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Red Internacional
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Rosario. La “seguridad” que nos quieren vender: abusos policiales y gendarmes mafiosos

Gendarmería desembarca en Rosario entre denuncias por robos organizados por jefes de la fuerza. La Policía, tan amiga del narcotráfico, aprovecha el clima represivo. Lo que algunos nos quieren vender como “seguridad”.

Martes 20 de septiembre de 2016

La agenda “securitaria” copó las pantallas, los discursos y los discursos de opinólogos varios. Desde el impresentable Eduardo Feinmann incitando al asesinato hasta Mauricio Macri pidiendo “comprensión” para la venganza por mano propia, la construcción del enemigo (pobre, joven, morocho) y la incitación al linchamiento avanzan a pasos agigantados. La política “manodurista” une a Miguel Lifschitz con Patricia Bullrich, felices de inundar la ciudad de Rosario de gendarmes. Al mismo tiempo buscan ocultar, o al menos presentar como hechos aislados, los casos que muestran la podredumbre de las fuerzas de seguridad. Pero no se trata de casualidades ni manzanas podridas; son las fuerzas de seguridad las grandes dirigentes del delito organizado, las principales responsables y beneficiarias de la “inseguridad”.

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Más que una Comisaría, una asociación ilícita

En la provincia que tuvo 6 jefes policiales en 5 años, todos ellos obligados a renunciar por corrupción y vínculos con el narcotráfico, nadie puede pensar que el caso de la Comisaría nº19 es un hecho aislado. Los 5 oficiales imputados de dicha Comisaría fueron condenados ayer, con penas de entre 6 y 12 años, por los delitos de encubrimiento, robos, pedidos de coima y secuestro extorsivo.

El caso de la Comisaría nº19 es apenas una marca más, ni siquiera la más impresionante, de una fuerza en la quecada 17 horas un policía es pasado a disponibilidad por ilícitos. Una Policía unida por tantos lazos al narcotráfico que resulta una misión imposible encontrar una causa narco en la que no haya oficiales implicados.

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El discurso mediático centrado en el “delincuente individual” le viene como anillo al dedo a esta fuerza, que posa de dura para cachear a un grupo de jóvenes en una plaza o, como denunció ayer una joven rosarina, a la hora de palpar y asustar a una chica que camina por la calle un sábado a la mañana. Una fuerza activa contra los chivos expiatorios, la receta ideal para que el gran delito policial quede debajo de la alfombra.

Llega a Rosario la Gendarmería boquetera de Bullrich

Después de las disputas, con olor electoral, por la llegada de la Gendarmería a Rosario, el desembarco de las tropas que militarizarán la ciudad es un hecho. La idea de que Gendarmería, la fuerza que a principio de este año se encargó de reprimir una peligrosa banda de niños murgueros, funcionará como un “contrapeso” a la corrupción policial y una garantía de seguridad, sería graciosa si no resultara tan perversa.

A escasos días de la aprobación del acuerdo para el desembarco de 1500 gendarmes, salió a la luz que miembros de la fuerza hacían “horas extras” como boqueteros, realizando robos y escruches en la zona de Pompeya. Tres de los detenidos cumplían tareas en la zona, y el cabecilla de la banda era un gendarme ya exonerado por delitos previos.

Hace 2 años, la Gendarmería ocupó el territorio rosarino, con centenares denuncias de abusos y actos violentos en los barrios. Ahora, a la violencia de una fuerza militar tan corrupta como la Policía, se sumarán las disputas por el control del territorio y el manejo de los “negocios” policiales, además de los microemprendimientos de los boqueteros. Y, al mismo tiempo, militarizar los barrios y conseguir “chivos expiatorios”, en una ciudad con un índice de desocupación del 12%, en la que miles de personas no llegan a fin de mes. Porque es lo que la agenda demanda: control social y acciones mediáticas, sin tocar los grandes negocios de las fuerzas de “seguridad”.

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