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Red Internacional
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100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA.  Se llevó a cabo foro-debate por el centenario de la revolución rusa

 
Se rememoró la experiencia histórica de la Revolución de Octubre, el papel del partido bolchevique, de Lenin y Trotsky, la actualidad de la lucha contra el capitalismo en el mundo, y se debatió sobre las vías y ritmos para la construcción del socialismo.

Viernes 10 de noviembre de 2017

Con la presencia de estudiantes de la universidad y otros jóvenes, se desarrolló en la sala Simón Sáez Mérida de la escuela de Sociología de la UCV el foro-debate organizado por la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y La Izquierda Diario Venezuela para discutir a propósito de los 100 años de la revolución rusa. El ambiente arrancó con la proyección de la primera parte del documental “Ellos se atrevieron”, del grupo de audiovisuales “Contraimagen”, impulsado en Argentina por el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), partido hermano de la LTS.
 
Abrió las intervenciones el profesor e historiador Óscar Battaglini, señalando el significado de la Revolución de Octubre (noviembre según el calendario actual) como expresión máxima de ese proceso de aparición en la escena histórica del proletariado moderno y sus luchas, que había tenido su otra expresión histórica destacada en la Comuna de París. Así mismo la Revolución de Octubre como coronación de lo que no pudo alcanzarse en la anterior revolución rusa de 1905, derrotada por la represión del zarismo y la pasividad del campesinado, que no tomó parte en la revolución, quedando aislada la clase obrera de las ciudades.
 

La relación entre guerra y revolución

 
Señaló también Battaglini la relación histórica que se ha dado en muchos casos entre guerra y revolución, dando como ejemplos el papel de la derrota de Francia (en la guerra franco-prusiana) en el levantamiento que condujo a la instalación de la Comuna en 1871, como respuesta de la clase obrera y el pueblo parisino a la claudicación de la burguesía francesa ante el poder monárquico alemán; el marco de la guerra ruso-japonesa en la revolución de 1905 y, finalmente, la participación de la Rusia zarista en la Ira guerra mundial como elemento central en el desencadenamiento del proceso revolucionario que estalló en febrero de 1917 y llevó al triunfo de la revolución obrera y campesina en octubre.
 
La regresión burocrática que operó en la URSS y la consolidación del estalinismo, hasta el derrumbe de lo que quedaba de la URSS en 1989, fueron valorados por el también columnista del semanario La Razón, como una “derrota táctica, más no estratégica”, en el sentido que “la lucha por el socialismo sigue teniendo vigencia y siendo el horizonte de lucha de los revolucionarios”.
 

La actualidad de la revolución socialista

 
Ángel Arias, egresado de Sociología y ex dirigente estudiantil, militante de la LTS, desarrolló su exposición arrancando con la pertinencia de la experiencia revolucionaria rusa hoy, un siglo después, en el que “el mundo ha cambiado mucho, pero no tanto en muchos aspectos”, en referencia a la persistencia del capitalismo y los problemas y contradicciones asociados al mismo. Una sociedad erigida sobre la explotación de los trabajadores, un mundo donde grandes franjas de la humanidad –cientos de millones de personas– padecen necesidades, pobreza e incluso muertes por hambre, mientras en otro polo un puñado de capitalistas y ricos viven en la opulencia, donde el 1% más rico del planeta posee el 40% de los bienes, donde según la FAO casi 11 millones de niños y niñas mueren anualmente como consecuencia directa o indirecta del hambre, alimentación inadecuada o malnutrición… esto mientras la capacidad de producción mundial de alimentos permitiría alimentar a varias veces la producción mundial. “¿Qué está detrás de semejante contradicción, de esa realidad tan brutal e irracional?, la necesidad de la ganancia capitalista”, afirmó.
 
Problemas como el imperialismo, que se debatía inicios del siglo XX, no están tampoco superado, señaló, siendo que vivimos en un mundo donde un pequeño grupo de países impone sus condiciones económicas y militares al resto de los países, incluyendo invasiones cuando lo requieren, o humillando y condenando a enromes penurias a pueblos enteros, como es el caso reciente del pueblo griego, tan solo para satisfacer los intereses de la banca y gobiernos imperialistas europeos.
 
Planteó que se incorporan además problemas nuevos que no estaban en escena a principios del siglo XX, como la gran crisis ecológica, y que tiene en sus fundamentos también la lógica de acumulación y ganancias del capital, pues es esta lógica la que guía la manera en que se usan los recursos y el desarrollo tecnológico, sin que haya ninguna posibilidad de decidir democráticamente cómo se emplean y cómo nos relacionamos con el resto de la naturaleza, pues estas decisiones están en manos de los dueños de los medios de producción y las tecnologías, es decir, los capitalistas.
 

