Como anuncian distintos medios locales la ex presidenta visitará el barrio Mosconi y realizará un acto en el Teatro municipal. Carta de un profesor desde uno de los barrios más pobres de Ensenada.
Ezequiel Castro Delegado Suteba Ensenada
Miércoles 17 de agosto de 2016
Trabajé como docente en la escuela secundaria de Mosconi, uno de los barrios más pobres de Ensenada, durante el último periodo presidencial de Cristina. Desde el patio de la escuela se podían observar las llamas humeantes de las chimeneas de la destilería de YPF, que desde hace décadas contaminan el barrio. Así como también las pequeñas canaletas de aguas verdes, verdaderos desagües tóxicos. El olor a químicos hay días que es insoportable, y se suma a un paisaje de casas precarias, pocas calles asfaltadas, muchas carencias y pocas soluciones de fondo.
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En las fábricas contaminantes de la zona como Copetro, YPF y Siderar realizan trabajos precarios e insalubres la mayoría de los padres de los jóvenes que asisten a la escuela. Otros tantos trabajan en las cooperativas cobrando salarios que apenas les alcanzan para subsistir o se la rebuscan como pueden para sobrevivir. Ensenada es parte de una Argentina que para el año 2014 contaba con un 33 por ciento de trabajadores en negro, cuyos salarios son 60 por ciento más bajos que los salarios de los obreros registrados. En el caso particular de Ensenada el porcentaje de trabajadores en negro es importante, pero también existen diversas formas de precarización laboral que condenan a los trabajadores a la incertidumbre, inestabilidad y diferenciación salarial. Los contratos temporarios "legales " y las tercerizaciones en las grandes empresas, garantizan enormes ganancias para los empresarios y ritmos de trabajo agobiantes para los trabajadores. Los y las trabajadoras de las cooperativas a pesar de estar registrados, lo hacen bajo condiciones precarias atando su suerte a los vaivenes de las decisiones del personal político municipal. Sus salarios apenas superan la línea de pobreza y las condiciones de trabajo se realizan en situaciones de extrema precariedad.
En nuestro país el 59 por ciento del trabajo en negro o bajo contratos basura es realizado por la juventud. En los colegios secundarios de Ensenada vemos como los alumnos, impulsados por la necesidad, dejan la escuela para terminar como mano de obra barata reclutada por estas mismas empresas. O sumergidos en las distintas “economías del delito”, a merced de la represión policial y la discriminación social. En este contexto las escuelas terminan cumpliendo un papel de contención social con infraestructuras que se caen a pedazos y con comedores que apenas alcanzan para brindar un plato de comida escueto y poco nutritivo.
En el barrio Mosconi, como en tantos otros barrios del país, esta situación fue parte de la realidad de la “década ganada". Esta herencia del gobierno anterior, es decir, la enorme fragmentación de la clase trabajadora bajo condiciones de precarización, es utilizada por el gobierno de Macri para dividir y avanzar con despidos y suspensiones sobre el sector más vulnerable. Y claro, son los que más sienten los tarifazos, la inflación y los despidos que se dieron en la región como en el puerto Tec-Plata y en Copetro. En frente de la escuela, las colas para acceder a una garrafa con precio “social” que se fue por las nubes es cada vez más larga.
Muchos simpatizantes de Cristina y del actual intendente Mario Secco (fiel aliado del kirchnerismo desde la primera hora) nos hablan de todas las medidas positivas que se realizaron a favor de los trabajadores. El mejoramiento del alumbrado y espacio público, de las veredas y las cooperativas de trabajo serian parte de las diversas medidas que deberíamos reivindicar. Que un joven que ayer estaba desocupado y que hoy trabaja en las cooperativas valore su nueva situación es más que entendible. Pero no es aceptable que los dirigentes políticos municipales utilicen los programas de políticas laborales para hacer demagogia. Porque detrás de un discurso de justicia social se esconden manejos perversos y clientelares funcionales a los intereses de los caciques municipales.
Son muchos los que dirán que tampoco podemos pedir todo, que algo es algo, o que de última lo menos malo es mejor frente a las medidas de ajuste del Macrismo, un gobierno de los CEO´s que desde que asumió no impulsó una sola medida a favor de los trabajadores. Pero no nos confundamos. Los que realmente ganaron en el país y en Ensenada durante los gobiernos K fueron los grandes empresarios y banqueros. La lógica del “algo es algo” y del “mal menor” en un país donde un pequeño puñado de empresarios recauda millones de dólares a costa del trabajo ajeno, es funcional a mantener las cosas como están. Los trabajadores y el pueblo pobre no solo podemos, sino que debemos pedir todo; porque somos los que sostenemos el país. Volver al mal menor solo puede terminar en nuevos males mayores para los trabajadores. La clave para enfrentar al gobierno de Macri y sus medidas de ajustes está en la más amplia unidad de los trabajadores y el pueblo, organizándonos de manera independiente de los partidos patronales y de los políticos que gobiernan para los empresarios.