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CÓRDOBA. Más segura quedándote en casa

Viernes 19 de septiembre de 2014

"Seguridad de las Mujeres" fue el título de la conferencia organizada por el Consejo Provincial de la Mujer. Un nombre que parecía mostrar la preocupación de un organismo del Estado ante el creciente número de mujeres víctimas de delitos en el espacio público.

Lo rayano en lo trágico del sentido común vino después. Cuando llegaron las disertantes, la subcomisaria Claudia Beni y la oficial inspectora Paula Pereyra, de la Dirección de Policía Comunitaria de la Provincia, y expusieron los motivos que tornan a las mujeres más vulnerables: “la distracción al andar por las calles” y el realizar “más desplazamientos urbanos que los hombres”. Dos pretextos que muestran cómo las mujeres seguimos siendo conceptuadas como idiotas por instituciones del Estado.

Pero no termina ahí, dado que las mujeres seguirán siendo distraídas y no se quedarán en su casa, entonces deben tener en cuenta unos consejos que le permitirían estar menos expuestas al delito. El primero, según lo expresado por la Policía Comunitaria es “cualquier desconocido es un potencial delincuente y, por lo tanto, debe ser denunciado”. “Si no son del barrio, deberían despertarnos alguna sospecha o inquietud”.

Lo preocupante de éstos consejos policiales como la publicación periodística que difunde la charla magnánima de la fuerza de seguridad es la manera en que potencian la división entre oprimidos, a través del miedo que inculcan por un lado a la mujer, que será posible víctima en la calle y, por otro lado, la sanción anticipada a todo transeúnte como posible delincuente. “Portación de rostro” la llaman en Córdoba y caracteriza al accionar de la policía y el uso arbitrario y abusivo del Código de Faltas.

A este detalle distintivo del sistema, que se puede resumir en la frase "divide y reinarás" le sumamos que quienes amigablemente aconsejan a las mujeres presentes en la charla pertenecen a la institución policial.

Institución que está vinculada al narcotráfico, a la trata de mujeres, que desoye y minimiza las denuncias de las víctimas y sus familias, que criminaliza la pobreza y la protesta con los códigos de faltas y los servicios de inteligencia que siguen en las mismas prácticas y en las mismas oficinas desde la dictadura. El gesto “amistoso” de la policía, no le da a ninguna mujer la seguridad que necesita. Es decir, ninguna mujer puede satisfacer una necesidad como la seguridad con una institución policial y un Estado que garantiza y ejecuta lo contrario.

Los consejos dados por la policía refieren a un control sobre nuestra vida. El mismo fundamento tiene el botón antipánico: actúa cuando la víctima de violencia ha sido víctima justamente del violento control sobre su vida y sus necesidades básicas.

Para estar seguras, ¿la única solución que tienen para ofrecernos es que aceptemos el control sobre nuestras libertades?