El especialista en hidráulica de la Universidad de La Plata lleva décadas alertando sobre la situación estructural de la región en la que hace dos años se vivió la peor inundación de la historia, con 89 muertos y cuantiosas pérdidas. La Izquierda Diario conversó con él sobre el estado de las obras realizadas y las posibilidades de próximos desastres.

Daniel Satur @saturnetroc
Sábado 4 de abril de 2015
La Izquierda Diario publicó hace dos días una extensa entrevista a dos mujeres que perdieron a sus padres en la inundaciónque el 2 de abril de 2013 azotó a La Plata. Allí ellas denunciaron un crimen social perpetrado por el Estado, con al menos 89 víctimas, y una perversa trama de encubrimientos en pos de “achicar” la lista de muertos y eludir responsabilidades. Y también denunciaron la falta de obras para evitar que esto vuelva a repetirse.
Pablo Romanazzi es ingeniero y docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata en el área de Hidrología. Hace décadas se dedica a estudiar la relación compleja y traumática que existe en la región entre las lluvias y el entramado urbano. Sobre todo en los últimos años, donde se vivieron tres inundaciones importantes, siendo la del 2 de abril de 2013 la más devastadora. En el marco del segundo aniversario de aquella inundación La Izquierda Diario conversó con él. Sus alertas de años anteriores a 2013 que no fueron escuchadas o, siendo escuchadas, no fueron atendidas. Las obras que se hicieron o no desde entonces. Las posibilidades de próximos desastres. Y una denuncia al Estado en su conjunto por el desprecio a la vida humana, sobre todo de los más pobres.
Lo singular de estas tormentas es que se dan con intensidades muy altas, durante períodos muy prolongados y sin amainar. Y eso termina resultando devastador para una urbe donde prácticamente todo lo que llueve se convierte en una correntada superficial provocando una crecida.
Pero obviamente con mirar solamente a las tormentas en particular no alcanza, ya que eso es sólo una componente del tema, esas serían las amenazas. También tenemos que darle lugar y estudiar la cuenca que recibe ese caudal de agua.
Es importante que todos sepan estos datos, ya que la desinformación deja un campo propicio para que otros puedan hacer lo que quieran. Este es un problema grave que no sólo tiene La Plata sino todos los conglomerados urbanos del país y al que no se puede soslayar y mirar para otro lado.
Después de la tormenta de 2002 se nos encargó un estudio para dar un diagnóstico con el que encarar una solución. En ese momento preocupaban los daños materiales que dejaba la inundación en zonas como Ringuelet y Tolosa, que forman parte de una especie de olla natural. Pero no habíamos tenido todavía víctimas fatales y menos en la escala que tuvimos hace dos años.
Después de cinco años de trabajo, en 2007 entregamos los resultados. Y apenas asumida la actual gestión municipal (de Pablo Bruera, Nd), vino la tormenta e inundación de 2008. Ahí dijimos a todo quien quisiera escucharnos que había que hacer algo. Ya teníamos disponibles los mapas de inundación de la ciudad, pudiendo determinar cuáles son las zonas críticas y hasta predecir dónde va a llegar el agua en cada esquina de la ciudad, e indicando cuáles son los lineamientos de obras que había que hacer.
Lo único que sabemos es que el municipio cuando recibió el estudio lo derivó a la Dirección Provincial de Hidráulica, porque son quienes tienen poder de policía en la materia. Y que entre 2008 y 2010 se licitaron proyectos de ingeniería para abordar las obras que habíamos recomendado. Pero de 2010 a 2013 no se avanzó más y así llegamos a la inundación del 2 de abril.
Básicamente son obras destinadas a aumentar el ancho de las canalizaciones troncales a cielo abierto y algunos derivadotes, como para interceptar los escurrimientos que vienen de la periferia y poder sacarlos directamente hacia e Arroyo El Gato. En la zona norte del partido se empezó a ensanchar los causes de los arroyos naturales. Hay ensanchamiento en algunas zonas del Arroyo Maldonado también. En definitiva se trata de dotar al sistema troncal de evacuación de una capacidad mayor.
Y lo que decimos es que en realidad estas obras vienen a actualizar algo que se tendría que haber hecho hace tres décadas por lo menos. Con estas obras nos estaríamos de alguna manera poniendo al día. Y cuando se terminen habrá que seguir, apenas lo que terminaría es una etapa. Porque estos problemas son de carácter permanente.
Pero la cualidad más importante de las obras no es esa, sino que el agua se hubiera retirado en la mitad de tiempo. La inundación del 2 de abril duró, en promedio, alrededor de 13 o 14 horas. Si esas obras hubieran estado terminadas la inundación hubiera durado entre 6 y 8 horas, con todo lo que eso significa a nivel estructural y de vidas humanas. Ante la falta total de preparación a nivel jurisdiccional, la única forma de rescatar a una persona de edad avanzada que había quedado atrapada en su casa era si la familia o los vecinos se acercaban al lugar. Y ahí no es lo mismo resistir 6 horas o pasar toda la noche esperando ser rescatado. Hay casos que sabemos de gente que resistió durante gran parte de la noche pero que no llegó hasta la mañana siguiente e incluso de gente que quiso cruzar las correntadas para ir a rescatar a alguien y murió en el intento.