El poder obrero y campesino como única vía para responder a las demandas de las masas trabajadoras y pobres

 
Yendo al proceso revolucionario ruso expuso cómo había en la sociedad rusa y en sus masas trabajadoras y campesinas una serie de demandas estructurales profundas y otras acuciantes del momento, a las que no daba respuestas ni el zarismo ni tampoco la dieron los distintos gobierno que se sucedieron tras la revolución de febrero/marzo, y es la nueva revolución de octubre/noviembre, dirigida por el partido bolchevique a la cabeza de las soviets (consejos) de delegados obreros, soldados y campesinos quien da respuesta a las mismas. La tierra para los campesinos (la inmensa mayoría de la población), la superación del absolutismo y la conquista de libertades democráticas, y la paz (el cese de la participación en la guerra inter-imperialista), eran de las más profundas demandas, junto a la desesperante necesidad de “pan”, dados los niveles de pobreza, carestía de la vida y escasez de alimentos exacerbadas por la guerra.
 
Los bolcheviques alcanzaron la mayoría entre los delegados de las masas trabajadoras sosteniéndose firmes en el sostenimiento de estas demandas y señalando que solo un gobierno propio de los obreros y campesinos, un gobierno de los soviets, podría tomar en sus manos la verdadera resolución de estos asuntos. “‘Paz, pan y tierra’, fue una de las consignas claves –planteó–, muy estrechamente vinculada a la de ‘Todo el poder a los soviets’, pues la segunda era la manera de alcanzar lo primero”.
 
Reivindicó de la experiencia rusa la auto-organización de las masas trabajadoras y pobres, la existencia de instancias de democracia directa como órganos de lucha y, al mismo tiempo, base de un nuevo tipo de Estado, “un semi-Estado, al decir de Marx”; la insurrección como método para alcanzar el poder obrero, campesino y popular; el desarrollo de un programa anticapitalista para dar solución a los problemas planteados; la existencia y necesidad de un partido revolucionario, como elemento actuante en la realidad que permita llevar al triunfo la acción de los trabajadores y el pueblo pobre; y el carácter internacional e internacionalista de la lucha por el socialismo.
 
Explicó también cómo la revolución rusa trajo consigo la conquista de derechos que no se habían alcanzado prácticamente en ningún país del mundo para la época –ni siquiera los países capitalistas más avanzados y con regímenes democrático-burgueses–, como en el caso de las mujeres el derecho pleno al voto, al divorcio, al aborto, la igualdad salarial con los hombres, y del desarrollo de diversas medidas por parte del naciente Estado soviético para socializar el trabajo doméstico y liberar así a la mujer y la familia de la “esclavitud doméstica”. Lo mismo ocurrió con la despenalización de la homosexualidad, siendo el primer país del mundo en hacerlo.
 

El carácter parasitario y rentista de la burguesía nacional

 
A propósito de una pregunta desde los asistentes hacia el profesor sobre quiénes serían hoy los representantes de la burguesía nacional, el autor de El medinismo –entre otros libros–, aprovechó la ocasión para plantear cómo la burguesía nacional no llegó a alcanzar nunca en realidad el estatus de clase dirigente, en el sentido que siempre dependió de otro, del que estuviera en el control del Estado. Es una burguesía mayormente comercial y bancaria, importadora, que ha sido la manera más eficiente que ha tenido la burguesía venezolana de acumular capital, y el rentismo (petrolero) le vino al pelo.
 
Medina (Angarita) –continuó– le propuso a la burguesía un proyecto para facilitarle la renta para desarrollar la producción nacional y esta lo rechazó, se alió a Betancourt y lo derrocan el 18 de octubre de 1945. Con Chávez el rentismo se empeoró al punto de que si antes dependíamos en una relación 70-30 del petróleo, hoy de cada 100 dólares que ingresan al país, solo 3 no son petróleo.
 

Una discusión sobre la profundidad de las medidas socialistas en un gobierno obrero

 
En medio del foro se abrió un debate sobre la pertinencia o no de haber avanzando en la completa socialización de los medios de producción en la Rusia de aquel entonces, así como hasta qué punto un eventual gobierno de los trabajadores en la actualidad (en nuestro país) tendría que avanzar en ese sentido. Óscar Batagglini planteó la necesidad de una revolución encabezada por la clase trabajadora accediendo al poder, pero que no necesariamente avance en medidas como la completa expropiación de la burguesía y la socialización de las riquezas, sino que tal poder político de los trabajadores contemple la alianza circunstancial con sectores de la burguesía o la supervivencia de la propiedad privada en sectores de la economía para “impulsar el desarrollo del país, de las fuerzas productivas”, como base económica para poder resolver los problemas sociales.
 
Ángel Arias planteó que tanto en Rusia en 1917, como hoy en Venezuela, quitar de manos de los capitalistas los medios de producción era la base para la resolución de los problemas sociales. Al respecto de Rusia señaló que, “como planteaba Trotsky, la revolución obrera y socialista triunfa en Rusia no porque este fuera el país más maduro económicamente para tal revolución, sino porque ya no podía desarrollarse sobre bases capitalistas”. En el caso de Venezuela, afirmó que precisamente si hay una realidad histórica es que durante más de un siglo de era petrolera la burguesía nacional ha sido incapaz de desarrollar al país y de superar problemas estructurales como el rentismo, la dependencia y los altos niveles de pobreza.
 
