitrario y sin asidero legal, a una mujer por besarse con otra en la calle podría tomarse como un hecho aislado y endilgárselo a la falta de criterio del agente de seguridad que tomó esa decisión.
Sin embargo recorriendo el historial homofóbico no solo de Macri, sino del PRO en su conjunto, se puede hablar casi de una “coherencia” entre el discurso y la práctica.
Hace casi veinte años, cuando Macri era solamente el presidente del equipo de fútbol Boca Juniors, le consultaron si contrataría para el plantel un jugador homosexual. La respuesta fue categórica: “Es una situación complicada. Es una enfermedad, no es una persona ciento por ciento sana”.
El famoso club de La Boca le sirvió de trampolín para que llegara a la jefatura del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ya instalado como autoridad máxima del distrito más rico de toda la Argentina, Macri decidió que las travestis “fueran trasladadas” al Parque 3 de Febrero para que se prostituyeran, un lugar alejado de la gente que a su vez garantizaba los 200 metros de distancia que exigía el medieval código contravencional.
En ese momento apeló a su experiencia personal para darle fuerza a su intención de crear un “gheto” declarando que a los 18 años visitó la zona de prostitución en la capital holandesa y que: “Fue una experiencia increíble, el nivel de emoción y excitación. Hay situaciones límites y perversas que son inherentes a la condición humana”.
Su avanzada en contra de las libertades democráticas y de la diversidad sexual se concretó de manera tangible cuando el bloque del PRO en el Congreso Nacional se posicionó en contra de las leyes de Matrimonio Igualitario, Identidad de Género y Aborto no punible.
Que una vez elegido presidente haya utilizado el nombramiento en su gabinete de Peter Robledo al frente del espacio Gay-PRO o a Mara Pérez Reynoso, militante transexual, como titular del Área de Diversidad del Ministerio de Seguridad de la Nación, como mascarón de proa es casi infantil. Propio del que solo tiene intención de parecer “políticamente correcto”.
Con estos antecedentes, es casi lógico que las fuerzas de seguridad que responden a Macri, hayan detenido a Mariana Solange Gómez simplemente porque no responde a la pareja mujer-varón que rige los cánones de “normalidad” del presidente.
Es un hecho que todas aquellas personas que disienten de la heteronorma, que se encuentran incluso marginadas del mundo laboral por su propia identidad, no encuentren representación con el gobierno de Cambiemos.