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Red Internacional
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Rosario. Norma Bustos, una madre asesinada por denunciar al narcotráfico

Sábado 22 de noviembre de 2014

Norma Bustos, esa mujer a la que mataron cobardemente, vivía sola en su casa de barrio Tablada, en Pavon al 4600, en la zona sur de Rosario. No se cansó nunca, desde aquel sábado 27 de enero de 2013, de pedir justicia por su hijo, de denunciar quiénes habían sido los que lo mataron. En julio del año pasado, cuando procesaron a los presuntos asesinos de Lucas Espina, Florencia Coll, periodista del portal Trabajo Crónico, la entrevistó. Entre llantos y bronca Norma dijo: “Ahora hacen algo porque está amenazado el ministro, cómo se ve que los hijos de él le duelen, el mío no... Porque era pobre, porque no tenía importancia. Fui a hablar con un montón de gente y todos me dieron la espalda, cuando me iba me dijeron si necesitaba ayuda económica. ¿Creen que puedo cambiar a mi hijo por plata? Yo quiero tenerlo y acariciarlo”.

Ayer Norma atendía el kiosco que tenía en su casa. Alrededor de las 10 de la mañana se acercaron tres hombres a comprarle cigarrillos, no llegó ni a dárselos cuando recibió tres disparos que terminaron con su vida. Ella misma había dicho en otras oportunidades que sabía cómo se manejaba “la gente de la droga”, pero no tenía miedo. “Desde el sábado ese, yo ya estoy muerta. Por eso les digo: que vengan y me maten. Van a matar un cuerpo porque yo estoy muerta hace rato". No tardaron mucho en ir. Por la última persona que podía seguir luchando Norma era por Lucas Espina. Su marido había muerto en septiembre del año pasado, tras varios meses de internación en el Hospital Clemente Álvarez, con diagnóstico de plomo en sangre. Norma dice que “se enfermó de tristeza”.

Tenían un solo hijo, uno de esos jóvenes que se apropian del espacio público del barrio y se juntan con amigos en las esquinas. Una familia que trabajaba con un humilde comercio en su casa y vendían pizzas caseras en la plaza López (Pellegrini y Buenos Aires). Unos meses antes de la crisis de 2001, el marido de Norma fue despedido de la empresa de micros Tirsa -que hacía la conexión San Nicolás/Rosario- y ella no dudó en resistir a la crisis con las pizzas. Vendió su alianza de casamiento y con eso compró el horno. Una metáfora que refleja que los despidos y suspensiones que conllevan el agravamiento de las condiciones de vida son proporcionales al crecimiento de la descomposición estatal.

Hoy ninguno de los tres puede contar la historia y a dos de ellos los mataron con total impunidad. Lucas fue asesinado con una ametralladora, de la que Norma recordaba un ruido que nunca había escuchado, las balas no eran para su hijo, pero le llegaron igual. Esa noche de enero dice Norma que vinieron dos autos a donde estaba el grupo de amigos reunidos, y uno le dijo al otro: “No tires que acá no está el que buscamos”, pero el otro volvió y disparó igual.

Luego del crimen, ningún vecino se animaba a hablar, aterrados por la realidad que les toca. Saben que viven en uno de los tantos territorios de Rosario donde mandan la policía y los narcos. Donde muchos no entran, donde los colectivos desvían el recorrido, los vecinos saben mucho pero hablan poco. Cualquiera puede ser Norma. Esa madre desgarrada hace un tiempo pedía justicia por Lucas y responsabilizaba a la intendenta de Rosario, al ministro de Seguridad y hasta a la Presidenta. Ellos hoy también deberán responsabilizarse por su asesinato. El nivel de impunidad llega al punto de que una persona cuya vida estaba claramente amenazada, es ultimada de manera absolutamente tranquila e impune por estas bandas en complicidad con la Policía y el Estado.

Barrio Tablada

“El lugar que da origen al nombre de “Tablada” estaba ubicado en calle Necochea entre Gálvez y Bv. 27 de Febrero, allí donde está el paso a nivel del ferrocarril Belgrano (exferrocarril Central Córdoba, en su acceso al puerto) sobre la mano de los números impares estaban los bretes o corrales, donde se bajaba el ganado, los cerdos, las ovejas, etc., que llegaban en ferrocarril. Las tabladas son los sitios donde están los corrales y allí se procede a rematar la hacienda. También es el lugar donde se guardan los animales para el sacrificio en el matadero. Cabe aclarar que la denominación de Tablada no consta en ningún documento oficial y que su uso fue impuesto por la costumbre popular” (fragmento del libro Historia del Barrio Tablada y de la Biblioteca C.C. Vigil, editado por la Vecinal AVROSE en agosto de 2006).

En el sur de la ciudad existe uno de los barrios más hermosos pero al mismo tiempo con un nivel de violencia altísimo que ocasiona la estigmatización constante de quienes quieren criminalizar la pobreza. Un barrio con historia de resistencia, con un puerto en desuso al lado. Uno de esos territorios donde conviven trabajadores con delincuentes y policías narcos. En Tablada, el pasaje Santafesino es una especie de límite: hacía el lado del centro, las casas enrejadas y hacia el lado del río, viviendas muy precarias, pero ambas actualmente militarizadas.

Allí funciona la Biblioteca Vigil, recuperada recientemente. Ese espacio que fue víctima del genocidio cultural, intervenida el 25 de febrero de 1977 por la última dictadura cívico-militar argentina. Allí viven familias trabajadoras como la de Norma Bustos, sin embargo los medios de comunicación de la ciudad, durante mucho tiempo se encargaron de no contar en profundidad qué es el barrio Tablada.

En la década del 90, el diario La Capital tenía una sección exclusiva de policiales que se llamaba “Sucedió en Tablada”, en ella todos los domingos contaban la “enorme delincuencia de esta zona”. Posteriormente hubo muchas noticias que seguían estigmatizando al barrio: “el barrio más peligroso de Argentina”, publicaba en 2012 un periodista que desconocía el barrio pero vendía mucho el título que le había puesto. “La Tablada, donde cada casa es un bunker”, titulaba La Nación ese mismo año. Frases como “hay un muerto por esquina” o “en ese barrio se respira terror”, fueron instaladas en la sociedad, casi como un sello que le confirma a la burguesía de Rosario que en ese barrio solo viven delincuentes y que es de ellos de quienes se tienen que cuidar.

Un barrio donde viven muchos de esos jóvenes que son la mano de obra barata de las grandes empresas, donde muchos vecinos se organizan en diferentes organizaciones sociales y asambleas para pelear contra la realidad que les toca. Tablada, uno de los lugares olvidados por el socialismo de la intendenta Fein, pero olvidado para lo que respecta a mejoras en las condiciones de vida de sus vecinos, para amparar a bandas narcos, policías asesinos y torturadores siempre están ahí.