Tras la reincorporación de siete de los diecinueve despedidos y despedidas, el Juzgado laboral N° 41 falló a favor de la la reinstalación de la delegada Alejandra Vercellino a su puesto de trabajo. Un nuevo paso que fortalece la pelea por la reincorporación de todos y todas y que sienta un importante precedente para el conjunto de las y los trabajadores del país.
Catalina Ávila @linaa_avila
Viernes 28 de diciembre de 2018 21:43
“De acá no nos movemos. Si me tienen que sacar, me van a sacar con los pies para adelante. ¡Acá no se rinde nadie!”, había dicho Alejandra poco antes del desalojo policial al acampe que mantenían las y los trabajadores de Siam. Resistieron con el apoyo de los vecinos del barrio El Fortín y organizaciones solidarias. Pero ahí no empezó la historia.
Alejandra es una de las principales referentes de la lucha contra los despidos y es una destacada activista en la defensa por los derechos de las trabajadoras. Sus compañeros y compañeras la eligieron el año pasado como delegada, aunque el sindicato no la quiso reconocer como tal, queriendo negar no solo la posibilidad de que los trabajadores elijan sus representantes, sino también que las mujeres puedan tener su propia voz en defensa de sus derechos dentro de la planta.
El 12 de noviembre Alejandra fue despedida de manera ilegal junto a 19 trabajadores más, y como producto de la enorme lucha que vienen dando con sus familias, el apoyo de organizaciones solidarias y del movimiento de mujeres, el pronunciamiento de diversos diputados y diputadas, este resultado judicial favorable se suma a las siete reincorporaciones que lograron. Se trata de un logro histórico para uno de los gremios con más despidos en los últimos años.
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Pero hay algo más: el fallo reconoce a Alejandra como delegada gremial, y ese es un enorme paso de las y los trabajadores que apunta al corazón de la burocracia de la UOM y a las entrañas de la patronal de Siam, acostumbrada a manejarse a su antojo en los marcos de la ilegalidad con el aval de los gobiernos de turno para abultar sus ganancias.
Cuando, en sintonía con el resto de los empresarios del país, Pilisar empezó a mostrar, hace unos meses de manera más descarnada, el plan que tenía para la fábrica -que terminó teniendo solamente 60 trabajadores-, y frente a la soltada de mano de la UOM, Alejandra, junto a otras trabajadoras y trabajadores, se organizaron para enfrentar los golpes de Siam y de esa manera, lograron cuatro reincorporaciones.
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Fue así como, cada vez que hubo despidos, accidentes que sufrían sus compañeros en la línea de producción, descuentos salariales, mediante asambleas autoconvocadas, organizaron distintas medidas de lucha como abrazos solidarios, trabajo a desgano, el paro de líneas enteras. Incluso llegaron a exigir al intendente Ferraresi que tome cartas en el asunto cuando la empresa empezó a realizar despidos indirectos -mal llamados “retiros voluntarios”.
Pero esto no es todo: cuando estaba adentro, Alejandra, junto a otras metalúrgicas y con el apoyo de sus compañeros varones, con quienes pasan más tiempo que el que pueden destinarle a sus propias familias, se organizaron también contra el acoso y el abuso que sufren las mujeres en Siam por parte del personal jerárquico; contra la discriminación que sienten cuando son ellas las que nunca pueden acceder a categorías aún así y todo contando con la calificación necesaria; cuando los rumores acerca de la intención de la patronal de echar a todas las mujeres de la planta porque “son las que faltan cuando quedan embarazadas o cuando sus hijos se enferman” se hicieron insoportables.
Alejandra no solamente fue echada porque defendía los derechos laborales de sus compañeros, sino también porque junto a sus compañeras denunciaba la violencia de género que se vive en las líneas de producción, en los vestuarios, en las oficinas de Recursos Humanos cuando la respuesta siempre es a favor de quienes nos violentan. Porque en su voz se escuchó el grito de todas las que nos negamos a resignarnos a la miseria y humillación cotidianas e invisibilizadas en las que nos quieren sumergir los empresarios, sus burócratas sindicales y sus políticos.