Y yo no veo que se esté actuando en la otra faceta de este tipo de problemas, que es tener un sistema de alerta, un plan de contingencia y tener bien organizada la emergencia. No lo veo ni a nivel municipal, ni provincial ni nacional.
Y hay ejemplos concretos que demuestran esto. A nivel municipal hubo un despilfarro de compras de vehículos que, teóricamente, son para “cuidarnos” (para la Policía Comunal, NdR). Yo me pregunto dónde van a meter esos vehículos cuando venga una inundación de 1,90 de profundidad. Y sin embargo con el valor de uno o dos de esos autos se puede comprar el instrumental para tener un buen sistema de alerta que diga por ejemplo, aún cuando se está produciendo la tormenta, si va a ser severa o no. Y eso serviría mucho para llevar calma a la población, primero, pero también para permitir tomar decisiones sobre evacuación en zonas críticas con avisos tempranos a esa misma población. Bueno, ese sistema de alerta no está.
Tampoco veo que haya trabajos a nivel barrial donde se lleve un censo acabado para saber bien dónde están las personas discapacitadas, las personas de edad avanzada, las familias con niños, etcétera. Sobre todo en aquellas zonas críticas donde la vivienda se resuelve sólo en planta baja. Las asambleas de vecinos mantienen el tema vigente y la preocupación latente, pero a nivel de gobierno eso no se ve. Pareciera que otros temas y otras necesidades van tapando esto.
Hay cosas que ni siquiera cuestan plata. Por ejemplo publicar un mapa donde se diga que determinadas trazas de la ciudad, que son la vía de evacuación natural del agua, no deben transitarse si hay una inundación. O planificar un sistema de emergencia por el cual el transporte público, en una situación así, se pone al servicio del rescate de personas.
Por eso primero hay que asumir que La Plata es una ciudad inundable. Tuvimos que tener una tragedia como la del 2 de abril, con tantos muertos, para darnos cuenta de que el tema es grave.
Yo pienso que muchos funcionarios políticos que tienen esa responsabilidad, cuando tienen que justificarse por lo que no hicieron razonan diciendo “qué culpa tengo de tener tanta mala suerte”. Una respuesta que no puede estar en boca de quien tiene a cargo toda una ciudad.
Con lo cual si la tendencia fuera a eliminar pulmones de manzana y los espacios donde puede acumularse agua, el día de mañana si tuviera una lluvia como la que tuvimos pasaríamos de tener, por ejemplo, 1,50 de inundación a 2 metros.
Si se hiciera un análisis de conjunto no debería haber excepción que valga, sobre todo con estos antecendentes.
Pero esto también debería ser visto como una oportunidad de hacer una ciudad mejor, innovando a nivel arquitectónico y reurbanizándola. Tenemos una ciudad universitaria, centro de materia gris y de desarrollo de ideas. La Plata es cuna de la investigación en hidráulica junto con Santa Fe. ¿Cómo no vamos a poder resolver este problema?
Sin dudas tenemos un problema grave y los que han sido responsables de lo que pasó tendrán que pagar sus culpas. Pero también pensemos en el futuro y en cómo podemos transformar una ciudad que se inunda en una ciudad mejor y más linda.
Nos quisieron decir que en la última década se nos fueron solucionando todos los problemas. Pero claramente en temas de infraestructura no tenemos nada solucionado, estamos en pañales. Las cosas más elementales no las tenemos. Con todo lo que falta hacer y con lo que hay que mantener ya tendríamos trabajo para todos los argentinos.
Tras la conversación con Romanazzi sólo resta recordar que desde el año 1991 la ciudad de La Plata es gobernada por el mismo personal político, sin solución de continuidad. El actual ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Julio Alak, fue el dirigente menemista y duhaldista que estuvo al frente de la intendencia entre 1991 y 2007. Y desde entonces la Municipalidad está manejada por su hijo político, Pablo Bruera. Los “responsables de lo que pasó”, como dice el ingeniero Romanazzi, son personajes conocidos que, hasta el momento, siguen detentando el poder como si nada hubiera pasado.

Daniel Satur
Nació en La Plata en 1975. Trabajó en diferentes oficios (tornero, librero, técnico de TV por cable, tapicero y vendedor de varias cosas, desde planes de salud a pastelitos calientes). Estudió periodismo en la UNLP. Ejerce el violento oficio como editor y cronista de La Izquierda Diario. Milita hace más de dos décadas en el Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) | IG @saturdaniel X @saturnetroc