El profesor Battaglini respondió que “el proletariado solo no puede resolver los problemas”, y que su planteamiento parte de la idea de la hegemonía, “como dirección ético-político del proceso, de la sociedad, en el sentido que la planteaba Gramsci”, en este caso, de la hegemonía proletaria en tal proceso. Sostuvo que “el problema es el poder, si el proletariado tiene el poder, puede hacer concesiones, definir alianzas”, explicando con esta precisión su punto de vista al respecto.
 

El chavismo como “reincidente” en la aspiración a un desarrollo burgués

 
Como no podía ser de otra manera, y tal como se asomó al principio, en esta discusión se coló la cuestión del chavismo, como proyecto que habló de “revolución” y de “socialismo”. Ángel Arias señaló que precisamente esta experiencia con el chavismo era una demostración más de que la idea de desarrollar el país y avanzar en resolver los problemas sociales en alianza con la burguesía no lleva a ningún lado, porque “si bien el grueso de la burguesía no consideraba a Chávez como su gobierno –incluso dándole un golpe de Estado e intentando derrocarlo–, el proyecto de este planteaba el lema ‘de la Venezuela rentista a la Venezuela productiva’, como proceso mediante una alianza entre el Estado –dueño de la renta petrolera– y una clase capitalista que dejase de ser rentista y parasitaria”.
 
Continuó planteando que “Chávez siempre pidió que existiese una burguesía ‘con conciencia del interés nacional’ y ‘productiva’”, y “esa aspiración, casi que ruego, a la burguesía nacional, para que por fin alguna vez deje de ser importadora y parasitaria, no lleva a ningún lado”. Se repitió la historia de fuga de dólares, alto endeudamiento nacional, y el surgimiento de nuevos ricos y burgueses favorecidos por sus relaciones con el gobierno.
 
No es que no haya habido en más de 100 años políticas para “sembrar el petróleo” de la mano de la burguesía nacional, planteó el dirigente de la LTS, por supuesto con matices y diferencias según el régimen y gobierno, siempre hubo políticas para transferir renta a la burguesía nacional, mediante créditos baratos, exenciones de impuestos, dólares preferenciales, etc., “¿y qué hizo la burguesía?”, se preguntó, “lo de siempre, seguir siendo importadora, fugar dólares, endeudar más al país con sus deudas privadas”. Así por ejemplo, “en los 80’s la deuda privada fue convertida en pública, es decir, la incapacidad de la burguesía nacional, que no pudo hacer nada con la gran renta petrolera que ingresó en los 70’s y se endeudó, se la cargaron a todo el país, al buhonero, al trabajador común, a la señora de la bodega de la esquina; Chávez reconoció esa deuda, y cuando los ingresos petroleros a mediados de esta década bajaron, comenzó el gobierno un nuevo proceso de endeudamiento enorme que nos tiene hoy ahogados, y ese alto endeudamiento avanzó a medida que avanzaba también la fuga enorme de dólares, entonces, ¿para qué era el endeudamiento?, entre otras cosas, posibilitaba la fuga de capitales por parte de la burguesía y la burocracia corrupta, porque por ejemplo si no hubiese operado esa gran fuga las necesidades de endeudamiento no serían las mismas”.
 
Concluyó planteando que si una lección había que sacar era precisamente que la resolución de los problemas nacionales pasa porque la economía deje de estar en manos de la burguesía y pase a nuevas manos, a manos de los trabajadores organizados en un nuevo tipo de Estado, como al que dio origen la revolución de Octubre, basado en organismos de democracia directa de los trabajadores y el pueblo pobre.
 

Cultura, arte y revolución

 
Una de las intervenciones del público planteó cuestiones relacionadas con la importancia de arte, la cultura popular y la creación artística en general para el desarrollo de una revolución, no entendiendo la misma como un proceso social económico. Así como la importancia de interrogarse sobre el carácter elitesco que por lo general terminan adoptando los artistas consagrados.
 
Al respecto de esta última cuestión se señaló la relación que hay entre la revolución socialista y las posibilidades de un mayor desarrollo de la cultura y la creación en manos de las mayorías, al liberar la técnica y la producción de los límites impuestos por la lógica de ganancia capitalista, permitiendo por ejemplo, una reducción importante de la jornada laboral que posibilite a los trabajadores dedicarse a cultivar otras capacidades creativas y artísticas, y no solo consumirse todo el tiempo de su vida en las labores alienantes del trabajo.
 
Concluyó la actividad con el espíritu de la necesidad de seguir discutiendo los aspectos que surgieron en este debate.