×
×
Red Internacional
lid bot

Mendoza. Salud mental y cuarentena en San Rafael

La pandemia nos hizo replantearnos cuestiones sobre cuidados de la salud, pero en muchas ocasiones la salud mental no se tiene en cuenta.

Martes 14 de julio de 2020 14:54

Si bien el año pasado, en plenas elecciones, Cornejo anunció con bombos y platillos la inauguración del Área de Salud Mental del Hospital Schestakow, la realidad de lxs trabajadorxs y pacientes deja mucho que desear. En las últimas semanas vimos las protestas de trabajadorxs de la salud que reclaman el pago de aguinaldo y condiciones laborales dignas.

¿Qué pasa con lxs pacientes?

Desde la medida de aislamiento social obligatorio, medida tomada sin acompañarla por otras esenciales como testeos masivos, mucha gente ha comenzado a sufrir subjetivamente debido al encierro. Esto no hace más que acrecentar los problemas de salud mental de las personas, fundamentalmente de lxs jóvenes.

En San Rafael, quienes somos jóvenes somos los que más padecemos la incertidumbre laboral y académica. Si bien el intendente vende al departamento como un centro educativo, donde vienen muchxs estudiantes de distritos, de otros departamentos e incluso de otras provincias, la otra cara son carreras con cuotas altísimas, alquileres e impuestos que es imposible pagar si no tenés ayuda de tu familia o haces malabares para laburar y estudiar a la vez. Con el inicio de la cuarentena muchxs pibxs quedaron varadxs en San Rafael, lejos de sus familias, viviendo solxs y sin saber cuándo volverán a sus actividades cotidianas. A esto se le suma la precarización laboral, somos los primeros en ser despedidxs cuando termina la temporada y muchxs quedamos sin trabajo con la pandemia.

Quienes estamos realizando tratamientos nos sentimos totalmente desamparadxs, ya que muchxs necesitamos seguimiento y acompañamiento, pero desde que empezó la cuarentena, la salud mental dejó de ser una prioridad para el estado y muchos psiquiatras dejaron de dar turnos, lo mismo ocurrió en el hospital donde todavía no se regularizan las consultas.

En el Hospital Schestakow, desde antes de la cuarentena había solo una psiquiatra atendiendo y hoy, con el aislamiento, los que hacíamos tratamiento no podemos recurrir a consultas desde hace 4 meses

El hospital Schestakow es el único lugar al que podemos recurrir quienes no podemos pagar una consulta particular, es decir la mayoría, ya que las consultas particulares cuestan más de $1000. Aun así, en el hospital, desde antes de la cuarentena había solo una psiquiatra atendiendo y hoy, con el aislamiento, los que hacíamos tratamiento no podemos recurrir a consultas desde hace 4 meses.

La única respuesta que hemos recibido siempre que vamos a preguntar por turnos, es que solo pueden atenderte en casos de emergencia, lo que nos hace replantearnos la poca educación que tenemos como sociedad en cuanto al tema y la poca importancia que le brindamos y le brinda el estado, aun cuando la depresión es la segunda causa de discapacidad en el mundo y la segunda causa de muerte de los jóvenes es el suicidio.

Te puede interesar: Especial: Salud mental y pandemia

Entonces, ¿cuánto importa nuestra salud? ¿Nuestras vidas?

El sistema capitalista nos bombardea constantemente con el avance y las muertes por coronavirus, generándonos ansiedad, dejando a miles de personas marginadas y hacinadas en villas o directamente en situación de calle. Pero aun así va más allá y construye una brutal naturalización de la incertidumbre y nos responsabiliza de la opresión y precariedad que sufrimos, potenciándonos la sensación de fracaso y culpa si no podemos emprender, conseguir trabajo o si tenemos que depender de algunas prestaciones sociales.

La realidad es que el Estado no contempla una sola medida económica que atienda la necesidad de enormes sectores, no destina verdaderas partidas presupuestarias para refinanciar el sistema de salud y poder enfrentar esta pandemia y no solo descarga todo el peso sobre las espaldas de las y los trabajadores de la salud que empeñan su vida en los hospitales, sino que desarrolla todo un operativo ideológico que individualiza la enfermedad y desresponsabiliza al Estado, a las grandes empresas saqueadoras y a los laboratorios, verdaderos mercaderes de la salud.