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Con sus compañeras, marcaron con su ejemplo el camino a quienes queremos #NiUnaMenos sin trabajo pero también a quienes decimos #MiraComoNosPonemos cuando nos despiden y nos discriminan, cuando pusieron en pie Comisión de Mujeres de Siam contra los despidos y la discriminación y el acoso a las mujeres en la planta.
A pesar de todo esto- y justamente por todo esto- el gigante grupo multinacional Newsan, cuyo principal accionista es Rubén Cherñajovsky, incumpliendo totalmente la ley provincial mediante la cual obtuvo la expropiación de la planta y que establecía como obligación para la empresa la generación de empleo, la echó impunemente a ella y a sus compañeros, sin causa y de un día para el otro. ¿Será acaso que pensaban que con los despidos y el hambre que sufren las familias cuando se quedan sin su sustento iban a lograr amedrentar a estos trabajadores?
“Ya éramos luchadoras que estábamos peleando adentro y ahora que estamos afuera vamos a pelear el doble”, dijo Alejandra a este diario, en una entrevista realizada hace algunos meses. Y sea como sea, lejos de esfumarse, la organización que habían conquistado cuando estaban adentro se potenció, porque no cuentan solamente con su fuerza sino con la de cientos de delegaciones obreras, estudiantes secundarios, terciarios y universitarios, organizaciones del movimiento de mujeres como el colectivo NiUnaMenos y de los vecinos del barrio El Fortín, fervientes testigos de que cuando una empresa abulta sus bolsillos lo hace a costa de dejar solamente la piel y los huesos de los barrios aledaños.
La lucha que están llevando adelante las y los trabajadores de Siam es el vivo ejemplo de que la única manera de evitar este gran saqueo que arroja a la miseria a millones y millones, es la autoorganización de las y los trabajadores, con la elección democrática de sus delegados, con sus propios métodos como la asamblea, el paro, los cortes de los principales accesos para lograr visibilizar el conflicto y la coordinación con otros sectores en lucha.
Esa unión estratégica encabezada por la clase trabajadora, su alianza con el movimiento de mujeres, las y los jóvenes estudiantes, los trabajadores y trabajadoras desocupadas y vecinos, es el germen de la fuerza a la que tanto le temen los empresarios, las burocracias sindicales y los gobiernos de turno: el gobierno de Cambiemos, pero también la mal llamada “oposición” peronista, partícipe necesaria para el desarrollo del ajuste en curso.
El ejemplo de las y los trabajadores de Siam es un jaque para este sector, que quiere hacernos creer que la única posibilidad que hay para cambiar nuestra historia es en las elecciones del año que viene, mientras continúan rosqueando en la mesa chica, garantizando las ganancias empresariales y los planes del FMI y de los especuladores financieros, mientras nosotros pagamos los platos rotos de su fiesta multimillonaria.
El fallo a favor de la reincorporación de Alejandra, un logro de conjunto de los despedidos y sus familias, es un punto de apoyo para continuar la lucha por la reincorporación de todos los trabajadores de Siam en Lucha.
Ahora, la empresa debe hacer efectivo lo ordenado por la justicia y reincorporarla. Pero ya podemos decir que es un fallo que debemos defender y del que tenemos que apropiarnos con uñas y dientes todos aquellos que nos plantamos contra nuestras direcciones sindicales traidoras, todas las mujeres que nos organizamos desde abajo por la defensa de nuestros derechos y que queremos terminar de una vez y para siempre con nuestra opresión, en todos los ámbitos de nuestra vida, todos los que enfrentamos los despidos y el ajuste, quienes nos negamos a aceptar la miseria a la que nos quieren arrojar y no queremos hipotecar nuestro futuro y el de nuestros hijos a los empresarios, para plantearnos y poner en pie una salida colectiva donde el ejemplo de Siam, que se despertó con el rostro de las mujeres, se multiplique por miles hasta lograr una fuerza invencible.