En los últimos meses, maestras y madres han tomado las calles repudiando la Reforma Educativa, la cual pretende arrebatar los derechos de las y los docentes, y el futuro de la niñez y la juventud mexicana.
Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Viernes 22 de julio de 2016
Maestras: oprimidas y explotadas
Como todo docente, las maestras deben garantizar tareas fuera de la jornada laboral. Planificación de clases, evaluación de tareas y exámenes, elaboración de exámenes y materiales, etcétera. Decenas de horas son invertidas por los mentores en dichas tareas, mismas que no son reconocidas y mucho menos remuneradas.
Las maestras, como todas las mujeres, tienen un rol definido. Realizan las mismas tareas que sus compañeros, pero además de ello deben garantizar las labores domésticas: aseo de cada espacio en la casa, lavar la ropa, hacer la comida, cuidar a los niños, en algunos casos también cuidar a los ancianos o enfermos en casa.
Como trabajadoras, enfrentan hoy día la crisis capitalista mundial abierta en el 2008 y las políticas de las patronales de la industria y el campo, que pretenden que la crisis que ellos ocasionaron sea cargada por el conjunto de trabajadores.
La Reforma Educativa representa un enorme respiro para este régimen al servicio de los grandes empresarios. Por un lado permite la flexibilización laboral de los docentes, por otro garantiza que sean las madres y los padres quienes se hagan cargo del mantenimiento de las escuelas.
Las otras oprimidas: madres codo a codo con el magisterio
Son las primeras en levantarse; preparan el desayuno, llevan a los niños a la escuela, se preparan para el trabajo, después de su jornada laboral, van por los niños, preparan la comida, asean la casa y se van a dormir cansadas, para mañana hacer exactamente lo mismo. Mantienen la casa y la maquila de pie, garantizan con su labor no remunerada que al siguiente día todos puedan volver al trabajo o la escuela.
Como ellas dicen "van a joderse el lomo" soñando que pueden conquistar un mejor futuro para sus hijos. Y hoy, el régimen que desaparece y asesina estudiantes y trabajadores, mantiene salarios de miseria, flexibiliza y precariza los trabajos, ese régimen, hoy, pretende arrebatarle un futuro más o menos digno a sus hijos.
Es la rabia de las madres la que ha tomado las escuelas, diciéndole a los maestros "ande profe, maestras, vayan a luchar que aquí nos quedamos las madres a resguardar la escuela", el hartazgo de las madres ha tomado también las calles con decenas de cierres y marchas multitudinarias.
Esa rabia y el hartazgo de las que menos tienen que perder, las que han abierto las gargantas de las de abajo que gritan, fuerte y claro, que no permitirán ver cómo les arrancar el fututo a los suyos.
Las mujeres nos sumamos a la lucha
Hoy es indispensable que todas las mujeres tomemos esta lucha como propia. Porque las maestras han demostrado que este proceso puede ser la punta de lanza de un cuestionamiento mucho más profundo, tal como lo muestran las madres, que al organizarse para tomar las escuelas, han descubierto que la miseria no es exclusiva de su casa, sino que la precariedad es norma en las casas de todos los trabajadores y comerciantes.
Las mujeres debemos salir junto al magisterio, porque de pasar sobre ellos, las políticas de miseria vienen sobre el resto del pueblo pobre y trabajador.
Si el gobierno logra arrodillar a las maestras y maestros en esta pelea, seguirán implementando las reformas aprobadas y luego vendrán otras, como la reforma a la salud, que no sólo arrebata el derecho fundamental, también pone en riesgo el limitado acceso a los anticonceptivos y el aborto en la Ciudad.
Las valientes mujeres oaxaqueñas de la COMO, las jornaleras de San Quintín, las maquilladoras de Juárez y ahora las maestras y madres, han decidido que esto ya no va más. Ante las dobles y hasta triples jornadas de trabajo, la violencia que cada vez es más cruda en el país, los feminicidios, las desapariciones, el acoso en las escuelas y centros de trabajo; ante toda esta podredumbre no nos queda más que organizarnos y luchar. Tomemos su ejemplo para nuestras vidas.
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