El alerta meteorológico para la zona del Río de La Plata y alrededores y la gran cantidad de agua que cayó reavivó el fantasma del 2 de abril en la ciudad de La Plata. A más de 18 meses de la evitable inundación que cobró visibilidad por haber tenido como saldo al menos 89 muertes, según los fallos judiciales, ¿qué ha cambiado?
Viernes 31 de octubre de 2014
Ya han pasado más de 18 meses desde aquel inolvidable 2 de abril y las Asambleas Barriales, que en aquel entonces surgieron para enfrentar ese desastre, organizar la solidaridad y los reclamos, siguen denunciando el hecho como un “Crimen Social”. Ninguna tragedia, ninguna desgracia. Un crimen, con responsables que incluyen a funcionarios municipales, provinciales y nacionales, ya que no sólo no se habían realizado las obras hídricas e hidráulicas que se sabían urgentes por informes recibidos. Sino que también habían dado absoluta libertad para que los grandes negocios inmobiliarios prosperaran en enormes construcciones que empeoraban la situación.
En estos días el fantasma de la tragedia volvió a aparecer con el temporal desatado anegando nuevamente los barrios, tirando arboles y viejos postes de luz como cada vez que sopla el viento en nuestra región.
Y el estado de las escuelas, ¿también es una “tragedia natural”?
Los docentes venimos denunciando desde hace mucho el problema edilicio de nuestras escuelas. Desde SUTEBA La Plata, se hicieron relevamientos que dan prueba del estado de precariedad en que se encuentran las escuelas en la ciudad. Al respecto las autoridades de la DGCyE prometieron arreglos mientras la conducción provincial de SUTEBA, dirigida por Roberto Baradel, se manifestaba en “estado de alerta” luego de firmar el acuerdo paritario que dejó a la educación pública de toda la provincia aún mas relegada que antes de comenzar el año.
Hoy, quienes pudimos trasladarnos para dar clases, encontramos las escuelas cerradas. Las trémulas instalaciones eléctricas, los techos abundantes en goteras, cielos rasos que se caen, ventanas sin vidrios, y demás, hacían evidente el motivo. Unos días antes, ya habíamos comprobado que las mentadas inversiones de las empresas proveedoras del servicio eléctrico no habían existido; ante la primera ola de calor varios barrios quedaron sin luz...
Ni las pésimas obras Hídricas, ni las condiciones de los edificios escolares, ni los tendidos eléctricos, son tragedias. Son políticas de estado.