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UNIVERSIDAD Y GÉNERO. La universidad que no amaba a las mujeres

Repasamos la precaria situación de la mujer en la UAM. Desde el órgano vacío de la Unidad de Igualdad a la desigual presencia de mujeres en las diferentes instancias del centro, pasando por la ausencia de contenidos en materias y proyectos de investigación.

Martes 18 de abril de 2017

Foto: Flickr UAM

Ahora que van a volver a celebrarse elecciones a rector en la Universidad Autónoma de Madrid -el 4 de mayo la primera vuelta y el 24 la segunda- parece un buen momento para detenerse a pensar cuál es la situación de las mujeres en la Universidad Autónoma, cuáles han sido los ataques desde el equipo rectoral y cuál es el papel cómplice de los órganos que ostentan la competencia en materia de igualdad.

Desde 2007, la creación de Unidades de Igualdad en las universidades es una obligación señalada por ley. De manera que en ese mismo año se creó el Observatorio de Género en la UAM que, en 2009, daría paso a la actual Unidad de Igualdad. Dicha Unidad ha elaborado algunos informes sobre la presencia de mujeres en el centro y dos planes de igualdad, el segundo abarcando desde 2015 hasta 2018.

El plan de Igualdad, siempre presentado en actos públicos con el equipo rectoral en la foto, tiene como objetivo, según consta en la introducción del actual Rector José María Sanz, “hacer avanzar la igualdad de género en todos los ámbitos de presencia y representación en los que participan estudiantes, personal de administración y servicios y personal docente e investigador” porque “tiene el convencimiento de que una universidad igualitaria es una universidad más abierta, más sostenible y más democrática.” Curioso que se hable de universidad abierta cuando la subida de tasas ha expulsado a estudiantes de las aulas, curioso que hable de democracia cuando el voto es enormemente ponderado -el voto de un catedrático vale lo que el de 34 estudiantes y el voto en blanco es eliminado junto al nulo a la hora de hacer la ponderación- y teniendo en cuenta que el rector que firma estas palabras ha sido electo en ambas ocasiones siendo el candidato con menos votos.

Dejando estos “detalles” aparte por un momento, nos llama la atención que en esos ámbitos de presencia y representación que mencionan nunca aparecen las trabajadoras contratadas de los servicios privatizados como son las mujeres que trabajan en cafetería, en reprografía, en el servicio de deportes -hoy en lucha por unas condiciones dignas de trabajo- o en la limpieza.
Los servicios se privatizan -prefieren llamarlo externalización, pero no nos engañan- y se desentienden completamente de las situaciones de la doble violencia, machista y capitalista, del acoso laboral a las trabajadoras y de la precariedad de sus contratos y los de sus compañeros. Pero nosotras no olvidamos que se está produciendo acoso a los y las trabajadoras del servicio de deportes, ni olvidamos que las trabajadoras del servicio de limpieza tienen contratos precarios directamente ilegales, ni de que han cedido los empleos de reprografía al gigante Canon…

Pero volvamos al plan de igualdad, desbordado por verbos como “fomentar”, “instar”, “velar por que”, “considerar”… todos síntoma de la vaguedad de sus funciones. Además, la participación en el desarrollo del plan está absolutamente restringida a través de los canales institucionales donde el alumnado está infrarrepresentado y muchas trabajadoras se quedan fuera. En definitiva, se trata de un aparato vacío e inútil pero que permite que el rectorado se cubra las espaldas.

Vamos a detenernos ahora en las cifras, muy elocuentes. A pesar de esa idea generalizada de que la universidad es un espacio progresivo, punta de lanza del avance social, o como afirman en el Manifiesto por el 8 de marzo de la Red de Unidades de Igualdad de Género de las Universidades Españolas para la Excelencia Universitaria “una de las instituciones que más ha contribuido en las últimas décadas a los avances en igualdad”, es fácil observar las fallas de esta institución cuando se hace evidente que reproduce las contradicciones de la sociedad de clase y patriarcal.

Por dar algunos datos que hacen referencia a la violencia laboral -según el último informe disponible del curso 2012-2013-, mientras que las mujeres suponen el 57% del nuevo alumnado y el 60% en máster, solo suponen el 40% del profesorado y tan solo el 20% de las cátedras, apareciendo con mayor peso en los contratos más precarios y desapareciendo según ascendemos cumpliendo con el famoso “techo de cristal”. Esto se ve desde el comienzo de la “carrera académica”: aunque las mujeres conformamos el 61% de los doctorandos, esto no se refleja en las becas de investigación, ya que solo un 41% de los becados son mujeres.
En cuanto a los investigadores principales de proyectos, apenas el 29% son mujeres y, por si esto fuera poco, el proyecto dirigido por un hombre va a obtener de media 56.025,05€ más que el dirigido por una mujer. Genial.

Si vamos al personal de administración y servicios ahí sí hay casi el doble de mujeres que de hombres, si nos fijamos en las trabajadoras de limpieza, oh sorpresa, son solo mujeres. De la misma manera que existe una feminización de ciertos empleos y tipos de contrato -a más precario más mujeres-, también existe una feminización de ciertas carreras: los datos reflejan una abrumadora mayoría de alumnas en psicología, medicina, profesorado y educación, apuntalando nuestro papel como cuidadoras, encargadas del trabajo de reproducción dentro y fuera de nuestros “hogares”.

También podemos ver cómo las mujeres quedan fuera de los temarios y la cuestión de género se convierte en una asignatura aislada en lugar de entrar en cada materia. Si nos fijamos en los proyectos de investigación -en este caso los activos en el 2015-, de los 478 proyectos I+D, solamente 8 tienen enfoque de género. Además, el gobierno eliminó hace unos meses las subvenciones para los posgrados de géneros y las actividades en formación de igualdad en la universidad. Gracias por eso.

Por todo esto, desde Pan y Rosas peleamos por la institución de comisiones de mujeres formadas por estudiantes, profesoras y trabajadoras de la universidad. Una comisión que sustituya las unidades de igualdad decretadas por ley, vacías, burocratizadas y que no se enfrentan a la raíz del machismo, protegen a la casta universitaria en connivencia con las redes clientelares, cierran filas ante los abusos y se quedan de brazos cruzados ante la eliminación de los cursos y asignaturas sobre género. Una comisión de mujeres que luchan por una universidad libre de violencias machistas, por una universidad radicalmente democrática, por una universidad en la que las empresas no tienen cabida en los órganos de decisión o dirección, por una universidad gestionada por trabajadoras y estudiantes.

Con este espíritu, lanzamos desde Pan y Rosas una campaña contra las Violencias Machistas e impulsamos, junto a los y las compañeras de Armas de la Crítica la elección directa de todas las autoridades universitarias.

¡Sus violencias, nuestras luchas!